Sensaciones y sentimientos

Sociales 04 de mayo de 2021 Por Hugo Borgna
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FOTOS Y FOTÓGRAFOS:
LA VIDA EXPECTANTE
“Un hombre y una mujer / riendo en el pasado / nadie podría negar / que son dos enamorados” (Antonio Prieto, “Retrato”)
Qué manera sonora de comenzar el artículo, ¿no le parece, lector?
“Retrato” es un bolero de la época más brillante del exitoso chileno, una secuela de ese impacto formidable que fue “La novia”. Pero, no vamos a salir del todo del contenido del testimonial retrato, que no es otra cosa que una foto.
¿Qué piensa, atento lector? ¿Puede ser que el texto haya surgido de la evocación de alguien que perdió su pareja? Y si la ha perdido, ¿fue por una separación o por algún hecho fatal?
Lo concreto es que un vínculo se ha roto definitivamente, pudiendo suceder también que esa foto motive luego una reconciliación muy deseada, con emotivo encuentro incluido.
¿Se dan cuenta de todo el arco de posibilidades que origina una imagen fotográfica? Y no diremos “simple”, porque la vida más compleja es la que se guarda en una imagen expectante, aunque, como todas las fotos, parezca sin movimiento. Queda asimismo por formular otra pregunta: ¿sabrá la persona que registró ese momento las consecuencias que a tiempo abierto están habitando ese documento? ¿participará esa foto de algún modo de felicidad o generará el lamento por un hecho trágico?
Los fotógrafos son seres dotados del poder de detener el tiempo. Ellos transforman la quietud en un espacio de espera y una emoción renacida cada vez que las fotos son vistas, tiempo después, por espectadores ajenos al momento.
Son artistas: crean el palpitar de lo estático, perciben emoción y la transmiten. Conocen la verdad final de la palabra momento. Saben que si no toman la foto en el preciso instante, el ámbito sería irremediablemente distinto. Habría cambiado para siempre: las hojas del otoño en movimiento viajan a otro lugar donde pueden inventar un nuevo paisaje.
También, es cierto, los fotógrafos deben soportar desventajas que podríamos llamar “operativas” respecto de las otras artes.
Los pintores tienen todas las posibilidades de recomponer colores o imágenes; los cuadros, antes de que se los considere terminados, pasan por innumerables filtros. El tiempo de ejecución, por otra parte, no tiene límites.
Los escritores, por su parte, pasan por benefactoras situaciones parecidas y con más facilidades aún. Olvidados de la exclusiva utilidad del cesto de los papeles antes de la informática (allí arrojaban con desprecio los textos que no los conformaban), ahora los acomodan a su gusto y paladar. Ya no los preocupa el “como” hacer, resuelven con libertad el “qué” escribir.
Aunque la tecnología también los ayuda, igual están limitados por el tiempo: la foto a concretar es lo que están mirando. Si no la toman, el motivo que los impulsó habrá desaparecido.
También es cierto que no todo lo que muestran las fotos son historias. Truncas o detenidas momentáneamente, esperan que un viento por llegar las salve de la condena de convertirse en pasado; definitivo, triste y abandonado. Para un fotógrafo sensible, la felicidad es también imagen quieta. Como ejemplo entre miles, están las de los casamientos, nacimientos, cumpleaños…
Y una circunstancia cantada que une música y alegría plena: la que dice Pipo Pescador en una canción de un emblemático Long play de los años setenta.
“En un papel quedó / la risa que me dio / cuando papá dijo “atención” / y un ojo nos guiñó”.

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