Sensaciones y sentimientos

Sociales 23 de noviembre de 2021 Por Redacción
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TELÉFONOS: LA INTIMIDAD EN PELIGRO

POR HUGO BORGNA
Que siempre ha habido perversos apoyados en el anonimato, ya se sabe. Debe tener un sabor especial esconder la mano después de tirar la piedra (en algún tiempo lejano no faltaban quienes, en el apuro por decirlo, lo hacían al revés, hasta que se dieron cuenta de que es imposible tirar la mano. También que resulta molesto e incómodo esconder piedras en los bolsillos).
En algún momento, cuando no había identificadores, hubo quienes se atrevieron a hacer chistes por teléfono relacionados con los apellidos de los usuarios, pero todo quedaba allí. A pesar de todo el tubo negro (hay quienes dicen que eran de ese color porque muchas veces la falta de dignidad de los usuarios los hacía mostrarse de luto) transcurrió, oscuro y pesado, un largo tiempo. Por lo demás, había tan pocos aparatos que el “daño” era casi insignificante.
Pero el tiempo pasa y la vida sigue haciendo el doble juego de irse y abrir la puerta a nuevas formas al ocultamiento. A la transparencia delatora de los identificadores le igualó los tantos el derecho a tener un número “privado”, y desde entonces ese empate sigue vigente. Con todo, los teléfonos fijos actuales sin identificador, como los equipos de fútbol que juegan sin arquero, corren permanentemente el riesgo de perder.
En estos días es común recibir invitaciones a compartir telefónicamente, desde párrafos religiosos de textos trascendentales, pasando por la práctica meditaciones, hasta la utilitaria propuesta de aportar -o nos asociemos- a entidades desconocidas -supuestamente de bien- o a responder sinuosas encuestas mediante el acto de pulsar números en el teclado.
Para entender claramente la cuestión: la palabra “privado” es la clave del problema. En el caso de los teléfonos fijos -obviamente también en los celulares, ya que los números no figuran en guías- se sobreentiende el criterio de confidencialidad e intimidad del hogar habitado.
Llamar por teléfono equivale a entrar a una casa sin haber pedido permiso previamente. Los habitantes pueden, asimismo, ejercer el derecho de rechazar el llamado y de pedir a quien invadió la privacidad que se abstenga de seguir llamando. Obviamente no están obligados a dar datos personales o de identificación y, por supuesto, pueden cortar sin dar aviso antes.
Hay un estado de indefensión de parte recibe el llamado; los que llaman saben desde antes datos personales de los llamados que, en cambio desconoce todo de quien se ha comunicado.
El hecho de se invoque un nombre o entidad no implica que hay que dar ese dato como cierto porque, puede ser una forma de tomar información mediante engaño.
Aunque esta situación roza el límite de la legalidad, -y un especialista en derecho lo establecería con buena precisión-, se puede decir que vulnera el derecho a la intimidad de los titulares de líneas telefónicas, y en especial cuando son de uso residencial.
Para completar ese panorama de necesaria prevención, habrá que recordar que estamos transcurriendo días en que se hace necesario extremar precauciones. Los aparentemente inocentes llamados que culminan con la disculpa de “equivocados” pueden ser un modo de averiguar si la casa está habitada y en qué preciso momento.
Con todo, los métodos de defensa ante la posible invasión por medio de la telefonía son muchos más que en los primeros tiempos, esos de los teléfonos negros y en los que se daba por descontado un buen nivel de protección.
Está para nosotros, como ayuda de importancia, la tecnología.
Además, es altamente improbable que un solitario nos llame y pida hablar con René.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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