Recordando a Raoul Wallenberg en su centésimo noveno cumpleaños

Información General 05 de agosto de 2021 Por Redacción
Raoul Wallenberg -otro aniversario sin respuestas-. Coincidiendo con el centésimo noveno aniversario de su nacimiento (4 de agosto de 1912), me gustaría reflexionar sobre el grandioso legado de Raoul Wallenberg, uno de los más grandes héroes del siglo XX.
RAOUL WALLENBERG


Por Baruch Tenembaum*


Nací en Argentina, en el seno de una familia tradicional judía y, como tal, aprendí que uno de los principios cardinales del judaísmo es "hakarat hatov" (reconocer el bien). Afortunadamente, ni yo ni mis seres queridos hemos sufrido la difícil situación del Holocausto, pero este trágico capítulo me ha marcado por toda la vida.
Una de las lecciones que he aprendido de la historia es que la "banalidad del mal" de los nazis y sus secuaces (un término acuñado por Hannah Arendt) fue confrontada por decenas de miles de mujeres y hombres que optaron por no quedarse de brazos cruzados frente a la crueldad, a menudo, poniendo sus propias vidas y las de sus familias en peligro de muerte.
Teniendo esto en mente, fundé la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, una ONG de alcance global con la misión de preservar y difundir el legado de Raoul Wallenberg y de personas como él que salvaron vidas en el Holocausto, el genocidio armenio y otros capítulos trágicos de la historia. Hoy, la fundación está dirigida por mi amigo Eduardo Eurnekian, quien como yo es argentino pero descendiente de sobrevivientes armenios.
Coincidiendo con el centésimo noveno  aniversario de su nacimiento (4 de agosto de 1912), me gustaría reflexionar sobre el impresionante legado de Raoul Wallenberg, uno de los más grandes héroes del siglo XX. Como descendiente de una de las familias más poderosas de Suecia, podría haber elegido una vida de comodidad y éxito profesional. En cambio, a la temprana edad de 32 años, se sumergió en una fatídica misión que terminaría salvando las vidas de decenas de miles de judíos húngaros y eventualmente lo llevaría a su propia tragedia personal.
Como emisario oficial de Suecia y con el respaldo de la Junta de Refugiados de Guerra de Estados Unidos, llegó a Budapest el 9 de julio de 1944 y en 184 días, logró establecer una operación de rescate impresionantemente bien orquestada diseñada para salvar las vidas de la comunidad judía restante en Hungría.
Gracias a su devoción, capacidad organizativa, ingenio y audacia, logró salvar de la muerte a unas 100.000 personas inocentes. Lo hizo mediante el establecimiento de casas francas (protegidas por la bandera sueca) y el diseño y distribución de los Schutzpasses suecos (desprovistos de toda validez legal) que brindaban protección a sus poseedores. Sabía cómo engatusar a personas claves del gobierno húngaro y no dudaría en sobornar o amenazar a los funcionarios que se mostraban reacios a cooperar con él. Testigos presenciales nos dicen que, en varios casos, llegó a lugares donde los judíos eran detenidos para deportarlos o ejecutarlos de inmediato, exigiendo a los nazis que los liberaran de inmediato, ya que "eran ciudadanos suecos".
A fines de 1944, Wallenberg comprendió que el frente húngaro de la guerra estaba llegando a su fin. Preocupado por el futuro de los refugiados judíos, organizó una reunión con Marshall Rodyon Malinovsky, comandante de las fuerzas soviéticas, con el objetivo de negociar este tema.
Sin hacer caso de los consejos de sus colegas, dio instrucciones a su leal ayudante y chofer Vilmos Langfelder para que lo llevara a Debrecen, al cuartel general militar soviético. Su reunión con el mariscal Malinovsky iba a celebrarse allí el 17 de enero de 1945.
En lugar de reunirse con su interlocutor de alto rango, Wallenberg y su ayudante fueron arrestados por la SMERSH (Unidad de Contrainteligencia del Ejército Rojo) y trasladados a la prisión de Lubyanka en Moscú. En ese momento, los rastros de ambos hombres simplemente se desvanecieron de la faz de la tierra.
Lamentablemente, las autoridades suecas y los poderosos parientes de Raoul aparentemente hicieron muy poco para sacarlo de su cautiverio. Según un artículo de Susanne Berger y Vadim Birstein publicado en The Jerusalem Post el 17 de abril de 2020, se cree que el gobierno sueco estaba más interesado en lograr un acuerdo comercial con Stalin que en liberar a Raoul. Aparentemente, los suecos temían que colocar el tema de Wallenberg en la agenda bilateral pudiera frustrar las negociaciones comerciales en curso con los soviéticos.
En lo que respecta a la influyente familia Wallenberg, vale la pena señalar que durante la Segunda Guerra Mundial, su enorme conglomerado tuvo relaciones comerciales tanto con los aliados como con los nazis. En ese momento, las operaciones del grupo estaban dirigidas por Marcus y Jacob Wallenberg (primos hermanos del difunto padre de Raoul). El primero trató con los aliados y el segundo con Alemania, vendiendo materias primas esenciales para su maquinaria de guerra. En su libro - The Art of Cloaking Ownership (El Arte de Encubrir la Propiedad), los autores Gerard Aalders y Cies Wiebes afirman que la familia Wallenberg cooperó con empresas alemanas en un esfuerzo por evadir las sanciones después de la guerra. Los problemas mencionados anteriormente podrían haber influido en el enfoque pasivo de la familia hacia el cautiverio de Raoul.
Espero que las autoridades rusas algún día permitan el acceso sin restricciones a los archivos relevantes de la guerra, ya que podrían arrojar luz sobre el destino de Raoul Wallenberg. Sin duda, no se debe culpar a Rusia de hoy por los actos de Stalin, pero definitivamente podría ayudar a poner fin a esta tragedia.
Raoul Wallenberg fue uno de los más grandes humanitarios de la historia del mundo y, si es posible, sus restos mortales deberían ser devueltos a Suecia para que pueda descansar en paz junto a sus parientes más cercanos, en una tumba digna de un héroe.

*El escritor es fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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