Covid en América Latina

Editorial 02 de mayo de 2022 Por Redacción
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Gradualmente, la pandemia de Covid ha dejado de ser el centro de las noticias en gran parte del mundo. En la Argentina, la disminución sustancial de los contagios ha llevado a los gobiernos a discontinuar los reportes sobre el comportamiento del virus, que ya no son diarios sino semanales, tanto a nivel nacional como en las provincias, como Santa Fe, y las ciudades, como Rafaela. De todos modos, las estadísticas son duras de asimilar por más que se observen, en los últimos meses, números más blandos debido a que la vacunación masiva ha generado mayor resistencia ante las distintas variantes. 
En este contexto, aparecen informes con relecturas de lo que ha ocurrido con el Covid, como el que elaboró la organización humanitaria Amnistía Internacional, en el que advierte que a pesar de tener sólo el 8,4% de la población mundial, América Latina ha padecido el 28% del total global de muertes a causa de esta enfermedad. “Desigual y letal”, tal el nombre de este reporte, concluye que los países con mayor desigualdad y menor gasto público en salud fueron los que más sufrieron durante la pandemia, y que los efectos devastadores recayeron en los grupos históricamente marginados, tales como las mujeres, los pueblos indígenas y las personas afrodescendientes, entre otros.
El documento sostiene que a pesar de los niveles alarmantes de pobreza en América Latina y el Caribe, en los últimos decenios los gobiernos no recaudaron suficientes ingresos por impuestos ni combatieron la desigualdad, ni siquiera en épocas de expansión económica. El resultado es un escaso gasto en servicios de atención de la salud y protección social, incluidos desempleo, pensiones y apoyo a la infancia, que son indispensables para una vida digna y para defender de verdad los derechos humanos.
En este marco, afirma que si bien muchos países latinoamericanos hicieron transferencias monetarias durante la pandemia, ninguno amplió el seguro médico ni tomó suficientes medidas para implementar mecanismos de seguridad social universal o extender las coberturas a fin de garantizar que las personas más desfavorecidas estuvieran atendidas.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) establece que debe dedicarse, como mínimo, un 6% del producto bruto interno (PBI) a la salud. Sin embargo, casi todos los países de la región gastan mucho menos en servicios de salud pública. 
Países como México, Brasil y Perú, donde el 1% más rico de la población acapara más del 30% de la riqueza nacional, registraron las cifras más elevadas de muertes por Covid-19 en la región en proporción a su población. Chile, donde el 20% más rico de la población acumula 10 veces más ingresos que el 20% más pobre, también tiene una de las tasas de mortalidad per cápita más altas de la región.
Tal como sugiere la OPS, Argentina invierte el 6% de su PBI en gasto público en salud, lo cual es positivo en comparación con el resto de los países de la zona. A pesar de ello, uno de cada cuatro pesos argentinos en salud proviene de los ingresos y ahorros de familias argentinas. Además, nuestro país comparte con el resto de la región la enorme desigualdad económica. El 20% más rico concentra casi la mitad del ingreso total de los hogares (47%), mientras que el 20% más pobre sólo el 6%, lo que significa que los ingresos del primer grupo son 8 veces mayores que los del segundo. A este panorama desigual se le suma el sistema de impuestos regresivos: 50% de los ingresos por esa vía provienen de tarifas al consumo, como el IVA.
Finalmente, Amnistía consigna que Argentina aún tiene enormes deudas para combatir las desigualdades y el acceso equitativo a derechos. Aun cuando se tengan políticas adecuadas, los gobiernos fallan en la implementación para garantizar el efectivo goce de los derechos humanos. El día que la política trabaje sin brechas por lo que nos importa a todos, quizás se pueda llegar a una sociedad mejor.  



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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