Embajadores militantes

Editorial 09 de diciembre de 2021 Por Redacción
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La diplomacia es un universo paralelo que tiene sus propias reglas, tanto en la comunicación no verbal como en el lenguaje, donde todo debe ser cuidadoso para evitar malentendidos o incidentes y mantener las relaciones entre países en su cauce. Como dice el ex embajador chileno, Eduardo Jara Roncati, no puede haber en la diplomacia, entonces, otro propósito que el de unir a los pueblos, acercando a sus gobernantes y a sus políticas, atenuando las dificultades que surjan entre ellos. La actitud de quienes participen en ella debe ser, entonces, tan constructiva como los principios que guían el arte que profesan agrega en su libro "La función diplomática". 
En la Argentina, en especial en el Gobierno actual, parecen haber perdido el foco respecto al manual de estilo de las relaciones diplomáticas. Se observa desorientación, desidia y falta de lucidez en el campo de la diplomacia a juzgar por los errores no forzados que acumula la actual gestión gubernamental. Una suerte de política del zigzag. 
Los casos de los actuales embajadores argentinos en Chile, Rafael Bielsa, y en Bolivia, Ariel Basteiro, demuestran la degradación por el rol de la diplomacia cuando dirigentes políticos sin formación en el campo de las relaciones internacionales ocupan cargos para los cuales no están preparados y a los que acceden como pago de favores o en reconocimiento a respaldos circunstanciales en una campaña. 
El actual Gobierno puso sobre la mesa, en forma reiterada, el argumento de no inmiscuirse en asuntos internos de otros países para evitar fijar una posición ante los repetidos atropellos contra la democracia y los derechos humanos, en especial en los casos de Venezuela y Nicaragua, los que cabe agregar fueron condenados en gran parte del mundo.
Sin embargo, Bielsa cuan buscapleitos decidió a mediados de octubre defender personalmente ante la justicia de Chile al dirigente mapuche Facundo Jones Huala, condenado a nueve años de prisión en 2018 por el incendio de una propiedad y tenencia ilegal de armas, lo que armó un revuelo por el cual debieron intervenir las cancillerías. En noviembre volvió a inmiscuirse en los asuntos internos del vecino país al criticar en duros términos al candidato chileno José Antonio Kast, que el 19 de diciembre participará de la segunda vuelta presidencial en su país.
Ante este reprochable accionar del dirigente kirchnerista santafesino, el Gobierno argentino tomó distancia al aclarar que sus expresiones habían sido a nivel personal, mientras que la Cancillería chilena emitió un comunicado en el que advirtió que estas expresiones representan una intromisión inaceptable en los asuntos internos de Chile y vulneran normas de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
En Bolivia, el embajador Basteiro se sumó el 24 de noviembre a la marcha política del movimiento político MAS para expresar su apoyo en defensa de la democracia y los valores que llevaron a Evo Morales al Gobierno en 2005. Es decir, al igual que Bielsa en Chile, se inmiscuyó en los asuntos internos de otro país. 
Justo es mencionar que es el propio presidente de la Argentina el responsable de generar una secuencia de micro incidentes diplomáticos a partir de comentarios para destacar su gestión contra la pandemia. En este marco, en seis de los siete anuncios en los que se extendió el aislamiento se utilizó el recurso de comparar la situación argentina con la de otros países. No obstante, en varias ocasiones hubo información errónea o un incorrecto uso de los datos, una desinformación que derivó en reclamos de diplomáticos extranjeros y posteriores rectificaciones del gobierno. 
¿Qué pasaría si todos los embajadores extranjeros destacados en Buenos Aires opinaran de los asuntos internos del país como lo hicieron Bielsa o Basteiro? Es necesario, entonces, revalorizar la función diplomática y elegir mejor a sus intérpretes. 





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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