Asalto al Banco Italia: ¿viste lo que pasó?

Locales 04 de enero de 2022 Por Raúl Vigini y Edgardo Peretti (ningunos cacos)
El 4 de enero de 1972 a las 11.25 fue asaltada la sucursal Rafaela del Banco de Italia y Río de la Plata, ubicada en la esquina de Sargento Cabral y Boulevard Santa Fe donde varios delincuentes se llevaron casi cuarenta millones de pesos de esa época.
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Recordando: Marino Vigini revive los hechos después de 25 años en La Opinión

La noticia se dio por Radio Rafaela con las más eufóricas de las entonaciones. Todos los hogares tenían el receptor encendido a esa hora escuchando música, atendiendo al panorama informativo del mediodía que desembocaba, para ir tomando nota, con los fallecimientos de la jornada, previo “gong” característico de la emisora que abría y cerraba ese espacio cotidiano.

La ciudad vivía su verano en un mundo diferente, donde muchos pensaban en sus vacaciones en las sierras de Córdoba o en las futuras 300 Indy que se venían en febrero. Eran tiempos donde la juventud repartía sus tiempos sociales en el flamante “Aranjuez” o transitando con sus motos Zanella 50cc (la “zanellita”) el entonces pueblerino  boulevard.

“Mirá si eso va a suceder en el banco donde trabaja mi papá”, digo ahora. Justo cuando había terminado séptimo y me aprestaba a disfrutar de las vacaciones después de haber rendido el ingreso a la Escuela de Comercio nos conmovemos con esta noticia todavía sin terminar de confirmar desde lo propiamente familiar. Era un hecho inédito en la ciudad.

Cuando el ordenanza Dinde Kalbermatten que había salido a hacer diligencias volvió, vio por una ventana que estaban todos boca abajo en el piso y avisó a la policía que no terminó de creer el dato aunque envió a los primeros agentes hasta que se hizo presente el mismísimo jefe de la unidad local. Aclaremos que era común jugarle bromas a un ordenanza, hasta hacerle creer que había salido el número de lotería de la grande de Navidad ya que de acuerdo con el agenciero una vez lograron que lo escribiera en la pizarra aunque no era verdad. Algunas de esas chanzas se convirtieron en enemistades de por vida también.   

Tantas horas en el suelo, boca abajo y en tensión provocó serios problemas de salud a muchos de los empleados y clientes, todos rehenes; molestias cervicales y otros posturales además de los fuertes golpes recibidos de parte de los ladrones para limitarlos en su movilidad.

El escritorio de Marino Vigini, jefe de cuentas corrientes fue invadido con pintura en aerosol con consignas políticas de la organización FAL (Fuerzas Armadas de Liberación). Cuya foto se difundió profusamente en casi todos los medios gráficos del país donde se observa a este empleado atendiendo el teléfono ante interminables llamadas de los medios de comunicación de la urbe y el orbe.

¿Viste la cara de susto que tenía el cana? decían entre los maltratados bancarios. Era el mismo policía de apellido Jaime que habría estado de acuerdo en distraer la mirada en el momento del atraco para que los ladrones actuaran sin problemas y él fuera uno más de los reducidos. Por eso la chanza desde ese día era “¿Sabés la diferencia entre Rafaela y Carlos Paz? Que Carlos Paz tiene al “manosanta” Jaime Press y Rafaela a Jaime preso”.

Un día llegó un cliente a la caja del tesorero Pepe Corrales y se presentó como abogado que había logrado liberar a uno de los cacos, a lo que el viejo empleado respondió muy irónicamente: “Ah… lo felicito…”.

Por eso Silvino Theler, uno de los cajeros de entonces, puso en el placard del vestuario del espacio recreativo que reunía a los empleados de aquellos años, la hojita del calendario de ese día al que le agregó debajo “Día de la Santa Cagada”. 

Tampoco se supo nunca si alguien había registrado el guión de esta historia en Argentores, previo atraco, claro que algunos pillos ya habían cobrado los derechos por anticipado. Varios millones. 

Del dinero del Banco se salvaron otros cinco millones de pesos que uno de los cajeros escondió rápidamente detrás de una puerta de su lugar de trabajo. Jamás trascendió si la entidad lo recompensó por su arriesgado accionar.

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