La proliferación nuclear

Editorial 08 de enero de 2022 Por Redacción
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Con el cambio climático y la pandemia de Covid como principales amenazas que se ciernen sobre la humanidad, otras preocupaciones han quedado momentáneamente relegadas aunque no significa que no sean importantes, desde la pobreza hasta el hambre de millones que sufren millones de personas hasta el fantasma del holocausto nuclear, que aún subsiste a pesar del fin de la Guerra Fría. 
Las tensiones que tomaron forma en las últimas semanas en la frontera entre Rusia y Ucrania han reflotado la rivalidad entre Occidente y el resto en cuestiones de geopolítica y ambiciones hegemónicas de la misma manera que se han renovado los miedos ante un eventual colapso nuclear. 
En la Argentina, donde tenemos nuestros propios problemas que nos entretienen y nos preocupan -inflación, inseguridad, deuda externa y deuda social, entre otros-, aunque no todos los que debieran se ocupan de las soluciones, un posible enfrentamiento global con el uso de armas de destrucción masiva no está en la agenda. Solo esta semana hubo un nuevo giro vinculado a la guerra de Malvinas, luego que el portal Declassified UK difundiera información sobre el envío de buques británicos con armas nucleares durante el conflicto bélico de 1982. La revelación de una serie de documentos desclasificados de la administración de Margaret Thatcher y divulgados por la prensa británica indica que fueron tres los barcos enviados en 1982 con armas atómicas: el portaaviones inglés HMS Hermes con 18 armas nucleares, el portaaviones Invincible con 12 y el barco auxiliar de la Flota Real, Regent, con una. A partir de este nuevo elemento, la Cancillería argentina prepara la presentación de una queja ante organismos internacionales en el marco de la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich y espacios marítimos circundantes. 
En este escenario, mientras crece el riesgo de un enfrentamiento militar entre rusos y ucranianos, la problemática de las armas nucleares volvió a paralizar corazones. Porque una eventual invasión de Rusia sobre su vecino desatará la reacción de Estados Unidos y de Europa a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), esa organización de seguridad colectiva creada en el año 1949 mediante la cual los países miembros se comprometieron a defenderse mutuamente en caso de recibir un hipotético ataque de la Unión Soviética o sus aliados.
El próximo lunes en la ciudad suiza de Ginebra, diplomáticos rusos y estadounidenses abrirán un diálogo para descomprimir la tensión en torno a la frontera ucraniana, donde se concentraron más de 100 mil soldados de Rusia. Tras ese encuentro, representantes del gobierno de Moscú participarán el miércoles en una reunión con los 30 miembros de la OTAN por el mismo tema. El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, consideró que el despliegue militar de Rusia en la frontera con Ucrania plantea un riesgo real de conflicto y que la Alianza Atlántica debe prepararse a un fracaso de las gestiones diplomáticas.
Así, por un lado aumenta la incertidumbre sobre lo que pueda suceder en esa frontera caliente, que incluye advertencias mutuas entre Washington y Moscú, y por otro, como dato positivo, las grandes potencias acordaron reducir tensiones para comprometerse contra la proliferación nuclear. Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, emitieron un comunicado conjunto en el que advierten de que "no se puede ganar una guerra nuclear y que (esta) nunca debe librarse". Como recordó el diario El País, la expresión evoca el principio que lograron establecer Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en los últimos tramos de la Guerra Fría en la década del 80. 
Desde el comienzo de la era nuclear, en 1945, los arsenales atómicos se han convertido en uno de los grandes riesgos de la seguridad internacional. Ojalá nunca pase de esa instancia. 






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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