Mercado laboral distorsionado

Editorial 06 de mayo de 2022 Por Redacción
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En los últimos 60 años la tasa de inflación promedio anual fue de 180% en la Argentina. Dato mata relato. Los salarios registraron en febrero pasado un aumento del 3,1% por debajo de la inflación del mes y en el primer bimestre del año se ubicaron un 1,8 puntos porcentuales por debajo de la suba de precios minorista de ese período, según informó el INDEC. Nuevamente dato mata relato. De todos modos, en los últimos doce meses la mejora salarial promedio iguala el avance de los precios minoristas y ambos se ubican en un 52,3% de aumento en forma interanual. ¿Pero cómo es que ahora ni siquiera quienes tienen un empleo registrado pueden llegar a cubrir sus gastos de todo un mes?
Desde el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) plantearon que en las actuales condiciones, el Día del Trabajador debería ser también una jornada de reflexión sobre la situación del mercado laboral. Hay evidencias de que el mercado de trabajo se ha ido apartando del imaginario tradicional que reduce las relaciones laborales en función de patrones y trabajadores. Una faceta particularmente sugerente aparece cuando se analiza la situación de la gente en edad de trabajar. En Argentina hay aproximadamente 23 millones de personas urbanas en edad de trabajar, esto es, entre 20 años y la edad jubilatoria. Según el INDEC, la situación laboral de estas personas se clasifica de la siguiente manera: un 28% son asalariados privados registrados y profesionales en ejercicio liberal de la profesión; un 45% son empleados públicos o trabajadores informales mientras que el restante 27% no tiene trabajo sea porque busca y no encuentra (desempleado) o porque directamente ni siquiera busca (inactivo laboral).
Los datos muestran que apenas poco más de un cuarto de la gente en edad activa trabaja como dependiente en una empresa formal o en el ejercicio liberal de la profesión. Casi la mitad son empleados públicos o informales y el otro cuarto directamente no tiene trabajo. Si bien esta clasificación no es estricta (por ejemplo, dentro del empleo público y los informales hay ocupaciones de alta productividad y hay inactivos que optan por no trabajar aunque pudieran) las proporciones son tan contundentes que alcanzan para reflejar el enorme déficit de empleos de calidad que es lo que degrada la situación social.
Si bien muchos factores contribuyen a agrandar los déficits laborales, uno particularmente importante es la obsolescencia de las instituciones laborales, advierte Idesa en su reporte. Normas que datan de 1953 (Ley de Negociación Colectiva) y de 1974 (Ley de Contrato de Trabajo) siguen siendo sostenidas ignorando los profundos cambios de contexto que generan el avance de la tecnología y la globalización. Hay mucha pasión y añoranza en la negación a actualizar las instituciones laborales, pero también operan presiones para sostener privilegios espurios.
Frente a este cuadro de situación algunas políticas son meras expresiones de deseo con cargas de ingenuidad. Por ejemplo, transformar los planes asistenciales en un puente al empleo formal. Otras son directamente inconsistentes, como las orientadas a fortalecer la “Economía Social”. Apoyar la “Economía Social” implica aumentar la carga impositiva sobre los emprendimientos más productivos, que son los que generan empleos de calidad, a los fines de subsidiar los emprendimientos menos productivos, que son los que generan los empleos de menor calidad. El resultado de estas intervenciones, más allá de los objetivos declamados, es profundizar la degradación del mercado de trabajo.
Según Idesa, la creciente presión impositiva y regulatoria sobre el sector formal destruye empleos y deteriora los salarios. Esto está motivando que para algunas personas sea más atractivo subsistir en el asistencialismo, combinado con un trabajo informal, antes que acceder a un empleo más productivo en el sector formal. Se trata de una situación extrema y terminal. Mientras siga cayendo el empleo formal, más inviable será sostener el financiamiento del asistencialismo y más degradadas serán las condiciones en el trabajo informal. Argentina requiere un cambio urgente. 


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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