La ausencia de cuidadores

Editorial 17 de noviembre de 2021 Por Redacción
Editorial
Por estos días se cumplen dos años desde que el Covid comenzó a visibilizarse en algún punto de la extensa China, aunque no está claro la maniobra que montó el gobierno comunista de ese país para silenciar un virus que meses después, en marzo del 2020, fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud dando lugar a un momento bisagra en la historia de la humanidad. Una gran operativo de contención de daños para evitar filtraciones montado a finales del 2019 no pudo frenar la propagación que encendió todas las alarmas globales con razón: hasta el momento fallecieron más de cinco millones de personales y se contagiaron más de 250 millones.
Un trabajo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que, además de las trágicas pérdidas humanas, se encuentran las consecuencias indirectas de esta pandemia, las cuales están asociadas al aumento de la pobreza, el empeoramiento de las economías y el mercado laboral. Y está el impacto negativo en la salud mental. Mucho menos reconocido es el hecho de que muchos de los adultos que fallecieron eran padres, tíos o abuelitos de niños y adolescentes que dependían de su cuidado. ¿Qué sabemos del impacto que la ausencia de estos cuidadores tiene en las familias y los lugares de trabajo? se pregunta el reporte que lleva la firma de Florencia López Boo y Laura Ripani. 
Un reciente estudio publicado en la revista Pediatrics señala que debe considerarse a la orfandad como una tragedia secundaria oculta y continua, resultado de la pandemia. Los resultados ponen de relieve que la identificación y el cuidado de estos niños y adolescentes a lo largo de su desarrollo es una parte necesaria y urgente de la respuesta a la pandemia, tanto mientras ésta continúe como en la pospandemia. Los autores de la investigación en Pediatrics estiman que más de 120.000 niños en Estados Unidos perdieron a un cuidador principal (padre, madre, abuelo o abuela responsable de proporcionar vivienda, necesidades básicas y cuidados) debido a una muerte asociada al Covid-19. Además, más de 22.000 niños sufrieron la muerte de un cuidador secundario, como abuelos que proporcionan vivienda, pero no la mayoría de las necesidades básicas. 
Estas cifras llevadas al contexto latinoamericano son igualmente llamativas. Al tratar de comparar la equivalencia de casos entre América Latina y el Caribe y los números a nivel global, en Argentina -donde se registran más de 116 mil muertes por Covid- se advierte que hay un huérfano por cada mil niños, en Brasil 2,1; en Colombia 2; en México 3,3; en Perú 9,6; en Sudáfrica 4,4; en Estados Unidos 1,4; en Irán 1,7; en India 0,3 y en Inglaterra y Gales 0,6 de acuerdo a datos de Hillis publicados en la revista Lancet.
A esta comparación se suma el hecho de que la pérdida del cuidador paterno es entre 2 y 5 veces mayor que la del cuidador materno a nivel global. Es decir, las mujeres verán expandido su rol de cuidadoras principales luego del fallecimiento del cuidador paterno por el Covid-19. Esto complicará sus dificultades para su equilibrio vida-trabajo.
El reporte considera que este impacto en las familias y en el mercado laboral femenino tendrá inevitables consecuencias a largo plazo con respecto al bienestar psicosocial y a la seguridad económica. No solo los niños y adolescentes sufrirán el impacto de perder a un familiar inmediato, sino las mujeres deberán encontrar alternativas de cuidado para poder ingresar o mantenerse en el mercado laboral de forma competitiva y segura. Perder a un familiar inmediato por el coronavirus de por sí es un trauma para todos los miembros de la familia por lo que se hace necesario encontrar alternativas de cuidado y apoyo para que los niños se sientan atendidos y las madres puedan estar en el mercado laboral. 




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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