Migraciones y nacionalismos

Editorial 13 de noviembre de 2021 Por Redacción
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La ilusión de alcanzar una vida mejor explica el sentido de las migraciones modernas, que muestran a personas huir de la violencia o de la pobreza rumbo a países con mayor bienestar socioeconómico en el que se respeten los derechos básicos y puedan satisfacer sus necesidades más elementales. Argentinos cansados de vivir en una sociedad en la que sobran problemas y escasean soluciones parten rumbo a naciones que ofrecen una calidad de vida más elevada, con menos inseguridad y estabilidad laboral. 
Pero el proceso de migrar de un lugar a otro puede ser un calvario. Aún así hay miles y miles de personas dispuestas a transitar por una travesía exigente en el que ponen en juego su vida para escapar del infierno en el que viven. Los migrantes en América siguen atravesando México, desde África se aventuran en barcos de papel para atravesar el Mediterráneo y llegar a Italia o Grecia mientras que los de origen europeo calientan fronteras entre Bielorrusia, Lituania y Polonia, en diferentes procesos conflictivos.
La multitudinaria caravana migrante, compuesta principalmente por centroamericanos, avanzó en los últimos días por territorio mexicano con un cambio de ruta hacia la capital mexicana. La caravana migrante está integrada por alrededor de 3.000 personas rumbo a la Ciudad de México, capital del país, donde esperan regularizar su situación migratoria para luego dirigirse a Estados Unidos.
En tanto, Lituania y Polonia tomaron medidas para reforzar sus fronteras con Bielorrusia ante la crisis fronteriza provocada por el flujo de indocumentados desde el país eslavo oriental. Las naciones mencionadas en primer término fueron puestas en alrededor del paso Bruzgui-Kúznica en la que se contabilizaba entre 1.000 y 5.000 personas, según varias estimaciones.
El Ministerio del Interior de Lituania propuso declarar el estado de emergencia en el país. Mientras tanto, los países involucrados se cruzan acusaciones. Una mirada sobre lo que sucede en esos campamentos en el otoño europeo permite descubrir que hay hambre, frío y muerte en esa frontera entre Polonia y Bielorrusia. Los migrantes atrapados en las tierras limítrofes denuncian agresiones y dificultades para conseguir agua y comida. Una crónica del diario El País de España describe con dolor que una botella de agua mineral se vende hasta diez veces su valor porque vale oro en un lugar donde la escasez es total. 
En su mayoría se trata de migrantes provenientes de Irak, Líbano y otros países de esa región siempre convulsionada que compran un pasaje a Minsk, de Bielorrusia, como puerta de entrada a una vida en Europa. Pero después el periplo se hace cuesta arriba porque Polonia cerró su frontera. Difícil de creer estas historias que se repiten en el continente americano y también en Europa. 
El rechazo del otro asoma como un sentimiento en ascenso en un mundo partido. Por caso, la pandemia de coronavirus "reavivó" la retórica antisemita y dio lugar a "nuevos mitos y teorías conspirativas que culpan a los judíos" de la actual crisis sanitaria, según un informe de la Unión Europea publicado este martes. El antisemitismo, especialmente en internet, se ha intensificado durante la pandemia, según alertó la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) en un informe, para el que utilizó estadísticas oficiales y pruebas recogidas por organizaciones civiles.
En Alemania, la red de asociaciones RIAS señaló que en los primeros meses de la pandemia, el 44% de los incidentes antisemitas registrados estaban asociados al coronavirus. Del mismo modo, en República Checa, la Federación de Comunidades Judías observó un aumento de la circulación de los discursos de odio en línea, alimentado por el movimiento conspirativo, opuesto a las vacunas y las restricciones.
El mundo parece estar dispuesto a trabajar en doble turno para inventarse problemas. ¿Es posible ser optimistas a gran escala o habrá que conformarse con ser felices con las pequeñas cosas, la familia y los amigos? 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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