Los onerosos subsidios

Editorial 03 de enero de 2022 Por Redacción
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Mientras la Argentina avanza con pasos muy cortitos hacia un necesario acuerdo con el FMI para retrasar los vencimientos de la deuda, y busca contener tibiamente el gasto como para dar una señal de austeridad a Washington pese a que disguste al ala kirchnerista del Gobierno -por cierto, la más poderosa en la coalición panperonista-, la cuestión del déficit fiscal crónico asoma una vez más como la causa de todos los males. Ahora la Casa Rosada trata de llevar a la práctica un antiguo plan para segmentar los subsidios a la energía, esto es tanto electricidad como gas natural, para que quienes menos tienen reciban el beneficio y la clase media alta y los ricos queden fuera del sistema de compensaciones. Sin embargo, nunca supo como hacer que funcione correctamente. Habrá que esperar si esta vez realmente tienen las herramientas para una aplicación satisfactoria. 
En este marco, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) consideró que la principal causa de la larga decadencia argentina es el crónico déficit fiscal y que éste trasciende las diferencias de administraciones. Según el Ministerio de Economía, en los últimos 60 años no hubo déficit fiscal sólo en 6. Pero aún en estos 6 años, que transcurren entre el 2003 y el 2008, el superávit se consiguió gracias a que la contabilidad pública no registraba como gastos los juicios que generó la falta de movilidad de las jubilaciones ni los intereses de deuda que no se pagaban porque se estaba en default. Es decir que, bien medido, se acumulan 6 décadas de desequilibrio fiscal.
La contundencia de esta evidencia, agrega el informe, lleva a plantear que la necesidad más imperiosa es sanear las cuentas públicas. Para lograrlo, frecuentemente se considera como prioridad corregir el sobredimensionamiento del plantel de empleados públicos. Pero con el mismo énfasis se plantea que es imposible por razones políticas y sociales.
La pregunta relevante que cabe hacerse es si efectivamente el gasto en personal es el más decisivo como determinante del déficit fiscal. Tomando datos del Ministerio de Economía y del Banco Central y considerando a los intereses que paga el Banco Central por sus pasivos como parte del gasto público total nacional se observa que el gasto en personal representa el 9% del gasto público nacional, las erogaciones en subsidios a la luz, gas y transporte representa el 12% y finalmente el costo en intereses pagados por el Tesoro y el Banco Central representa el 19%. Estos datos muestran que el gasto en salarios de los empleados públicos es menor que lo que el Estado nacional gasta en subsidios a la luz, gas y transporte. Asimismo, representa menos de la mitad de lo que el Estado nacional paga de intereses por sus deudas. Claramente que el abordaje para equilibrar las cuentas públicas pasa mucho más por los subsidios económicos y los intereses que por los recortes al empleo público, subraya Idesa. 
Por tanto, el factor más urgente y decisivo para reducir el déficit fiscal son los subsidios. Aun cuando el sinceramiento tarifario sea gradual y contemple la situación de las familias de menores ingresos, hay amplio espacio para reducir los subsidios económicos. Con menos subsidios el déficit puede ir disminuyendo y junto son ello surge la posibilidad de pagar menos intereses por la deuda. Tanto los intereses que paga el Banco Central por las Leliq y pases que debe colocar en los bancos para absorber los excesos de emisión monetaria, como los que paga el Tesoro por la deuda que emite para financiar el déficit. Después del gasto social, los subsidios y los intereses son los dos ítem que más pesan en el gasto público y están entrelazados. La reducción de los subsidios trae aparejado la reducción de los intereses.

 




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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