La flexibilidad de la palabra

Editorial 17 de junio de 2022 Por Redacción
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La violencia sin sentido es inaceptable, genera indignación, bronca e impotencia, aunque también puede causar una reacción positiva que derive en un acto de justicia a través de la condena de quienes rompen las reglas. Tan simple como que el que las hace, las paga. El que hace trampa no tiene premio, como se cree que sucede en esta maltratada Argentina del siglo 21 en la que todo cuesta demasiado. 
El Caso Gravier ocurrido en una golpeada ciudad de Rosario pone en evidencia no solo el opaco rol que cumple el Estado sino también el nivel de violencia que echó raíces profundas en la sociedad, donde continuamente se producen escenas que nos remiten a relatos salvajes, la película argentina que simboliza ese estado de ánimo cercano a explotar, a perder el control por una infracción de tránsito o un lugar en una fila de supermercado. 
Todo depende del cristal con el que se miren las cosas, aunque a veces no todo es lo que parece. A la salida de un boliche rosarino, un joven le pegó sorpresivamente a otro provocándole una seria lesión en la mandíbula. En ese momento, no conocía a quien había atacado, pero con el correr de las horas se confirmó que la víctima era hijo de una figura muy popular como la ex modelo Valeria Mazza, lo que dio repentina y enorme visibilidad al asunto. Que no fue una pelea sino un ataque directo, de un solo golpe que hizo grave daño que para su reparación requirió, hasta el momento, dos intervenciones quirúrgicas. 
Con mesura, Mazza y su esposo Alejandro Gravier no buscaron usufructuar su fama para victimizar a su hijo y buscar una eventual revancha sino que adoptaron una posición ciudadana responsable, lamentando la agresión y al mismo tiempo exigiendo que actúe la justicia. Claro que lamentaron el golpe artero pero también plantearon la necesidad de alentar una reflexión social sobre lo que sucedió con la esperanza de que no vuelva a suceder. Muchas veces este tipo de situaciones tienen finales trágicos. Por ahora, los atacantes quedaron detenidos, un buen comienzo más allá de las quejas de su abogado y de sus familiares. Como apunte, se entregaron pero no el mismo día de la agresión sino cuando se vieron acorralados por haber sido identificados y tras allanamientos. 
La dimensión del caso Gravier, entonces, puede ser útil para abordar en forma sostenida el tema de la nocturnidad y sus problemas asociados, primero con un diagnóstico, después con un plan de acción que busque pacificar la noche.  
El tiempo pone cada cosa en su lugar. Quienes fueron adolescentes hace 30 años hoy son padres de jóvenes que comienzan a salir a la noche con amigos del barrio, de la escuela o del club en busca de diversión. Y cada vez que los chicos salen, madres y padres duermen con un ojo abierto -ahora entienden a sus progenitores-, intranquilos. Hay una sensación de que la noche es un lugar difícil. No duermo hasta que vuelven, es la frase compartida por las mamás cuando sus hijos salen a divertirse. 
Se rescatan declaraciones de Gravier padre, cuando aseguró que los chicos hacen lo que sus padres. Por tanto si se predica con el mal ejemplo, no habrá que ilusionarse con una sociedad mejor. La verdad que el ejemplo que recibimos todos es un ejemplo de agresión verbal permanente, sostuvo el empresario. 
Para el final, el abogado de los dos agresores del chico Gravier dijo la semana pasada, tras la audiencia en la justicia, que hubo una pelea. No tiene en cuenta la contundencia de la imagen de video que retrata el ataque, no la pelea. En nombre del derecho a la defensa se ejerce una presión sobre las palabras al punto que se distorsionan sus sentidos. Los agresores, y sus padres, pidieron perdón. Es lo que cuenta en un país en el que muchos no se hacen responsables por sus delitos. 





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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