Las deudas de la política

Editorial 09 de enero de 2022 Por Redacción

A pesar de los tirones de oreja que recibe en las urnas, buena parte de la clase política argentina declara estar interesada en mejorar la calidad de vida de la gente pero, en la práctica, solo se ocupa de perpetuarse en los cargos, ampliar los beneficios entre sus familiares o amigos y, de paso, disfrutar el momento. La mentira, que en otros tiempos trataba de ocultarse o al  menos disimularse, pasó a ser una herramienta naturalizada del discurso político. Basta reparar en las declaraciones del Presidente de la Nación, que dice y se desdice. Una contradicción viviente. 
Así está la política argentina, lejos de esa pretendida función de ser una herramienta de transformación social. Por caso, la Vicepresidenta de la Nación cuestiona a su compañero de fórmula, es decir al Presidente, a través de una carta difundida en redes sociales en lugar de sentarse a dialogar sobre las diferencias. Multiprocesada en causas por corrupción, millonaria, con una doble pensión que le permite cobrar cerca de tres millones de pesos por mes, es decir 100 veces más el valor de una jubilación mínima, con uso y abuso de la estructura del Estado para vivir entre su confortable y costoso departamento del barrio porteño de Recoleta y su vivienda en El Calafate sin pagar traslados. 
La política es el acceso al poder, a la impunidad, a la inmunidad, a la posibilidad de tomar decisiones sin rendir cuentas y dejar de lado valores como la libertad, el diálogo, el debate, el consenso, la austeridad, la eficiencia y la transparencia, pilares de cualquier democracia. 
En Rafaela también hay funcionarios municipales y concejales que buscan el "carguito", que ayudan a la familia y a los amigos. Que dejan una función y presionan para que les hagan lugar en una estructura o les permitan ingresar al gabinete como sea. Favores por aquí y por allá, claro siempre a costas de la ciudadanía, de los contribuyentes que aportan para pagar 3 millones por mes a Cristina y los jugosos sueldos locales. Todo recae sobre las espaldas de siempre. 
Ahora Cristina y Alberto no son los únicos, justo es puntualizarlo. El diputado santafesino Luis Rubeo, peronista acomodado desde siempre en la órbita legislativa sabe perfectamente como vivir del Estado, de los contribuyentes, con dietas que están muy por encima de los salarios de la gente de a pie. Se fue a pasear a un destino carísimo y paradisíaco como es las islas Maldivas cuando debía estar trabajando. ¿A quién rinde cuentas? Su voto no hubiera cambiado la decisión de la Cámara de Diputados de Santa Fe respecto al Presupuesto 2022, pero se trata de gestos y de responsabilidad como servidor público. 
En la lista hay más. La legisladora provincial del Partido Justicialista, Milena Rosso, quedó en el centro de la polémica cuando fue fotografiada en plena sesión mientras jugaba en su celular al Candy Crush. O la diputada nacional cordobesa de Juntos por el Cambio, Gabriela Brouwer de Koning, que a una semana de asumir la banca se fue de vacaciones a Disney porque creyó que el año había terminado, sin asistir a la sesión en la que se debatieron modificaciones a Bienes Personales.
El escándalo de la mesa judicial o la Gestapo en la Provincia de Buenos Aires tampoco suma sino que suma otra mancha más al tigre de la política. O los legisladores bonaerenses que dieron luz verde a otra reelección de intendentes de esa provincia, que nunca se reunieron para tratar problemas de inseguridad, vivienda, aguas o cloacas sino solo por sus intereses particulares. 
Por eso no extrañó que el Club Político Argentino haya cuestionado a la dirigencia política en general por no prestar atención a "las preocupaciones de la sociedad".

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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