Sensaciones y sentimientos

Sociales 13 de julio de 2021 Por Redacción
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ESCRITURA

Por Hugo Borgna

ESCRITURA: LOS PÉRFIDOS LUGARES COMUNES
Están allí, con la mejor y más generosa predisposición para solucionar problemas. Puede decirse con justicia que son los boy scouts de la escritura.
Los lugares comunes están siempre al alcance del pensamiento. Con vocación de ayuda para quienes practican la escritura, tienen a su favor la síntesis más rotunda y la seguridad de un mensaje expresado con total precisión. Cuando se los menciona no hay confusión posible en la idea o imagen que se pretende enviar.
Sin embargo (y ésta también es un lugar común) soportan una inocultable objeción, incluso en mensajes hablados. Hay quienes desean comunicarse siempre con propiedad, son los que están a un paso de ser escritores; unos y otros aman la idea de expresarse con personalidad.
Falta identificar a los culpables de ser nombrados como lugares comunes (sospechosos, por lo menos). Son esas expresiones que surgen como irreemplazables a cada momento.
Muchas veces se parecen a los refranes o son el modo de decirlos. En realidad los refranes surgen y perfeccionan a partir de un lugar común (“Más vale prevenir que curar”, “Al que madruga, Dios lo ayuda”, “No hay dos sin tres”, “Agua que no has de beber, déjala correr”) En estos casos aportan soluciones muy prácticas cuando se tiene la duda de cómo obrar.
Algunas veces contradicen a otros, (“No por mucho madrugar amanece más temprano”, “La tercera es la vencida”) eso es consecuencia de surgir de los humanos, especialistas en improvisar los actos de su vida, pero como esta cuestión no parece tener solución por el momento, sigamos mencionado otra posibilidad de lugares comunes.
Refiere a los conjuntos de dos o tres palabras que tienen como objetivo dar precisión bien clara en la adjetivación. Las parejas que se casan van a vivir a una “hermosa casa”; cuando fueron novios se miraban a los “ojos azules como el mar”, y se enviaban textos prometiendo “besos y abrazos”, conformando esas efusividades un bloque indivisible. Los mensajes aéreos viajaban por medio de “blancas palomas” salvo, por supuesto, los días de “lluvia torrencial”
Queda aclarado que la telefonía celular, deseosa de simplificar, ha aportado también lugares comunes. Se envían “bs”, declaran que “tkm” (no me equivoqué, lectores, en lugar de poner “q” por ser la primera letra de “quiero”, escriben la inventada abreviatura de “kiero”).
Pero, volvamos a los lugares comunes; su esencia, naturaleza y función.
Expresiones como “bajar el pulgar” (era algo muy doloroso para quien lo sufría), “voraz incendio” (también “dantesco”), y el demoledor modo de descalificar a alguien diciéndole que es “sordo como una tapia” o “terco como una mula”, son muestras de lugares comunes guardados en el “casette” personal de cada uno y, para convencerlo, se le decía que debía “formatearse el rígido”.
Pero, ¿por qué en el título tratamos de pérfidos a los lugares comunes?
Veamos. Engañan porque hacen creer que son hallazgos (históricos, claro) cuando en realidad empobrecen el lenguaje y le hacen perder toda posibilidad de expresión propia. Estos “clisés” perdieron su antigua eficacia y se los escucha sin atención ni respeto. Por lo demás, son desaconsejables en escritos que competirán en concursos, sean literarios o similares.
¿Se puede salir de la trampa de esas frases hechas? Seguro que sí.
Como ejemplos se puede mencionar que la casa de la pareja en cuestión bien puede ser “amiga” o “contenedora”, y las “duras cuestas” pueden ser nombradas como “importantes desafíos”.
Un buen aporte para ser originales bien puede comenzar con no conformarnos con el pájaro en mano y, sí, reforzar el material del cántaro con que se va a ir continuamente a la fuente.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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