Corín Tellado y su propia novela

Sociales 07 de septiembre de 2021 Por Hugo Borgna
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CORIN TELLADO

 No fue su intención.
Sin embargo, su vida mereció estar en una novela.
Vamos a contarla de un modo informal, apartándonos del estilo clásico de la narrativa. No empezaremos desde su fecha de nacimiento, ni seguiremos sus hechos cronológicamente.
Corín Tellado llegó a cumplir 81 años. Paradójicamente, esta prolífica escritora con más de cinco mil títulos publicados -declarada por la UNESCO como la autora más leída en castellano después de Cervantes- debió cerrar su último libro en el 2009 debido a un accidente cerebro vascular.
Se vivenciaba a sí misma como una muchacha “muy vergonzosa, muy tímida, que ni siquiera jugaba en los recreos”, pero una compañera la recordó como una adolescente “muy lanzada, que montaba su bicicleta cuando estaba mal visto y que fumaba cigarrillos a escondidas”.
¿Por qué adoptó Corín Tellado ese nombre autoral?
María del Socorro Tellado López nació el 25 de abril de 1927 en el municipio de El Franco (Asturias). De pequeña la llamaban Socorrín, y de allí -por simplificación- estableció su nombre artístico como Corín Tellado, habiendo llegado a tener una colección propia (así llamada) de los exitosos minilibros Bruguera en las décadas de los 50 y 60.
A los 18 años, debido al fallecimiento de su padre, la familia empezó a tener problemas económicos. Se puso ella en contacto con Editorial Bruguera, que por entonces estaba buscando nuevos autores, y en octubre de 1946 le publicaron su primera novela (“Atrevida apuesta”) por la que le pagaron una cantidad importante de pesetas en esa época y la incluyeron, más tarde, en su nómina de escritores de la editorial. Por entonces, Corín Tellado, que presumía de terminar una novela en poco más de dos días, fue muy prolífica desde los comienzos de su carrera. Como se recuerda actualmente, eran novelas románticas de unas cien páginas de una colección de bolsillo.
¿Eran las suyas las clasificadas entonces “novelas rosa”?
Corín Tellado declaró “No soy romántica ni escribo novelas románticas. Soy positiva y sensible y escribo novelas de sentimiento, que no es lo mismo (…) la novela puede ser sentimental, no me molesta que la encasillen en la novela rosa (…) pero la denominación “rosa” proviene de cuando las tapas de la novela eran de ese color. El amor nunca pasa de moda y aunque mis novelas puedan parecerse entre sí, todas son diferentes. El desamor es lo que más está presente en ellas”
Transcurren sus historias en la actualidad y no en otras épocas, como las similares de otros orígenes europeos. Le gustaba mostrar los prejuicios y presiones a que debían enfrentarse mujeres y hombres.
La novela de su vida tuvo villanos (O, mejor dicho, villanas). Una fue la Editorial Bruguera, que, habiéndola ligado por 24 años en exclusividad, y a pesar de contar con abundantes novelas inéditas, reeditaba las demás bajo diferentes títulos sin consultarla.
Otra villana fue la censura franquista, que le exigía que sus obras terminaran todas en boda, y rechazaba aquéllas que “decían las cosas claras”. Aprendió entonces “a decir lo mismo pero con sutileza, así nunca dejé nada por decir.”
“He sacrificado mi vida a la literatura”, dijo, “Me hice daño a mí misma. Pero dejaré de escribir cuando me caiga la cabeza sobre la máquina. Yo no me rindo”
Su vida fue una novela, aunque haya intentado crear la imagen del no-vivir. Sin etiquetas. Un modo de literatura prendido en hojas profundas hechas de piel.
Desarrolló historias que consideró “ajenas”. Pero la que hace nacer la ficción es siempre la vida.

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