La Perla del Oeste y el Diario

Editorial 24 de octubre de 2021 Por Redacción
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El tiempo pasa y nos vamos poniendo ¿viejos?, como dice la canción. O quizás será como ese refrán vitivinícola que resalta la madurez cuando entra en comparaciones al señalar que esto o lo otro es como el buen vino, entre más viejo mejor. Como sea, habrá militantes de la primera corriente y también de la segunda, pero lo objetivo es que Rafaela hoy apaga 140 velitas desde que don Lehmann autorizó a un grupo de piamonteses a hacer la América en esta pampa salvaje hasta ese momento.  
A veces hasta antes de emprender un viaje de vacaciones de una o dos semanas estamos ansiosos, eufóricos para que no se escapen detalles de la organización que luego debamos lamentar y no podamos solucionar una vez en tránsito. Entonces, se imagina que pensaron tantísimas familias europeas que un buen día largaron todo -que a lo mejor era casi nada- por entender que no había esperanza de felicidad -de eso se trata ¿no?- en el lugar en el que vivían. Lo más probable es que no hayan dejado valiosas propiedades pero sí hubo dolorosas despedidas porque las familias se partían con escasas chances de volver a reunirse. Se sabía que era un hasta siempre, un adiós, no un hasta luego. Entonces había una mezcla de sentimientos, aquellos de tristeza por dejar la patria querida con parte de la familia, la incertidumbre por el nuevo rumbo y la aventura, y la convicción de que había una oportunidad para reconducir el camino a la felicidad. Eso sí aprovechar esa oferta del destino requería un sacrificio total y un esfuerzo descomunal, labrar la tierra desde que salía el sol hasta que se ocultaba del otro lado del horizonte. 
La travesía a bordo de barcos amontonados en bodegas o pequeños espacios, cuidando no perder ningún bolso ni valija o en el peor de los casos, hijos. No enfermarse porque las condiciones de esos viajes eran precarias. No abundaban médicos ni medicinas sino que prácticamente cada cuerpo dependía de su fortaleza. 
Tras desembarcar en Buenos Aires, los inmigrantes tenían que cumplir trámites y luego iniciar otro periplo hacia lo desconocido, la pampa salvaje, con problemas de idioma, logísticos entre tantos otros y tratar de encontrar el lugar donde trabajar la tierra y sembrar la semilla de la ilusión y la esperanza. Y una vez sellado el acuerdo con Guillermo Lehmann, el colonizador del centro oeste santafesino, levantar un espacio precario para vivir y de esa manera empezar a escribir una nueva historia desde el "había una vez...". Un arado rústico, una horquilla, una pala y pocos implementos más para la cosecha. Difícil imaginarnos en un ámbito agreste lejos de las facilidades y comodidades que ofrece este mundo moderno, por momentos cáotico.
Y de los 140 años que celebra Rafaela, La Opinión estuvo presente en un centenar de ellos. Algo así como 36.500 días desde que un 24 de octubre de 1921 comenzó a poner en palabras y en papel todo lo que sucedía en la próspera y en ese entonces joven ciudad, jerarquía que había logrado en enero de 1913. Emprendedores al fin, Fernando Dentesano, Leopoldo López -primer director-, Rafael Actis y los hermanos Santos y Miguel Buffelli se aventuraron con un semanario que poco tiempo después, en 1933, comenzó a circular como diario a excepción de los domingos.  
En los tiempos dorados de la década del 20 del siglo 20, cuando la ciudad incorporó los adoquines a su actual macrocentro, se forjó una relación histórica entre Rafaela y el Diario. En aquellas páginas se escribió, en 1924 a través del joven director Rafael Actis, la denominación "Perla del Oeste" en referencia a este centro urbano que brillaba cada vez con más fuerza. Hoy es un día especial para la Ciudad de Rafaela y también para la Familia de La Opinión, sus trabajadores, sus lectores y sus anunciantes. Feliz de ser el diario de Rafaela y la región. 




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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