El sabor del reencuentro

Deportes 13 de septiembre de 2021 Por Néstor Clivati
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FOTO LA OPINIÓN EN EL MONUMENTAL.  Néstor Clivati en el triunfo de Argentina ante Bolivia por 3-0, la noche que Messi la 'descoció'.
FOTO LA OPINIÓN EN EL MONUMENTAL. Néstor Clivati en el triunfo de Argentina ante Bolivia por 3-0, la noche que Messi la 'descoció'.

Salgo por Udaondo algo aturdido por diversas razones que no solían habitarme desde muchos años a esta parte; cosas que suelen pasarles a los mortales, las mismas por las que atraviesan aquellos que no han tomado este camino de cronistas, a veces llamados a ser refutadores de leyendas.
Es frecuente que los periodistas terminemos impostando un equilibrio que nos haga barrer bajo la alfombra, los reales sentimientos, cuando la profesión nos coloca en lugares de extraordinario embrujo y que, aun así, esos informes, tengan un cosmético que preserve esa imagen de templanza y objetividad, que la opinión publica dice destacar.
Es decir, una supina estupidez, digo, la de negar las lágrimas.
Acalorado por el ritmo de una caminata hacia Libertador para encontrar, antes que la multitud, un taxi que me acerque a Retiro para abordar sin opciones, el regreso a casa, voy recuperando momentos de una noche que estaba predestinada al olimpo.
Tal advertencia no impidió el asombro y ese fue el quiebre; lejos estaba que el mismo tuviera relación con la victoria de la Selección Argentina frente a su par boliviano, histórico cruce accesible en las eliminatorias, tampoco que, en ese contexto, algún jugador albiceleste se destacara en una noche inspirada, lo que pasó realmente, no guarda relación alguna con lo antes vivido y mucho menos con la envergadura del adversario.
Sigo buscando en esa memoria emotiva pero también selectiva, las más poderosas instancias de una jornada desapacible en Núñez, como si la llovizna se hubiera tornado, el marco ideal para una épica, algo así como la melancolía que Borges sintió en sus musas para describirla, como “una cosa que sucede en el pasado”.
A pesar que sigue prevaleciendo mi necesidad de alejarme del Monumental, después de la victoria por 3 a 0 de Argentina sobre Bolivia, no dejo de sentirme un privilegiado, un tipo de mucha suerte por haber contemplado una obra maestra del fútbol, en una noche mágica de Lionel Messi y un grupo de compañeros que todavía nos cuesta ordenar de memoria. Un partido que por siempre será recordado, no solo porque el ahora jugador del PSG, al anotar todos los goles, superó la línea de Pelé, como el máximo goleador de selecciones que fueron campeonas del mundo, hazañas estadísticas a las que nos tiene acostumbrado el genio rosarino, sino porque se volvía a reafirmar un pacto no escrito de amor indestructible, entre un líder y sus seguidores.
Pensé mientras llegaba a la emblemática estación de micros de Buenos Aires y rescatar de mi poco confiable disco rígido, que luego de más de 15 años de partidos jugados para la causa criolla, muchos de los cuales tuve el honor de presenciar en distintas partes del mundo y en diversas circunstancias deportivas, que sus lágrimas después de reversionar la premiación de dos meses atrás en el estadio Maracaná, no habían sido en vano.
Qué valió la pena atravesar esas tinieblas de un karma infame de finales perdidas, algunas de forma insólitas; que seguir reincidiendo casi al borde de la obstinación, tenía sentido y que a pesar de los memes describiendo con saña, su mala estrella, dejarse guiar por la intuición, fue un acierto. A todas esas conclusiones arribé, cuando ya estaba entregado al descanso reparador, una crónica a que ahora con el alma mas templada y como corolario de la misma agrego, hemos idolatrado en nuestro país a cada forajido, que hacerle un lugar a Lio Messi, es mas que un acto de estricta justicia, es nuestro deber.

VOLVIÓ A SONAR EL “DALE CAMPEON”

La última vez que esto sucedió, el mundo era otro; vi a Ruggeri con el Cholo Simeone en Quito, levantar este mismo trofeo que ahora en manos de Messi, se eleva hasta el parnaso. Claro que pasaron casi 3 décadas y con cierta paradoja, se repite acaso en el momento y entorno menos esperado.
Con un entrenador bisoño como Lionel Scaloni y en la desacreditada gestión de Claudio Chiqui Tapia a cargo de la AFA, el equipo nacional logró recuperar algo de esa bizarría de los años 80 y si a esto le adosamos, que en River se produjo el regreso de los espectadores luego de 18 meses de tribunas convertidas en verdaderos cementerios, ese grito de Dale Campeón, ofició de hilo conductor con en esos tiempos de los años felices.
Le toca a esta generación de futbolistas transitar un momento de gloria, tan negado a la anterior, y sentar las bases hacia un futuro inmediato: para honrar el título reciente, este grupo parece tener claro que hay que seguir, más que mirar atrás. Para eso, seguro, sirven estos seis puntos cosechados en esta triple fecha de eliminatorias, a la espera de que se decida en los escritorios que ocurrirá con el episodio de San Pablo. Pero eso, a esta altura, no depende de ellos. Tampoco ese incidente, se plasmó en esa noche, los desvió del objetivo. El mismo que persigue su emblema ante cada rival, se llame Bolivia o King Kong: ganarle. Un gesto del más puro amateurismo en medio de un fútbol cada vez más exageradamente mercantilista.
En pocas semanas se volverá abrir otra ventana de 3 partidos para poner al día este camino clasificatorio para el Mundial Qatar 2022 y tenemos la sensación que ya nada será igual que esos días de indiferencia y frustraciones. Aventurarse en medio de la euforia, es otro de nuestros pecados y este maravilloso juego de la pelota, suele castigarlo cruelmente, con lo cual, vamos a seguir analizando la evolución del juego y los reflejos de sus mentores, para juntar mayores certezas.
Eso sí, el sentimiento esta intacto y esa victoria, fue una goleada abrumadora.

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