Empeora la crisis social

Editorial 23 de noviembre de 2021 Por Redacción
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La descomposición del cuerpo social que se observa actualmente en la Argentina tardará muchos años en superarse si es que alguna vez se logra dejar atrás las cicatrices profundas de esta crisis generalizada que abarca la política, la economía, la sociedad y el sistema institucional. Cada vez más inseguridad, pobreza, indigencia y falta de oportunidades laborales para todos son problemas que persisten en el tiempo sin que los partidos que se alternan en el poder logren soluciones y mejorar la calidad de vida de la gente. Todo lo contrario, cada político que asume la primera magistratura empeora las cosas un poco más. 
El reciente turno electoral ha dejado en evidencia, en la escena del debate público, el hartazgo del votante ante una casta política solo se preocupa por garantizarse ingresos por encima de la media, acceso a negocios y hasta impunidad judicial. 
La promesa política pierde su esencia de movilizar al electorado en busca de su apoyo a cambio de trabajar por un proyecto que en el futuro mejorará la situación individual y colectiva. La promesa de campaña se ha transformado en una mentira porque los funcionarios de memoria breve olvidan rápidamente lo que dicen cuando tratan de llegar al poder. Orden y paz ha quedado como palabras vacías en la Provincia de Santa Fe jaqueada por la inseguridad y la violencia narco sin que los distintos niveles del Estado puedan dar respuestas a esta demanda de la gente. Pobreza cero es otro ejemplo de la promesa incumplida, como así también la reducción de la inflación. 
En 2019, Alberto Fernández se comprometió durante la campaña a volver a generar consumo para que la economía vuelva a funcionar, a ayudar a que las exportaciones crezcan, darles a los argentinos una vivienda y que el hambre se termine. En prácticamente dos años de mandato no ha logrado nada de esos objetivos, más allá de que la pandemia de Covid declarada en marzo de 2020 pueda considerarse como un atenuante. 
Lo cierto es que los datos de la realidad son contundentes. En los últimos días se informó que una familia de cuatro
miembros necesitó en octubre un ingreso mensual de $72.365 para no ser considerada pobre, según el costo de la Canasta Básica Total (CBT), que subió en ese mes 2,6%, según el INDEC. El mismo grupo familiar necesitó $30.925 de acuerdo con el costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), para no ser considerado indigente, que en la misma comparación aumentó un 2,7%.
En este análisis sobre el deterioro de la situación social del país, cabe agregar que en el primer semestre del año la pobreza alcanzó al 40,6% de la población argentina, lo que implicó una baja de 1,4 puntos porcentuales respecto de los últimos seis meses de 2020, pero no afectó de igual modo en todos los distritos del país. De los 31 aglomerados urbanos, en 22 subió, siendo Formosa, Santiago del Estero-La Banda y el Gran Santa Fe los tres en donde más creció, según un reporte del INDEC.
Efecto de la crisis económica y social que se agravó por la pandemia de coronavirus, la pobreza alcanzó a 11.726.794 personas; de las que 3.087.427 se ubicaron bajo la línea de la indigencia, es decir quienes sus ingresos no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria.
Ahora un informe de la consultora Ecolatina reveló que una de cada tres personas formalmente encuadrada en la clase media es en realidad pobre en la Argentina. Más allá de la discusión sobre aspectos metodológicos, la pobreza es lo único que parece crecer en el país. Si los funcionarios prefieren destacar que la economía crecerá 9 por ciento este año, en realidad apenas volverá al lugar en el que estaba a comienzos del 2020, que no era el paraíso precisamente. 





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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