Sensaciones y sentimientos

Sociales 13 de octubre de 2021 Por Redacción
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POR HUGO BORNA

MÉRITOS,VALORES, PREMIOS Y
Es atrevida la sociedad.
Inoportuna, cerrada, implacable.
¿Cómo pretende que siempre hagamos las cosas ( y además, bien), teniendo en cuenta que lo producido tenga calidad (y si es posible arte), buena resolución técnica y, como si fueran poca cosa esos requisitos, que a la vez sirvan a los demás habitantes, haciéndoles mejor los momentos a vivir y, finalmente, concebidos atendiendo al bien común?
¿Será que no reconoce que si bien fuimos flojos y ciegos, hemos aportado el valor que representa el coraje de estar vivos y respirando?
La rebeldía es una especie energizada que nace en nuestro fondo más oculto y se siente especialmente pesada en el momento de iniciar una tarea: parece que el solo hecho de asumirla configura una tarea-castigo inmerecida, cargada del inaceptable concepto que implica planificar.
¿Y por qué precisamente a nosotros, habiendo tanta gente disponible en las inmediaciones?
Si se intentara poner en duda la importancia y necesidad de los méritos sería un lamentable error, además de una injusticia en la valoración. Considerar que ellos “están mal”, o que no son necesarios, o son requisitos exagerados constituye una forma de ofensa hacia el hecho de tener que exhibir merecimientos antes de ocupar un cargo superior.
Vamos a imaginar una empresa imprescindible, creada para a regir la vida y economía de mucha gente. O, como ejemplo de algo menos complejo, de un emprendimiento “familiar”.
Debemos empezar por poner en puestos directivos a aquellos que estén en condiciones de comprender su razón de ser, dirigir a los demás integrantes, controlar que los actos cotidianos no se desvíen de los objetivos establecidos y, por supuesto, estar en condiciones de realizar por ellos mismos los actos que impliquen la concreción de su existencia.
En este punto ya distinguimos dos niveles bien claros: los que dirigen y los que secundan.
La pregunta es entonces cómo llevar adelante los emprendimientos sin una serie de capacitaciones previas ¿Podrá ser gerente quien no ha aprendido nada, o no conoce los conceptos elementales de su existencia? El requisito siempre será idoneidad pero, por sobre todo, responsabilidad en los actos de dirigir, mediante precisas órdenes, a otros.
Para decirlo claramente, deberá exhibir méritos. Que es, en pocas palabras, la necesaria capacitación propia y conocimiento de hechos cotidianos y sus fundamentos.
Decir mérito es hacer referencia a un valor, base imprescindible para cualquier realización con pretensión de sobrevivir. El mérito es la herramienta imprescindible para el desarrollo, personal o de grupo, necesaria para concretar y hacer subsistir una idea.
Desde el tiempo en que se consideraba como premio, por la necesidad de alimentación de entonces, haber cazado un mamut hasta estos días, en que sentimos como triunfo haber sido más sagaces que la inteligencia artificial (y verdaderamente limitada) de las máquinas, aunque no lo mencionamos, percibimos el concepto irreemplazable de mérito.
Superar una marca establecida, alcanzar un resultado superior, mejorar conceptos, implica mérito. Estar más capacitados en lo personal o conseguir un mayor bienestar, también está incluido en el esquema que se alimenta de la idea de ser merecedor.
La dignidad de la vida reside en la superación. Merecer es la razón de ser de la civilización.
Negarlo, intentar justificaciones para no mejorar, no sirve. Más aún, perjudica.
Comprenderlo es un mérito.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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