Malas prácticas policiales

Editorial 24 de noviembre de 2021 Por Redacción
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Como institución, la Policía no suele disfrutar en general de una imagen favorable ante la sociedad argentina. La fuerza de seguridad sea federal o de cualquier provincia tiene en sus pliegues vicios ocultos, y también a la vista, que explican la desconfianza de la ciudadanía. Si bien hay agentes responsables que no están dispuestos a cruzar la línea que separa al buen del mal policía, se sospecha que el uniforme permite ciertas transgresiones, picardías o incluso la comisión de delitos con garantías de impunidad. 
Así es, la corrupción entendida como "el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado" ha penetrado todos los estamentos del Estado. Y la policía es uno de ellos que no está inmune a las prácticas corruptas, que no son exclusivas de los funcionarios argentinos. En la provincia de Santa Fe, varios exjefes policiales que también fueron titulares de la Unidad Regional V se encuentran detenidos por diversas causas, lo que refleja la contaminación que sufre la institución policial. 
Corrupción, extorsión, delitos, coimas, sobornos, amenazas, impunidad, aprietes y otros males han echado raíces en las fuerzas de seguridad de la Argentina sin excepción. El crimen de un joven futbolista de Barracas Central por los disparos efectuados por tres integrantes de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires reactivó el debate en torno a la tarea que cumplen los agentes, en especial cuando se desempeñan sin uniformes en automóviles sin patentes. 
A pesar de existir un espacio que promueve el control de la fuerza de seguridad porteña por parte de la sociedad civil, la institución de la Capital Federal no ha podido esquivar las malas prácticas policiales. Diario Clarín se ocupó de indagar sobre lo que hacían los tres agentes actualmente detenidos por el crimen del adolescente Lucas González en el lugar donde se produjo el ataque que desató la indignación social de gran parte del país. Claro, difícil es permanecer indiferente a un acto de injusticia de semejante magnitud. 
Los tres policías se presentaron ante la Justicia el sábado pasado luego de que se formalizada la orden de captura y quedaron formalmente detenidos, acusados de homicidio agravado, que prevé la pena de prisión perpetua. La Brigada de la Policía de la Ciudad aprieta hasta a los comerciantes o feriantes. Siempre andan en autos sin patentes y te apuntan antes de identificarse, advierten vecinos de la Villa 21 cerca del lugar en el que se produjo el ataque mortal contra el adolescente.
Un exmiembro de la fuerza policial ahora cuestionada admitió a Clarín que la Brigada se encarga de juntar plata, de cualquier manera, se extorsiona a comerciantes, manteros, prostitutas, vendedores de droga y a sus clientes. El policía de Brigada es un ladrón con chapa que recauda para el comisario y para él, que puede montar falsos operativos o incluso "plantar" pruebas, como un arma o drogas, para tener mayor control de la situación y así favorecer la extorsión.
Las personas se involucran en actos de corrupción porque en primer lugar ven tales actos como una alternativa viable y, segundo, eligen por hábito o deliberadamente llevarlos a cabo, subraya un documento del Banco Interamericano en el que se evalúa la corrupción. Todo depende de las motivaciones de los policías, los filtros morales y los controles, agrega. 
En este contexto, los policías honestos se ven desacreditados por las acciones de sus colegas corruptos. En los países en donde los principios democráticos y el estado de derecho son débiles, las prácticas corruptas son mucho más prolíficas. 
Todos parecen perder el foco de que la institución policial existe para proteger a la población. La gente necesita saber que la Policía, un proveedor de servicios a los ciudadanos, es transparente y responsable. Lamentablemente, el policía, el ladrón y el asesino a veces tienen el mismo uniforme. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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