La deuda educativa

Editorial 02 de octubre de 2021 Por Redacción
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Aún no es posible mensurar el perjuicio que las restricciones adoptadas por los gobiernos de todo el mundo para desacelerar el ritmo de contagios por Covid han provocado a una generación de estudiantes de los distintos niveles educativos. Lo que está claro es que el costo es altísimo y quizás la deuda nunca se termine de pagar. Por cada día de clases que hizo perder la pandemia en Europa, en Latinoamérica se perdieron tres, un dato que también marca la (mala) calidad de la gestión de la crisis sanitaria efectuada por los países de nuestra región. 
Puntualmente, y de acuerdo a datos de la Unesco, en el primer año del Covid-19 en América Latina se perdieron 158 días de clases en promedio y en Europa sólo 50. La directora general de organización, la francesa Audrey Azoulay, aseguró que más de 500 millones de alumnos en todo el mundo no pudieron aprender a leer y escribir o empezar la escuela por la crisis educativa que originó la pandemia del Covid-19.
En la Argentina de estos días que transita un período electoral, los analistas entienden que la pérdida de votos del Gobierno nacional obedece a numerosos factores, entre ellos el haber mantenido las escuelas cerradas durante prácticamente todo el ciclo lectivo del 2020. El daño causado a los chicos aparece, a esta altura, como irreparable. 
La investigadora del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, Alejandra Cardini, señaló en una entrevista con la agencia Noticias Argentinas que empiezan a aparecer cifras muy alarmantes sobre un sistema educativo que estaba fuertemente endeudado antes de la pandemia, que tienen que ver con el aprendizaje y el abandono.
La especialista repasó, durante esa charla, que el Banco Mundial hace una estimación que podrían ser 7 de cada 10 chicos los tendrían problemas de lectura después de la pandemia. En este marco, advirtió que antes que estallara el coronavirus, la mitad de los chicos de 15 años de la Argentina estaban debajo del nivel mínimo de aprendizaje de lectura. Al respecto, se estima que se podría llevar ese número (7 de cada 10) en un escenario optimista a un 62 por ciento y un escenario pesimista a un 73 por ciento.
Septiembre es el mes de la educación, se afirma en la Argentina, porque se celebra tanto el Día del Maestro, como del Profesor y del Estudiante. Este año la celebración fue agridulce: el foco estuvo puesto en la cuestión de la deserción. Para enfrentarla, el Consejo Federal de Educación anunció un fondo de 5.000 millones de pesos.
En 2020, el 22% de los jóvenes de entre 15 y 17 años estaban fuera de la escuela, según una estimación de CIPPEC y el BID. Pérdida de aprendizajes, deterioro de la situación socioeconómica y desgaste de salud psicológica de los adolescentes conformaron un golpe muy duro a las trayectorias educativas, sobre todo en la escuela secundaria.
Para prevenir el abandono, desde CIPPEC sugieren desarrollar sistemas de alerta temprana (SAT), una herramienta clave para proteger las trayectorias escolares. Un SAT se basa en la identificación de factores específicos que contribuyen o anticipan el abandono. Estos indicadores permiten organizar acciones para apoyar la permanencia en la escuela, explica un informe elaborado por Alejandra Cardini y Juan Cruz Perusia. En Argentina hay algunos desarrollos incipientes, pero su implementación requiere acelerar la consolidación de los sistemas de información para la gestión educativa a nivel nacional y de las jurisdicciones, para que reporten datos de calidad a nivel del estudiante, con registros individualizados y digitalizados.
Por ahora, urge normalizar el dictado de clases presenciales y el sistema de evaluación para garantizar aprendizajes mínimos. Así como la escuela no fue prioridad el año pasado, ahora debe ser lo urgente y lo importante. 





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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