Violencia social extrema

Editorial 24 de junio de 2022 Por Redacción
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Toda la sociedad argentina debería ir al diván en estos tiempos de relatos salvajes en el que pequeños fueguitos se encienden en todas partes por causas mínimas que, en otras circunstancias, ni siquiera justificarían una discusión. Pero hoy no estamos dispuestos a darle una oportunidad al diálogo para buscar acuerdos, en ningún nivel, ni en el del Estado ni entre la gente común. 
La semana pasada Rafaela fue noticia nacional cuando la empleada de un supermercado chino de avenida Brasil perdió el control tras una discusión con sus patrones que derivó en su despido. Argumentó que durante el lapso en el que se desempeñó como cajera cumplió otras tareas, sufrió maltratos y ante el despido reaccionó negativamente rompiendo decenas de botellas de vinos, tal como se muestra en un video que se viralizó y pudo observar todo el país. La cuestión ahora continuará en los Tribunales con denuncias cruzadas. 
Hace pocos días también hubo un caso de violencia dentro de un establecimiento educativo de nivel secundario ubicado en calle Pueyrredón. Un alumno de la Escuela Técnica al que sus compañeros le sacaban útiles escolares reaccionó con violencia al ver que su cartuchera voló por la ventana. Tomó una tijera y agredió a otro estudiante, lo que provocó una lesión.  
Un poco más atrás, pero este año, se registró un incidente similar en la escuela secundaria situada en calle 9 de Julio, donde un estudiante le aplicó un golpe de puño en la cara a otro que le había rayado la campera con una lapicera. El joven agredido sufrió un corte en el rostro. 
En ambos casos, se pusieron en marcha protocolos con sanciones pero también con la intervención de las familias y profesionales para reconducir la relación y generar instancias de diálogo para evitar que se produzcan este tipo de situaciones no deseadas. Si bien hay protagonistas en estas historias de violencia escolar, el proceso que se pone en marcha puede también ser útil para el resto de la comunidad educativa. No se trata de tapar o esconder, más allá de proteger las identidades de los chicos involucrados, sino de abrir un debate en todas las aulas sobre el caso de agresión que por rumores o información oficial todos conocen. Transparencia, sinceridad, autocrítica e implementar mecanismos para prevenir este tipo de episodios. 
Se trata de tres hechos recientes que encienden alarmas respecto al grado de violencia social que se registra en la Argentina fragmentada y en crisis permanente. En esta columna se planteó además la agresión de Tiziano Gravier Massa a la salida de un boliche en Rosario, cuando fue sorprendido por otro joven que lo golpeó en el rostro provocándoles serias lesiones. La amplia repercusión nacional por ser el hijo de una celebridad puso en debate sobre lo que sucede con los jóvenes cuando salen a divertirse por las noches. 
Pero sin duda lo más impactante de la última semana gira en torno a los hechos de Mar del Plata, que causaron la muerte de un hombre de 30 años que había celebrado su cumpleaños y además se preparaba para festejar el Día del Padre. El sábado por la noche, cuando caminaba por la calle tras la cena junto a su novia y otra pareja amiga, fue agredido con objetos que caían desde un edificio. Cuando reprocha tal actitud, los agresores descienden desde el departamento que ocupaban armados con cuchillos, atacaron a Martín Mora Negretti, quien murió a raíz de las heridas. No hay explicación para semejante bestialidad por parte de gente que cree tener permiso para matar. La vida no vale nada. 
Hacer un reproche por una mala maniobra de tránsito o porque arrojan bolsas de hielo desde lo alto de un departamento de un edificio puede costar la vida en la Argentina. A ese punto de salvajismo hemos llegado.  


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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