Sensaciones y sentimientos

Sociales 05 de julio de 2022 Por Redacción
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15-SENSACIONES
JUAN CARLOS MARECO. El polifacético hombre del espectáculo que marcó una época.

EL AMABLE JUAN CARLOS PINOCHO

Por Hugo Borgna

“Muy buenas buenas queridos amigos, para que tengan una mañana mejor aquí está Pinocho con un jubiloso latir de alegrías en su corazón”
Eran los tiempos en que la radio llevaba mensajes amables en las primeras horas. Algunos recordarán “Levántese contento” donde un locutor hasta llegaba a ejecutar pequeños pasajes en piano para despertar a una audiencia que no tenía ganas todavía de abrir uno de sus ojos. En esa misma línea lució Juan Carlos Mareco, quien se presentaba simplemente como “Pinocho”. Creció, sin que lo advirtiéramos, como hijo del río y la belleza: la sentida fraternidad con el elemento natural le surgía como flores sembradas en un serpenteante pentagrama.
Ese era el personaje abstracto, percibido como verdadero, que necesitaba tener un cuerpo y una voz. Hay fechas que hacen a la crónica. Nació en Carmelo (Uruguay) en enero de 1926 y comenzó su carrera en Montevideo en 1947 debutando en teatro con su propia compañía.
Viviendo en Buenos Aires, fue protagonista del cine y de programas de radio y televisión. Trabajó en España e Israel entre los años 1962 a 1965, Joan Manuel Serrat fue uno de sus amigos. De regreso a Argentina, la televisión lo tuvo como respetado y eficaz animador, habiendo recibido ocho premios Martín Fierro y múltiples distinciones, como en Estados Unidos la Palma de Oro en Los Angeles en 1979.
“La luna que es caprichosa, debe haber amanecido con ganas de untar de plata la gracia de tu vestido. Tu figura se hace fruto de noche en el naranjal, mis manos ramas y espinas para cobijártela. Que verde magia pone en tu alma el Paraná, que hasta en tus ojos se hace vida el litoral, con mi canoa serpenteando he de llegar hasta tu boca prometida en un ceibal; con mi canoa jugueteando llegaré hasta la orilla de tu amor remando así en mi chamamé. Ahí viene flotando un junco buscando morir tranquilo, se enamoró de una rosa que le enrojeció el destino, hoy ha pasado llorando desprendido del juncal, esa lágrima que lleva es mía, con él se va.”
En un momento muy avanzado de su carrera, dejó de apoyarse en el “Pinocho”, que lo había acompañado tantos años, surgido de su amigo oriental Wimpi (“…un seudónimo para trabajar como imitador en Buenos Aires puede ser “Pinocho”, no “el zorro”, porque ya lo está usando Pepe Iglesias: los muñecos que no tienen voz le roban el alma a las calandrias”).
Dejó marcas registradas en la memoria y en el afecto popular (Cordialmente, Azul quedó, sus conversaciones con el Topo Gigio), incluso en un público muy especial. Él lo cuenta así: “Un día fui a Córdoba a trabajar para niños ciegos. Habrá cosas conmovedoras, ¡pero un chiquito ciego…!, los divertí lo mejor que pude. Los chicos me rodearon y se pusieron a cantarme, ellos a mí, canciones mías de las primeras. Y yo lloraba. Ellos no me veían, claro. Cuando subí al ómnibus ya estaba convencido de que la misión mía era esa: entretener a los que les hacen falta sonrisas”
La meta ideal de cualquier artista bien puede ser crear en el público, a través del tiempo, al ser nombrado una sensación amable, compinche, alegre y principalmente, siempre divertida.
Este Juan Carlos Mareco, aquél Pinocho de las travesuras no tan lejanas del emblemático muñeco del cuento, se quedaron a vivir en nuestra memoria definitiva un 8 de octubre de 2009.
Muy buenas buenas, amigos lectores, para que tuvieran un día mejor, hemos evocado la luz y la combinación de alegría, belleza y permanencia en forma de muñeco con alma. O, si lo prefieren, de ese humano que le dio su mejor y perenne canto A una novia.
Sentimos ahora haber llegado a la parte del texto que obliga a un cierre.
Permítanos, lector sensible, ser un Pinocho total y auténtico: no nos despediremos.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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