Sensaciones y sentimientos

Sociales 28 de junio de 2022 Por Redacción
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SENSACIONES Y SENTIMIENTOS

EL DERECHO A APRENDER BIEN EL IDIOMA

POR HUGO BORGNA

En los años 50 y avanzando decididamente en los 60 era común que la lectura, principalmente de revistas de humor y actualidad, formara un tipo de persona preparada para comprender textos complejamente elaborados.
“De los visios que haiga el mas peor de todos es el de guardarse las cosa sin mirar primero lo que son, como le pasó a la tía del carbonero la que sabe cortar el enpacho de los ninios, que un día que venía en tren de lA platA, porque a burrera nadie le gana, vio un bulto pensando en ir a enpreniarlo al banco. Era un nenito de mas o meno un anio de vida, que enseguida se puso a gritar como una baca pidiendo que le dean la leche”
Carlos Warnes (el mismo que fuera autor del texto que actuaba Tato Bores), firmando como “cesaR brutO”, escribía en la emblemática “Rico Tipo” una sección con el lenguaje tal como suena, propio de un niño de siete años que hubiera recibido escasa instrucción.
Pueden imaginarse con acierto, lectores sutiles, que hubo una especie de polémica en la que, al no haber llegado la tinta al río, dio punto final la dirección de Rico Tipo (Divito) defendiendo el modo de presentar esa página de humor por surgir de un escritor reconocido con dominio profundo del idioma, ya que –sostenía- al usar ese vocabulario, propio del desconocimiento, quedaba consagrado el rico y preciso idioma castellano.
Así era. Los escolares de los 50 lo entendían así, sin necesidad de que les aclararan que se utilizaba allí un vocabulario intencionalmente incorrecto por lo que, en conjunto, se percibe el notable nivel de enseñanza media y la comprensión de textos, surgidos los dos de esa escuela primaria.
Para tranquilidad general, nadie desaprendió el uso del idioma y el hecho quedó como una anécdota pintoresca de la accidentada vida del lenguaje que, como el personaje bueno de las malas novelas, debió padecer ataques con buena intención y también de los otros.
No hace falta hacer demasiada memoria para descubrir que en todos los tiempos existieron los idiomas paralelos. Los que practicaron los que estaban terminando a ser niños, los adolescentes, los que se dedicaron a un mismo oficio o a funciones parecidas, los que practicaron un deporte que implicara construir un grupo para que sobreviva el espíritu del juego, los comerciantes o fabricantes de ropa, los creativos de la moda, los…
Sería interminable la lista que los incluya a todos, aparte de que en todos los casos se hace necesaria la base armónica para que se entiendan todos fácil y rápidamente, teniendo en cuenta que hay una gran madre –con especial facilidad de palabra- que se encarga de construir la casa común, proveyendo ladrillos de bordes conectados con precisión.
Puede llegar a decirse que algún idioma paralelo, como anticipo de un cambio fundamental, necesita la libertad para desarrollarse, pero se olvida que la palabra liberadora incluye el derecho de la enorme mayoría, esa que desea aprender el idioma tal cual es.
Necesita que se lo enseñen en las aulas de nivel inicial.
Todos tienen derecho a expresarse libremente y con palabras que no sean del idioma, pero primero se debe aprender -obviamente en la escuela- las palabras precisas, ya que usarlas arbitrariamente puede confundir modos y tiempos de verbo y desorganizar la básica oración.
Es verdad también que quienes lo quieran así, pueden expresarse en los ámbitos coloquiales de la vida usando el modo paralelo.
Lo que no podrán será pretender que lo adopten también los que eligieron expresarse del modo correcto, por considerarse dignos y sentidos herederos de la antigua y siempre vigente Academia.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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