Congreso caro e ineficiente

Editorial 07 de mayo de 2022 Por Redacción
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La democracia argentina se apoya en el sistema republicano y la división de poderes. La consigna es procurar defender las instituciones que sustentan la organización política, social y económica del país, pero a veces las personas que ocupan roles en sus estructuras no ayudan demasiado a cumplir el objetivo. La desconfianza, entonces, se instala en la sociedad respecto a sus dirigentes por un lado pero también hacia el marco institucional. Así, la ciudadanía tiene hoy una percepción deslucida sobre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en el marco de un tiempo en el que todo se cuestiona y se pone en duda. 
En los últimos días, el foco se puso sobre la escasa productividad del Congreso, encargado de la producción de leyes. El debate siempre implica cuánto dinero por mes cobra cada legislador, cuántos adicionales tiene a disposición, cuántos asesores paga y si en esa lista hay familiares y amigos. 
La labor parlamentaria pareció quedar también en medio de la puja del oficialismo, que tiene a kirchneristas y albertistas enfrentados sin que sus principales referentes se dirijan la palabra, es decir que el Presidente y la Vicepresidenta tienen el diálogo cortado. 
En este contexto, un artículo publicado en el diario La Nación con el título "El Congreso sancionó una sola ley en cuatro meses y gastó $15.000 millones" retroalimentó esa discusión pública sobre el valor que le agregan los diputados y senadores nacionales a la democracia actual. 
En la pluma de la periodista Laura Serra, la nota describe a los pasillos de la Cámara de Diputados a lo más parecido a un páramo. Al menos desde que comenzó este año. Con las comisiones inactivas y sin sesiones en el recinto, los pocos legisladores que pululan por el edificio se desconciertan ante tan prolongada parálisis. Cuando se pregunta por el motivo, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, los dos bloques mayoritarios, no tardan en achacarse mutualmente la culpa, ensimismados en su enfrentamiento estéril, dice el artículo. 
Después explica que en lo que va del año el Congreso sancionó una sola ley, la que ratificó el acuerdo de nuestro país con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pese a tan bajo rendimiento, ya consumió $15.000 millones para su funcionamiento, casi el 40% del presupuesto asignado para este año, agrega. Ante este panorama, advierte que las dos funciones básicas que la Constitución Nacional le asignó al Poder Legislativo -la de legislación y la de control- lucen por su incumplimiento.
No hay sesiones pese a que proyectos se presentan desde todos los espacios. Así, desde el 1° de marzo cuando se inauguró el período de sesiones ordinarias hasta ahora los diputados presentaron 1940 iniciativas, que en su mayoría fueron giradas a sus comisiones respectivas, pero como la mayoría no se conformó aún, no avanzan, destaca la articulista. Enredados en una inédita paridad de fuerzas, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio tardaron largas semanas de tensas negociaciones para repartirse el liderazgo de las comisiones y sus correspondientes mayorías, argumenta respecto a los motivos de la demora. 
Recién el pasado jueves hubo una sesión en la Cámara baja que dejó atrás la parálisis legislativa. Quizás por eso, en una breve intervención, el presidente de la UCR, Mario Negri, celebró que el recinto volviera a encender sus luces para sesionar. Luego pidió al presidente de la Cámara que se terminen de constituir las 26 comisiones que faltan armar. Y además resaltó la visibilidad y la idea de que se haya logrado esta sesión con temas que importan a la gente en los distintos niveles: institucional, de la salud, y problemas que padecen sectores de la sociedad. En esa lista estaban los proyectos de boleta única de papel, que aún debe transitar un camino.
De todos modos, la sensación es que los argentinos aportan demasiado para sostener un Congreso ineficiente. 






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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