El increible fraude de los niños cantores de la Lotería: una maniobra por $300.000

Policiales 11 de junio de 2021 Por Redacción
Tres días antes del sorteo contrataron un tornero y fabricaron la bolilla que los conduciría al premio mayor. Casi tienen éxito. Por unas horas tuvieron en sus manos los 300 mil pesos que entregaba la Lotería Nacional.
IMAGEN INTERNET PUBLICACION. Una de las tantas que citó lo ocurrido.
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La historia de los delitos cometidos en la Argentina permite conocer detalles de los mismos, y algunos resultan increíbles en cuanto a su preparación.
Hoy se recuerda que en 1942 la Segunda Guerra Mundial era la actualidad, y que las tapas de los diarios argentinos estaban enteramente dedicadas al tema.
El 4 de septiembre de 1942, mientras el Ejército Rojo luchaba por sostener Stalingrado ante las fuerzas nazis, en la Lotería Nacional y ante la mirada de un salón repleto, los niños cantores anunciaban el primer premio. El 31.025 salía a la cabeza, se llevaba 300 mil pesos y ellos ya sabían a qué bolsillo iría: el suyo.
Tres días antes habían comprado ese billete. Era el fraude más grande de la historia.

LO OCURRIDO

-¡Trescieeentos miiil peeesos!–, gritó uno de los tres niños cantores que estaban en el escenario. A su lado, sus dos compañeros, permanecían erguidos junto a los globos de vidrio. En el más pequeño se mareaban las bolillas que indicaban los premios. En el más grande, se agitaban los números en el que la bolilla 31.025 jamás estuvo.
Eran poco más de las 11 de la mañana del 4 de septiembre de 1942 cuando, en la sala principal del edificio de Lotería Nacional, los globos sorteadores se llenaron como siempre. Las 250 bolillas llegaron en bandejas de madera y bajo la mirada de un escribano. Recién ahí se volcaban dentro de los globos transparentes.
Y tal como oportunamente lo recordó Infobae, se impecable guardapolvos Nicolás Praino, el niño cantor de 18 años, esperaba el momento. En uno de sus bolsillos tenía la bolilla número 31.025 que había quitado de la bandeja minutos antes. En su lugar había colocado una falsa.
Su compañero, Miguel Navas, dos años mayor, había acercado la solución: un amigo tornero.
Navas le había encargado a Salvio Lancelotti, ducho con el torno, hacer una bolilla lisa para poder sustituir en la bandeja la que él tendría guardada en sus pantalones. Sin que se viera el número, bien podría ser la que faltaba.
Lancelotti practicó y preparó siete: la obsesión era con el color; debía ser lo más parecida a las auténticas. No eran las primeras que hacía. En el sorteo del 24 de julio ya habían probado el mecanismo con un premio menor. En esa oportunidad torneó dos: para el premio de 5000 pesos y para el número 25.977. Pero el sorteo de septiembre en el que se llevaron 300 mil pesos también había sido un ensayo: la mirada estaba puesta en el gordo de Navidad, cuando se sortearían 6 millones de pesos.

FRAUDULENTO Y
DETENCIONES

La Guerra Mundial seguía pero el tema ganaba un espacio en las portadas. "Ha sido fraudulento el último sorteo de la Lotería Nacional: hay detenidos que confesaron el delito", titulaba el diario La Razón en su quinta edición unos días después.
Al cabo de unas horas de interrogatorio, Navas fue de los primeros en confesar. La Policía allanó su casa y se llevaron 53 mil pesos. Los había escondido en el jardín. Otro tenía 28 mil en una alacena.
Los sospechosos eran nueve: el tornero y ocho niños cantores. Todos estaban detenidos, menos uno: Enrique Tambone, de 24 años, era el señalado como el cabecilla y estaba prófugo.
Tiempo después también fue arrestado.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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