Sensaciones y sentimientos

Sociales 21 de septiembre de 2021 Por Redacción
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LETRAS DE ALTA CALIDAD: EL ANTIGAL

POR HUGO BORGNA
La calificaron de “rara” y de difícil de entender. Puede ser que tengan razón.
Si bien la metáfora (el mayor recurso poético) ya estaba presente en las iniciales zambas (“dame a beber en tus ojos dos tragos de sombra de tu corazón”, “jacarandá que al morir me dejó como una cruz carnal”), la llegada de El Antigal fue un hito imborrable, y se convirtió en clásica, un desafío para los buenos cantantes.
“En tus viejos brazos se quedó el ayer / rescoldo del alma arisca que se fue / el tiempo en tus manos solas / quedó tendido sobre la luz, / sangre reseca en la mañana / llorando siglos a la voz del sol / el grito inca estremeció el dolor.”
“Silencio descalzo por tu cuerpo va / las piedras al viento le roban la sal / los grillos duermen la tarde / oro desnudo del cerro atrás / cavó una boca de tu noche / el oscuro acero de tu negra piel/ para dormirse entre la soledad”.
“El antigal” tiene una letra que en sí misma es una metáfora (Ejemplo: “Los lagos de tu cara estaban desbordados”). Constituye un texto digno de ser analizado en talleres literarios. Pero ese preciado recurso poético tiene una clave para ser entendido: menciona indirectamente lo que nombra y, tras un pequeño ejercicio de comprensión queda claro a qué se está refiriendo.
La zamba continúa así: “Llorando el calor del llanto del indio / en un manantial febril mojando el antigal / lluvia que viene de Dios / antiguo cansancio y lento su andar / tiene una lanza por el cardón / y en sus espinas dejó las manos / para la sangre con otro color / y al rayo loco dio su corazón”
El lector que ha llegado hasta aquí merece que se le responda la pregunta básica: ¿qué es un antigal? Hubo quienes dijeron que son los añosos cementerios indios, pero es una respuesta incompleta; antigal proviene de “antiguo” y son, por lo tanto, los restos de las civilizaciones que nos precedieron, en especial de los incas. Se puede definir aproximadamente, entonces, que configura un “conjunto de restos antiguos.”
La letra escrita por Ariel Petrocelli (“Para ir a buscarte”, “Zamba del ángel”, “El seclanteño”) para “El antigal”, continúa con las estrofas que siguen.
“El destino de tu nombre fue final / y la luna aquella ya no alumbra más / la hembra cerró su vientre / y por la frente se desangró / dejó sus huellas hacia el norte / buscó camino para allá morir / y como madre lloró también su mal.
Ronda por adentro el amo sideral / anda por tus venas y desde que se fue / levanta tus ojos negros/ para cubrirte muerto y leal / clavó su pecho en la roca / como una herida sin gritar su voz / se oyó en el cielo hecha una maldición”. “Llorando el calor del llanto del indio…”
Muchos hemos conocido los antigales. Son los que se visitan en los viajes al noroeste y que con tanta veneración recorremos, invadidos del intenso pasado que reclama protagonismo en nuestra permanente esencia.
Aunque Cachi es en sí mismo un profundo antigal, es sólo una parte de la herencia de los grandes antepasados, tal vez no asumida del todo por quienes hoy -nosotros- ganados por la engañosa visión de paraíso que representan la ciudades desarrolladas e importantes. Pero, volvamos a “El antigal” y a su aparente dificultad de comprensión.
Si leemos su texto con calma, paciencia y aprecio por la poesía lograda, el pensamiento lógico será tan iluminador y vigente como el brillo siempre amigo del amo sideral. Habremos comprendido, “fácilmente”, el mensaje de “El antigal.”

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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