“Es habitual que las víctimas de bullying no expresen malestar ni delaten a los acosadores”

Locales 09 de mayo de 2022 Por Redacción
Argentina se encuentra entre los países con más casos de acoso escolar en el mundo. Sobre este tema entrevistamos a la psicóloga Milena Rossi, quien nos brindó información muy valiosa como las señales a las que deben estar atentos padres y docentes.
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Por Silvia Ibarra

Según los datos difundidos por la ONG Bullying sin Fronteras, siete de cada diez niños, niñas y adolescentes en la Argentina sufren acoso en entornos escolares. Asimismo, advirtió que en el último año los casos de maltrato escolar en nuestro país han aumentado. El incremento ha sido del 20 por ciento con respecto al último informe realizado en 2019. Además, la organización no gubernamental remarcó que la Argentina se encuentra entre los países con más casos de bullying y ciberbullying en el mundo. Estos datos fueron brindados esta semana por la ONG con motivo de conmemorarse, el pasado 2 de mayo, el Día Internacional contra el Bullying y el Acoso Escolar.
Por otra parte, en el último tiempo, han adquirido relevancia diferentes casos de acoso escolar. A nivel internacional, Drayke Hardman, un niño de 12 años de Estados Unidos, se quitó la vida tras sufrir durante más de un año de acoso escolar en su colegio de Utah. En nuestro país, se ha viralizado un video de una niña de 6 años de Mendoza que llora y cuenta el hostigamiento que padece. Otros casos cobraron relevancia ya que los padres cansados de no recibir respuestas o colaboración por parte de la institución educativa reaccionaron de la peor manera ante los agresores. Uno de ellos, en la localidad bonaerense de Llavallol, amenazó de muerte al agresor de su hija y otro, en la localidad de Rawson, golpeó a las dos agresoras de su hija.
Al respecto, conversamos con la psicóloga Milena Rossi, quien respondió a nuestras preguntas y nos brindó información de interés sobre este tema.
-¿Qué es el bullying? ¿Cuáles son los diferentes actores?
-El bullying o también llamado acoso escolar es un comportamiento que implica algún tipo de maltrato verbal, físico, psicológico o de cualquier índole social de un menor hacia otro en el ámbito de la escuela. Algunos niños son muy crueles y tienden a excluir o aislar socialmente o hablar mal o incluso pueden llegar a la agresión física sobre otros pares. El hostigamiento tiene que ser intencionado y continuado; no debe confundirse con un problema puntual entre los niños en edad escolar. Tiene que haber una simetría de poder donde hay otro que ejerce el control sobre ese niño que es una víctima. Participan 3 actores, el agresor, la víctima y el espectador. La víctima es aquel que sufre las agresiones, generalmente es una persona tímida, insegura y menos fuerte físicamente. En la mayoría de los casos hay una excesiva protección por parte de los padres, esto genera que el niño no sepa defenderse o de qué manera resolver las cosas por sí mismo. El agresor es el que ejerce la violencia y provoca esta simetría de poder sobre la víctima. Suelen ser niños físicamente fuertes, más dominantes, impulsivos, por lo general establecen relaciones poco asertivas con los demás y a veces son poco empáticos. El tercer actor, el espectador, generalmente es un compañero que presencia esas situaciones de intimidación, de violencia. Puede reaccionar de distintas maneras, aprobando esas situaciones, reprobándolas o bien negándolas, va a depender del niño y del contexto.
-¿Llegan casos a tu consultorio? ¿Cómo lo trabajás?
