100 Millones de refugiados

Editorial 23 de junio de 2022 Por Redacción
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¿Qué haría usted si un buen día el ejército de otro país está a las puertas de Rafaela y comienza a atacar con la artillería destruyendo algunos objetivos puntuales de la ciudad, pero con la amenaza de ingresar de un momento a otro con soldados dispuestos a todo sin respetar derechos básicos, humanos? El miedo es la primera reacción pero después no hay que paralizarse sino buscar un lugar seguro o abandonar todo, la vida que hasta ese momento tenía, para iniciar un éxodo como refugiado sin saber qué puede pasar, sin tener nada. Porque la casa ya no está, el trabajo tampoco ni la escuela de los hijos. Nada. Un cambio absoluto, no deseado sino forzado donde todo se tiñe de gris, sin tanto color esperanza. 
¿Qué haría usted si una catástrofe natural modifica sustancialmente las condiciones de vida en el lugar que eligió para formar una familia y ser feliz? Quizás no haya otra opción que buscar un nuevo comienzo en otro lado, sin llevarse casi nada más que una valija con la ropa. O nada si es que ese temporal destruyó lo poco o mucho que tenía. 
¿Qué haría usted si nace en una tierra sin futuro en el que la muerte es una presencia cotidiana y no puede proyectar ni lo que hará en el presente porque la violencia extrema le puede arrancar la vida de un instante para otro? Vivir con miedo, pánico, dolor todo el tiempo por lo que le pueda pasar a usted o a su gente querida. Y por eso muchas veces no hay alternativa más que huir a pesar que el recorrido tampoco ofrezca garantía alguna, como los adolescentes pobres de barrios violentos de países centroamericanos que inician la riesgosa aventura de viajar como ilegales para llegar a Estados Unidos. O los africanos que se escapan de terrenos áridos, hostiles y violentos con la meta de llegar a Europa por más que eso signifique subirse a barquitos de papel, con posibilidades de hundirse que llegar a destino, para cruzar el mar Mediterráneo. Están dispuestos a tomar el riesgo porque no hay opción. Escapan de una muerte casi segura y de un lugar sin mañana. 
Esta semana comenzó con la conmemoración del Día del Refugiado. La Asamblea General de las Naciones Unidas dispuso que, a partir del año 2001, el 20 de junio sea el Día Mundial de los Refugiados, haciéndolo coincidir con el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.​ 
En un reciente informe del Banco Mundial, se destaca que la atención mundial se ha centrado una vez más en la última crisis masiva de refugiados por lo que sucede en Ucrania tras la invasión de Rusia que desató la guerra, y las dificultades de aquellos desplazados por la fuerza a través de las fronteras internacionales. La ayuda humanitaria está fluyendo, una operación logística de enormes proporciones está en curso para recibir, procesar y apoyar a los que huyen de la guerra, y personas de todo el mundo contribuyen a dar socorro a quienes lo necesitan.
Afirma el reporte que por primera vez hay más de 100 millones de personas desplazadas por la fuerza. Esta cifra, hasta los primeros meses de 2022, incluye a desplazados por la fuerza dentro de sus propios países (personas desplazadas internamente), solicitantes de asilo, venezolanos desplazados en el extranjero y 27,1 millones de refugiados -el número más alto registrado- como resultado de la persecución, los conflictos, la violencia o las violaciones de los derechos humanos. Este récord se produce después de una década de aumento constante de las cifras que muestran que el número de personas desplazadas por la fuerza se ha duplicado en menos de una década.
Entonces, transitamos una era en la que la humanidad no se cansa de aplaudir progresos a partir del desarrollo de la tecnología. Pero también un tiempo de aparente deshumanización. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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