Otra vez, con los duendes del arco

Deportes 08 de julio de 2021 Por Néstor Clivati
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FOTO WEB EL FESTEJO. / Todos corren para festejar y abrazar a "Dibu" Martínez, la gran figura de la semifinal ante Colombia.
FOTO WEB EL FESTEJO. / Todos corren para festejar y abrazar a "Dibu" Martínez, la gran figura de la semifinal ante Colombia.
Con las manos todavía tibias de Emiliano Martínez, al contener el penal de Cardona, luego que se encargara también de parar, los remates de los otros colombianos Davinson Sánchez y Yerri Mina (una seguidilla con pocos antecedentes en la historia de este campeonato), la memoria nos transportó a otras hazañas que tuvieron a los arqueros albicelestes como héroes por un rato; la apelación al Vasco Goycochea en el mundial de Italia en 1990, cuando con su astucia y arrojo nos llevó a la final ante los alemanes, a Lechuga Roa cuando por su firmeza, Argentina eliminó a los ingleses desde el punto del penal para pasar a 4tos final en Francia 98 y las últimas imágenes todavía perdurando en las retinas, con Chiquito Romero, en una tarde gloriosa en San Pablo, evitando que fueran los holandeses los finalistas de esa copa disputada en Brasil en 2014.
Toda esa secuencia emotiva paso por la cabeza de los hinchas que vibraron en la medianoche del martes, con un final tenso y en una instancia, donde por los antecedentes en las ultimas dos décadas, los equipos argentinos generalmente, fracasaron en esas definiciones, a punto tal de perder 3 títulos a manos de Brasil en Lima y de Chile en sucesivas ocasiones en Santiago y Nueva Jersey, como parte de un karma, que cesó como tal, en el vació estadio Mane Garrincha.
Esa serie de penales, no solo será recordada por la trascendencia del premio, Argentina pudo alcanzar la 4ta final de Copa América en las últimas 6 ediciones, sino que lo anecdótico, ocupará por siempre un espacio en el disco rígido de toda la comunidad futbolera, ya que la actuación del todavía inexperto portero albiceleste, se llevó las miradas de todo el mundo, al utilizar recursos de intimidación pocas veces vistos en estas instancias de torneos internacionales.
Con una confianza ciega y un histrionismo al límite de lo permitido por el reglamento, a juicio de Javier Castrilli, el arquero argentino debió ser expulsado por el árbitro venezolano Jesús Valenzuela, por proferir algunos insultos contra los rivales ejecutantes y para otros jueces, una legitima acción psicológica, que los arqueros en esas ocasiones tan adrenalínicas, intentan para equipar las presuntas desventajas, Emiliano Romero jugador del Aston Villa y discípulo de Pepe Santoro en las formativas de Independiente, se quedó con todos los abrazos y sollozos en un final dramático.
Ese momento finito en la vida de un deportista, lo suele ligar para siempre al sentimiento de una afición y acuñar su nombre en la memoria colectiva, tal el impacto que, en nuestra gente, producen estos acontecimientos deportivos y que tienen conviviendo casi en el mismo espacio, a la gloria con el fracaso y que le arrancan a cada uno de quienes están expuestos a estos arbitrios del destino, reacciones impensadas, ya sea por lo genial o por lo absurdo.
Argentina como en tantas otras ocasiones, será protagonista de una final de este certamen centenario, sin que por ello deba tomarse como una epopeya esa condición, habida cuenta del poderío de sus recursos, sin embargo, como ya hemos analizado en los últimos años, la carencia de proyectos sustentables y de entrenadores consustanciados con las deportivas necesidades coyunturales, nos alejaron de esa primera línea que ostentábamos con gallardía y merecimientos sobrados.
Pasaron técnicos de fuste, muchos de los cuales supieron de alcanzar la gloria en distintos equipos de nuestro país y del exterior, pero ninguno, luego de Alfio Basile en esa sucesión de consagraciones en 91 y 93, lograron subirse al pedestal más alto del podio, dirigiendo al combinado nacional de mayores.
Pues bien, el sábado en el estadio Maracaná, templo del futbol mundial y porque no decirlo, redil de nuestras ultimas esperanzas y frustraciones (allí aquel seleccionado de Alejandro Sabella, dejó escapar una oportunidad histórica de ganar otro mundial y nada menos que en la casa del Scracht) este renovado plantel a cargo de un Nóbel jefe de equipo como Lionel Scaloni, buscará reacomodar parte de ese desorden estadístico, que nos incomoda y nos relega.
Son otros los nombres, algunos desconocidos, como efecto de esa renovación inexorable que tomó como desafío el entrenador santafesino, otros, integrantes de una segunda línea del futbol europeo y un grupo reducido de sobrevivientes de esas épocas de extraordinarios recursos individuales, en los que todavía reincide con un entusiasmo niño, el genio de Lionel Messi, quienes insistirán golpeando las puertas de la gloria.
Esas dos puntas de la madeja, son parte de este nuevo sortilegio, en una, el amor propio y la magia de un Messi en modo Diego y en la otra, un tal
Martínez, que en la noche de Brasilia, se encargó de convocar a todos los duendes del arco y de la rica historia de nuestros mejores tiempos.

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