Todos quedamos un poco “rotos”: la salud mental en la era post Covid

Locales 21 de junio de 2022 Por Redacción
Los niños y los ancianos, los más afectados tras el confinamiento y la pandemia. "Yo creo que hemos recibido un shock, y cada uno lo asumió como pudo", sostuvo el Dr. Alejandro Ruiz Díaz.
10-Alejandro Ruiz Díaz final

Por Giselle Locatelli

"Yo creo que el post Covid no terminó de armarse todavía. Ya tenemos consecuencias pero no las tenemos todas. Algunas van a aparecer a largo plazo. Las consecuencias no son iguales para los distintos grupos etáreos, no son iguales para los distintos estilos de vida. Yo tengo por ejemplo pacientes que sufrieron el fuerte impacto de la soledad durante la pandemia, y conozco personas que se preguntan cuándo será la próxima pandemia porque 'a mí me encanta estar sola mirando películas en mi casa', te dicen. Es decir, el impacto es diferente. Hay efectos que son muy visibles: la gente se queja, pide ayuda. Hay otras marcas que son a nivel inconsciente y la gente no se da cuenta de lo que está sufriendo. Se deshilacharon las ya deshilachadas relaciones sociales, los vínculos entre las personas se hicieron más difíciles". Así comenzaba nuestra charla con el Dr Alejandro Ruiz Díaz, reconocido médico psiquiatra de Rafaela, sobre la otra pandemia, más silenciosa, que comprende la salud mental.
-¿En el consultorio, qué es lo que se está viendo?
-Se detectan aumentos de cuadros como la depresión, los ataques de pánico, los síndromes de estrés post traumático, el muy ya presente síndrome de Burnout, donde la persona quiere escaparse de su oficina porque siente que “se le incendia”, ya no puede volver al trabajo, se le queman los papeles y también vemos mayor consumo de sustancias medicamentosas y no medicamentosas. En todos lados lo que vemos es el incremento muy notable de la consulta, muy notable. Yo tengo pacientes que no se animan a salir de la casa, tengo gente de home office que no puede volver al trabajo, tengo gente de universidad que no puede ir a cursar, tengo niños depresivos, niños con aumento de problemas de conducta, fuera de la casa, pero no en la escuela. Por ejemplo, en los clubes, en los deportes, es como que el impacto fue bastante global y por eso digo que no se terminó de medir y dimensionar.
-Usted dice que las consecuencias de la pandemia no son iguales para todos, ¿a quiénes pudo haber afectado más?
-Los cuadros clínicos están bastante detectados entre trabajadores de salud, pero por ejemplo, en ancianos han aparecido con frecuencia la depresión, los temores, el aumento de sensaciones de soledad, y son secuelas que permanecen porque quedan formando parte después de posibles fobias, temores que ya quedan más fijos en las personas. En los niños por su parte, hay una cuestión que muchas familias en la pandemia y en la convivencia obligada la pasaron mejor, porque antes tenían una vida muy poco compartida y durante el confinamiento tuvieron más tiempo juntos y lo disfrutaron. Pero tantos otros tuvieron situaciones de aumento de conflictividad y violencia familiar, los chicos sufrieron todo eso. Lo otro es el niño en relación a lo educativo, donde creo que es uno de los lugares donde más se profundizaron las diferencias.
-¿Cómo es eso?
-No es lo mismo un niño que tiene una casa con cuatro computadoras, WiFi, padres que pueden socorrerlo, que están con él, y otro niño que no tiene ni computadora, ni WiFi, ni teléfono. Entonces en ese ámbito hubo acciones heroicas de muchos docentes que trataron de compensar eso, pero eso se pudo suplir hasta cierto punto. Y hay toda una problemática nueva. Uno está siete años en la escuela primaria y sueña con la colación de grados y el viaje de séptimo. Y bueno, hubo dos promociones que no lo van a tener en su vida. Y después quienes empezaban la secundaria: una nueva etapa, nuevos amigos, nueva escuela, y esos chicos entraron a la escuela directamente en tercero. Y son pérdidas, las chicas que cumplieron 15 años y soñaban con la fiesta pero no la tuvieron, y sumale a eso cuánta gente no pudo duelar.
-¿A qué se refiere?
-Cuando uno está en una sala de velatorio con un féretro en el que hay un familiar, el ser humano necesita eso: verlo, sí , lo vi, está ahí. ¿A vos no te pasa?. que de pronto hace mucho que no ves a alguien y te dicen, pero "si falleció"...Y no podés mantener la cuenta de quién se murió y quién no, porque no lo pudiste registrar. Y hay duelos que están mal hechos. Los duelos mal hechos traen otras cosas, traen otros síntomas, otros sufrimientos, yo creo que pasa por todo eso, pero a la larga se van a estar instalando otras cuestiones. Hay chicos que les cuesta salir de la casa a la escuela porque se acostumbraron, en base a su psicología personal, a que se sentía más protegido en su casa con la compu. Y eso se suma al ya dificultoso relacionamiento entre adolescentes. Nosotros hemos visto en las últimas décadas que los chicos cada vez hablan menos y escriben menos. Y esto lo profundizó, la dificultad en la comunicación entre ellos.
-Y la necesidad de la virtualidad aumentó el lugar que le damos a la tecnología en nuestras vidas, ¿Cuánto afecta este consumo nuestra salud mental?
-La tecnología es un hábito y una dependencia al mismo tiempo, la necesitás cada vez más pero a su vez después no la podés soltar. Y la vida no es una computadora. El confinamiento agravó todo lo que tiene que ver con los afectos que necesito recibir, con lo que es sano que yo aprenda a dar, con la comunicación que me vincula a otros seres de una manera real. Porque yo en la computadora puedo hablar y poner una foto que no es mía. Y es en la cara donde te veo los gestos, en el frente a frente, todo eso se ha empobrecido. Hasta el idioma se empobrece, porque con las máquinas nos mandamos figuritas y abreviaturas. Y aumenta el malentendido, la posibilidad de sacar todas las angustias y los miedos afuera con la palabra se empobrece. Es muy complejo. Yo creo que hemos recibido un shock, y cada uno lo asumió como pudo.
-¿Qué podemos hacer para contrarrestar estas consecuencias y sumar bienestar a nuestra salud mental?
-Hay que tener una actitud pro activa, no pensar que se va a solucionar solo, no pensar que la evolución de los cuadros van a pasar solos. No nos asustemos tampoco porque todo se va a volver crónico y se va a complejizar. Pero, por un lado, se necesita ayuda específica en algunos casos, psicólogo, psiquiatra. Pero mantener una actitud activa frente a esto significa hablarlo: hablarlo en comunidad, hablarlo en los grupos, hablarlo en familia o con amigos, ver cómo hizo uno, cómo hizo el otro, ver cómo compartir esto. Hay que moverlo a esto, porque así vamos a encontrar cómo lo solucionó un amigo, cómo lo está sufriendo otro de nuestros afectos. Ese intercambio que va y viene va limpiando, va sanando, va generando riquezas. En una palabra, así como en sociedad tratamos de enfrentar la enfermedad, ahora como sociedad tenemos que elaborar la salud otra vez. La salud siempre es un estado de elaboración, individual y colectivo, entonces mantengamos lo más que podamos nuestros afectos, nuestros vínculos, hablemos mucho del tema, leamos cosas, no naturalicemos lo que hemos perdido o lo que estamos perdiendo.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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