El populismo es pecado

Suplemento Economía 02 de enero de 2022 Por Guillermo Briggiler
Una mirada teológica de la economía.
20-Economía de Mercado

El surgimiento de nuevas viejas formas de populismo en nuestro país, así como el de nuevos mesías liberales, hacen que tengamos que poner nuevamente la mirada en los modelos que contamos para plantar, sobre sólidos cimientos nuestras ideas, en especial para las nuevas generaciones que se incorporan a la discusión y pueden ser seducidos por falsos profetas.
Deseamos usar la palabra pecado, a falta de una de mayor gravedad. Podríamos haber usado delito o inmoralidad, pero preferimos pecado, ya que trasciende la simple vida humana y se proyecta a la vida eterna, por supuesto en caso que la hubiera.
El ser humano es poseedor una característica mixta, posee una tendencia hacia el bien, desea hacer las cosas para provecho del prójimo, pero al estar herido por el pecado, es capaz de hacer el mal. Y esto lo vemos en los mercados económicos y en las conductas sociales, todo el tiempo. Y es eso lo que deseamos explicar, el comportamiento económico de las personas y a partir de éste, cual sería el mejor sistema económico a aplicar en un país, con la mirada en el nuestro y sus vaivenes.
El sistema económico que debemos establecer, defender y fomentar, tiene que ser uno que entienda el comportamiento de las personas al comerciar y cooperar entre sí, entre millones de hombres y mujeres, que lo hacen todo el tiempo, con tendencia al bien, pero capaces del mal, y es más, la mayoría de ellos lo hacen sin estar confesados, comulgados y en gracia de Dios. Sería muy ingenuo plantear lo contrario y acá está la clave de la cuestión, debemos trabajar con diferentes personas, de diferentes creencias, religiones, conceptos morales y sociales. Por lo tanto debo encontrar un sistema económico que los abarque a todos.
Podría plantear el establecimiento de un sistema regulado por un dictador, un mesías, un profeta, que gobierne en nombre de Dios, el cual, manteniéndose en Gracia, establezca un gobierno económico que diga que hacer a cada individuo, pero choca contra el concepto de libertad y su misma conscupiscencia puede llevarlo a equivocarse.
Para tranquilidad de todos, la Iglesia ha superado hace años este tema y en el Concilio Vaticano II, diferenció claramente entre Iglesia y autoridad civil, así que muchos de esos planteos con carteles y cantos de Iglesia y Estado, asuntos separados, hace tiempo que desde la autoridad eclesial se zanjó, quedando quienes lo plantean fuera de lugar, o en todo caso, con alguna intención escondida en sus sentencias.
Desde el punto de vista cristiano, el ser humano, debe tender a a la santidad y es un llamado a todos, y muchas veces hay más personas santas de las que nos damos cuenta, pero aun así, sigue siendo ingenuo pensar que todos van a ser santos al momento de comerciar, prestar servicios y cooperar económicamente unos con otros.
Lo expuesto nos conduce a que la Economía de Mercado, con reglas claras, respeto a la ley, a la propiedad privada y a la libertad del individuo, sería el camino más sencillo a adoptar, para que las personas, normales y ordinarias, puedan ahorrar, invertir y comerciar.
Esta economía de mercado, tiene entre sus principales premisas que el conjunto de individuos, actuando en beneficio propio y buscando su máxima satisfacción, colaboran en distribuir los escasos bienes de la economía, entre las distintas y múltiples necesidades de las personas, de la manera más eficiente posible.
Sin dudas el egoísmo no conduce a buenos resultados, ni es un valor a embanderar, pero visto como la cooperación de distintos individuos que no se conocen entre sí, pero que busquen mejorar su situación personal, bajo reglas claras y seguridad jurídica, terminará encontrando el beneficio de muchos.
Como decíamos en párrafos anteriores, el hombre tiende al bien, pero es capaz del mal, por lo tanto el orden social que deseamos establecer, tiene que tener esto en cuenta y por lo tanto no oponerse al interés individual, ya que al establecer un control centralizado, burocrático, y masivo, termina suprimiendo la iniciativa individual y la creatividad, en nombre de empobrecidas masas supuestamente beneficiadas.
Además, si alguien cree que tiene un sistema social perfecto, que puede ser implantado y que haga imposible el mal, distribuyendo adecuadamente, entonces lo que logra es que la política se convierta en una religión secular y creerá erróneamente que pueden construir el paraíso en el mundo, lo cual no es posible, dado que el trigo y la cizaña crecen juntos hasta el final de los tiempos.
Mientras tanto, la lucha entre el bien y el mal, estará siempre en el corazón de cada persona y en el seno de su sociedad, siendo el llamado de construir un mundo mejor, un llamado para todos los hombres, cristianos o de otras religiones, y muy especialmente, a los laicos entre ellos.

#BuenaSaludFinanciera
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@GuilleBriggiler

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