Excavación de Fiona

Sociales 12 de mayo de 2022 Por Redacción
El ejemplar bautizado “Fiona” es una hembra preñada de 4 metros de largo de entre 129 y 139 millones de años del Cretácico temprano. Fue descubierta, en 2009, por la paleontóloga magallánica Judith Pardo Pérez, investigadora del Centro de Investigación GAIA Antártica de la Universidad de Magallanes (UMAG). La excavación en el campamento glaciar estuvo a cargo del argentino Jonatan Kaluza, técnico paleontológico de la Fundación Azara - CONICET y del paleontologo Héctor Ortíz, de la Universidad de Chile (Chile)
EXCAVACION

Después de 31 intensos días de expedición en la zona del Glaciar Tyndall de la Patagonia chilena, el equipo científico liderado por la paleontóloga Judith Pardo Pérez logró desenterrar a “Fiona”, el fósil completo de una ictiosauria adulta con sus embriones intactos. La compleja logística, las dificultades de acampar y moverse en un sitio pedregoso, y las condiciones climáticas extremas, hicieron de esta travesía un desafío casi titánico.
La expedición paleontológica realizada entre marzo y abril de este año, que tuvo una pre campaña al lugar en octubre de 2021, consiguió excavar a la única hembra preñada de entre 129 y 139 millones de años del Cretácico temprano, registrada y extraída en el planeta.
“’Fiona'' tiene cuatro metros de largo y se encuentra completa, articulada y con embriones en gestación. En ese sentido, su excavación aportará información relativa a su especie, a la paleobiología en torno al desarrollo embrionario, y a una enfermedad que afectó durante su vida”, explica la paleontóloga Judith Pardo Pérez, informando además que, al hito de la ictiosauria, se suma el descubrimiento de 23 nuevos especímenes, llegando a tener, a la fecha, casi un centenar de ejemplares en esta localidad chilena, lo que la convierte en el depósito de ictiosaurios de edad cretácica temprana más abundante y mejor conservado del planeta.
“Los resultados de la expedición cumplieron con todas las expectativas, y aún más de las que se esperaba”, afirma la científica, precisando que, de estos registros fósiles, “esperamos obtener resultados sobre la diversidad, disparidad y paleobiología de los ictiosaurios de la localidad del Glaciar Tyndall, establecer grados de madurez ósea y nichos ecológicos para evaluar posibles transiciones dietarias ocurridas a lo largo de su evolución y que podrían ayudar a establecer conexiones paleobiogeográficas con ictiosaurios de otras latitudes”.
Los ictiosaurios fueron reptiles marinos que vivieron en todo el planeta durante la era del Mesozoico, entre 250 a 90 millones de años atrás. Tenían dos aletas anteriores y dos posteriores, una aleta caudal y una dorsal. Su cuerpo tenía forma de atún, similar a los delfines actuales. Poseían pulmones, eran vivíparos y son considerados los animales que alcanzaron el mayor grado de adaptación al medio marino.
“Fiona”, en particular, fue descubierta por la doctora Pardo el año 2009 durante el último día de campaña de una expedición paleontológica al Glaciar Tyndall que fue financiada, en esa oportunidad, por el gobierno alemán mientras desarrollaba su tesis de doctorado en la Universidad de Heidelberg.
El material recientemente excavado, se preparará en el laboratorio de paleontología del Museo de Historia Natural de Río Seco, en Punta Arenas, en donde quedará almacenado, temporalmente, para su posterior exhibición.


Trabajo de campo al extremo

La zona de estudio paleontológico del Glaciar Tyndall se encuentra a 24 kilómetros del último acceso en vehículo. Para llegar a este lugar, se debe realizar una caminata de 8 a 9 horas desde el sector Grey en el Parque Nacional Torres del Paine. Esto hace que las campañas de terreno sean largas, con una permanencia de entre tres semanas hasta dos meses en la localidad, acampando en carpas y utilizando caballos para poder transportar los materiales de campamento y provisiones a ocupar durante la estadía de todas y todos los miembros de la expedición. Para esta campaña en específico, se invirtió en un hangar para trabajar protegidos del viento, de la lluvia y de la nieve y, también en maquinaria y herramientas de excavación para un terreno extremadamente duro. Debido al peso de toda esta carga y a la complicada accesibilidad -que involucra técnicas de escalada y caminata de una hora por las rocas hasta el sitio de excavación-, se contó con un servicio de helicóptero para el transporte de los materiales y de la ictiosauria excavada.En paralelo, igualmente, se recibió el apoyo la alcaldesa de la Ilustre Municipalidad de Torres del Paine, Anahí Cárdenas, quien facilitó el uso de un camión pluma para trasladar los materiales vía terrestre y después a la ejemplar recuperada, hasta el Museo de Historia Natural de Río Seco en Punta Arenas (400 kilómetros de recorrido, aproximadamente).Pero la excavación, fue lo más duro. Héctor Ortiz y el argentino Jonatan Kaluza, técnico paleontológico de la Fundación Azara se hicieron cargo de esta tarea, siendo los únicos que realizaron campamento glaciar durante el mes de terreno. Allí, pudieron evidenciar el carácter extremo y complejo de esta operación. “La roca del afloramiento es tan dura que no se logra excavar con un combo, cincel y brocha, debiendo cortar, perforar y quebrar bloques con herramientas diamantadas y de alto calibre”, señaló Ortiz, a lo que Kaluza agregó: "Esta es la excavación más dura que he tenido en toda mi carrera”, enfatizando que “esta localidad  fosilífera en la Patagonia chilena es excepcional, y es extremadamente importante continuar con el apoyo del gobierno chileno para continuar investigando y protegiendo este valioso patrimonio".

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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