Impactantes pérdidas para la cadena de ganados y carnes por las restricciones oficiales

SUPLEMENTO RURAL 27 de enero de 2022 Por Redacción
Mediante un informe, el ROSGAN le puso números concretos al enorme perjuicio que generaron cepos y prohibiciones en 2021. Para este año, los interrogantes son varios y se necesita un guiño de la clase política.
IMPACTO
IMPACTO. Toda la cadena cárnica, en particular el eslabón industrial, sintió con fuerza los efectos de las medidas oficiales.

La mayoría de las veces intentar mirar el vaso “medio lleno” permite rescatar una lectura positiva de una situación compleja que debemos inevitablemente afrontar. Sin embargo, cuando intencionalmente sólo se dirige la mirada a esa mitad como recurso para evitar poner luz sobre sobre los errores cometidos, otra es la historia. Desde ROSGAN, el Mercado Ganadero de Rosario, han puesto el foco en las exportaciones de carne vacuna correspondientes al año pasado, a partir del relevamiento de datos realizados por el INDEC.
De acuerdo a las cifras informadas por el organismo, el volumen total de exportaciones de carne vacuna registradas de enero a diciembre del año pasado ascendió a 805.000 toneladas (en su equivalente peso carcasa). Esto es más de un 10% inferior a las 900.000 toneladas exportadas durante el mismo período de 2020.
Si se analizan los últimos diez años, el volumen exportado en 2021 es el tercer volumen más elevado, ubicándose detrás de las cifras alcanzadas en 2020 y de 2019. Es más, en términos de ingresos generados el 2021 se posiciona como el segundo mejor año de la serie, con unos US$ 2.800 millones facturados, dado el excelente contexto que se configuró por los valores internacionales para la carne.
De todas maneras, los expertos de ROSGAN fueron más allá y analizaron también por qué el 2021 no logró ser aún mejor. Y allí entran a jugar algunos factores que se vinculan de manera directa con las medidas tomadas por el Gobierno nacional a partir de mayo del año pasado. Cabe remarcar que, hasta ese mes, Argentina venía tomando provecho de una excelente oportunidad que le presentaba el mercado mundial, creciendo a tasas cercanas al 14% interanual.
“De no haber sido por estas medidas disruptivas, hoy podríamos estar viendo como foto final exportaciones anuales superiores al millón de toneladas, es decir, al menos un 20% más del volumen que, efectivamente, pudo ser embarcado. En valor, esto significa como mínimo una pérdida de unos 1.000 millones de dólares no sólo para el sector sino para el país en su conjunto”, revelaron desde el Mercado Ganadero.

LAS DUDAS PARA ESTE AÑO
Al mismo tiempo, vaticinaron que este año muy probablemente se repitan similares volúmenes de exportaciones a los registrados en 2021. Esta visión se apoya básicamente en dos argumentos: “por un lado, desde los fundamentos de oferta, claramente hemos ingresado en una fase de escasez o relativa restricción, producto del efecto acumulativo de bajos niveles de eficiencia reproductiva, excesiva extracción de hacienda en los últimos años y ahora también por efecto de la actual seca”. Esto genera todo un desafío de reconstrucción hacia los próximos años, si el objetivo pasa por lograr un crecimiento verdaderamente sostenible. Por tanto, #es muy factible que por lo próximos dos a tres años debamos administrar una producción limitada, sin crecimiento en la faena, e incluso con posibles bajas temporales en la producción resultante, si lo que se desea es mutar a sistemas de engorde y terminación de animales más pesados”.
El otro de los argumentos, esencialmente del plano político, desde donde -voluntad mediante- existiría la posibilidad de cambiar muy rápidamente al menos algunas de las condiciones que frenan ese crecimiento, es que poco ha cambiado. “Desde aquel esquema de cupos reinventado en 2021, pasamos hoy a un sistema de autorización permanente, es decir, no hay un límite explícito para exportar, pero sí lo hay de manera tácita, puesto que, quien debe autorizar cada permiso de embarque solicitado, en efecto, tiene la facultad de aprobar o rechazar”, explicaron. En definitiva, las exportaciones siguen estando limitadas, solo que no se conoce abiertamente cuál es ese límite, algo aún peor teniendo en cuenta la previsibilidad que necesita un negocio de largo plazo como la ganadería.
Quizás ese límite ya ha sido sutilmente preanunciado cuando, a poco de asumir sus funciones, el actual ministro de Agricultura adelantó que el nuevo esquema de exportaciones debería procurar mantener un saldo exportable no superior al 24% de lo producido.
“En efecto, si nos remitimos a las cifras reales (excluyendo el mes de mayo donde se produjo un adelantamiento inusual de embarques previo a la intervención) el porcentaje exportado que en los primeros meses rozaba promedios del 30%, rápidamente fue corregido mediante este esquema de cupos, al 24% objetivo”, resaltaron.
Y agregaron: “si nos basamos en esta premisa, y sabiendo que el 2022 sería un año muy similar al 2021 en cuando a nivel de oferta ganadera, el total producido podría rondar nuevamente los tres millones de toneladas de carne vacuna, por lo que no debería sorprendernos que el saldo exportable encuentre un límite en torno a las 720.000 toneladas.
A modo de reflexión, los especialistas de ROSGAN se preguntaron si la mirada seguirá siendo orientada sólo a esa mitad del “vaso lleno”, celebrando haber concretado esta vez el cuarto mejor año en materia de exportaciones, o si se comenzará a poner foco en cómo completar definitivamente esa otra mitad.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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