-En el último tiempo han llegado varios casos al consultorio. Se busca dar acompañamiento y herramientas al niño y a sus padres, y lograr la intervención de la escuela, lo cual es sumamente importante. Lo que tenemos que lograr es fomentar la educación emocional del niño brindándole estrategias y herramientas para que pueda comunicar esa situación que le resulta difícil y por la que se siente amenazado, que pueda defenderse y no tenga miedo de pedir ayuda. El trabajo es de manera conjunta con el niño, los padres y la escuela. En el consultorio con el niño trabajo en ayudarlo a reconocer y enfrentar la injusticia. No debe dar por sentado que esos comportamientos los tiene que tolerar, sino que debe de comprender que lo que el otro niño está ejerciendo es una situación de dominación y que él está en una posición desigual y que debe correrse de esa posición. Le explico al niño lo que es la verdadera amistad para que pueda reconocer cuando están siendo desagradables con él o están siendo manipulados. Muchas veces lo niños entienden estas conductas como algo normal o como algo que deben de tolerar para pertenecer a determinado grupo. Por ello, muchas veces, lo toleran y lo aceptan. Es sumamente importante empezar a inculcarle desde el espacio terapéutico la confianza en sí mismo. La confianza debe trabajarse siempre en los niños. Por parte de la escuela y de los padres se busca que el niño sienta un apoyo continuo, el sostén que necesita, que sea escuchado, que sepa que no está solo.
-¿El cambio de escuela puede ser una solución?
-Como la escuela es una de las partes que debe estar involucrada en este proceso de acompañamiento del niño, el cambio debería de ser la última opción a contemplar. De ninguna manera podemos arrancar por un cambio de escuela cuando el niño tiene una situación de acoso, todo lo contrario, desde el espacio institucional debe de haber un acompañamiento y un seguimiento para evitar estas situaciones. Muchas veces el cambio de escuela termina siendo en el pequeño muy desmotivante porque considera que el problema es él y puede sentirlo o interpretarlo como un castigo. Cuando el niño sufre hostigamiento hay problemas de autoestima y de confianza en sí mismo, si lo castigamos por no escucharlo esto lo va a condicionar mucho, y es probable que siga sintiendo miedo y que esto le vuelva a ocurrir.
-¿Cuáles son las recomendaciones para la familia y los docentes?
-Escuchar a nuestros hijos, que ellos puedan hablar con nosotros, que nos puedan decir que sienten, cómo se sienten. Preguntarle cuando llegan de la escuela cómo les fue. Que tengan abierta la posibilidad de dialogar sobre lo que les pasa. Muchas veces lo que hacemos es juzgarlos, por ejemplo, “te pegó, pero vos ¿qué hiciste?” es lo primero que nos sale. En realidad, tenemos que estar abiertos a escuchar y que el niño sienta que existe contención dentro del sistema familiar. La escuela debería trabajar en la prevención primaria para evitar que ocurra; es decir, buscar siempre mejorar la convivencia y prevenir las situaciones de conflicto para evitar que aparezca el fenómeno. En el caso de que ya haya algún caso de acoso escolar, escuchar a todos los participantes, pero sobre todo a la víctima que tiene mucho miedo, autoestima baja y le cuesta muchísimo comunicar. Si el docente o las figuras de autoridad de la institución niegan o minimizan la situación, más difícil le resultará a la víctima poder enfrentarlo.
-¿A qué señales deben estar atentos la familia y los docentes?
-Debemos estar muy atentos porque es habitual que las víctimas de bullying no manifiesten el malestar ni delaten a los acosadores. Por lo tanto, los papás y los educadores tenemos que estar atentos a los cambios de conducta de los niños. Aunque no siempre es sencillo percatarse de esos cambios. Se puede sospechar que un niño está sufriendo bullying, por ejemplo, si muestra cambios bruscos de humor, si de repente deja las actividades que le causaban placer, si no quiere hablar con nadie y se encierra, si en los recreos no sale o se queda solo en un rincón aislado, si el rendimiento escolar desciende, si presenta trastornos del sueño o pesadillas demasiado frecuentes y recurrentes. Otro escenario a considerar es si pone excusas para no ir al colegio o cuando tiene que ir al colegio empieza a manifestar una serie de síntomas somáticos, vómitos, diarrea, fiebre, malestar en general. Muy importante es detectar si las pertenencias, su ropa o los elementos con los que va a la escuela, regresan a casa rotas o si el menor en su cuerpo presenta arañazos, moretones, heridas. Todo esto nos puede estar dando mensajes cifrados de que el niño está sufriendo algún tipo de acoso. 
Finalmente, los padres debemos estar atentos, también, a las redes sociales porque muchas veces el acoso puede estar allí, esto es ciberbullying.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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