La industria argentina

Editorial 02 de septiembre de 2021 Por Redacción
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En la Argentina hay tantos debates que están abiertos y a la vez estancados como una muestra dolorosa de la incapacidad que tenemos para alcanzar acuerdos. No hay voluntad política siquiera de sentarse a construir sobre las coincidencias para al menos avanzar en el modelo de un país inclusivo con bienestar para todos. En la campaña electoral se caen las máscaras  de los candidatos que hacen lo imposible y el ridículo también en busca de votos. Una aspirante a legisladora nacional que procura captar el apoyo de los jóvenes habla de disfrutar de la vida a partir del sexo como un escape a la felicidad mientras el Presidente incorpora a la agenda pública, con las mismas intenciones, la cuestión de una posible legalización de la marihuana en cuanto a tenencia y consumo, quizás al estilo Uruguay. El asunto se tornó más espeso cuando otra candidata del principal espacio opositor tuvo una intervención poco feliz y algo confusa cuando trató de diferencia lo que es el consumo de sustancias problemáticas en una villa o en los sectores acomodados. 
Como planteó el reconocido periodista Gerardo Tato Young en una de sus columnas en radio Mitre, la discusión electoral enfocada a la juventud se desliza hacia ejes como el sexo, el consumo de marihuana y la música emergente, que tiene entre sus actores al cantante L-Gante, pero no se habla sobre educación y trabajo. Triste destino tendrá un país cuando equivoca los caminos para alcanzar el desarrollo con equidad y una economía que derrame beneficios para todos, sin excepciones. 
Uno de los debates inconclusos gira en torno a la industria argentina: cómo hacer para que sea más competitiva y partir de eso crezca, genere empleo de calidad y se proyecte con más fuerza hacia el comercio exterior. Precisamente hoy se celebra el Día de la Industria en recuerdo de la primera exportación de productos elaborados en el país -en Santiago del Estero- cuando aún era territorio de la corona española, en un lejano 1587. 
La presión fiscal, la falta de financiamiento, el cambio constante en las reglas de juego de la economía, la intervención en el mercado de cambios con los cepos que restringen el acceso a los dólares o el envío de giros al exterior, la dificultad en la compra de insumos en el exterior conforman un cóctel demasiado complejo para la arquitectura de la industria nacional. Y en este marco, el debate entre librecambistas y proteccionistas se extiende hasta nuestros días. Hay sectores más dinámicos que soportarían una apertura de la economía, pero otros muchos no están en condiciones de sobrevivir en un mercado sin un grado de protección. 
El sector agroindustrial afirma estar en condiciones de generar más empleo y seguir aumentando la producción en forma sustentable, pero para ello necesita que se fije una "agenda para el desarrollo del campo", señalaron referentes del sector en un encuentro organizado por IDEA en Rosario la semana pasada.
Lo que está claro es que la industria transita por estos días la senda de la recuperación, con aumentos de producción y también de sus niveles de empleo. Pero en el caso de la industria automotriz apenas incrementó el ritmo de trabajo por mayor demanda encontró un cuello de botella por la falta de insumos importados.  
La industria argentina se recupera, es lo que aplauden los funcionarios, pero en los últimos diez años no creó prácticamente empleo genuino. Alcanza un determinado tope y no crece más. El sistema educativo obsoleto también es una traba para incorporar trabajadores calificados. Se trata de tarea pendiente que está a cargo de los gobiernos, que en campaña prioriza la música, el sexo y legalizar a marihuana. 






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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