Protocolos y teletrabajo, nuevos modos en la escena laboral

SUPLEMENTO ESPECIAL 30 de abril de 2021 Por Redacción
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El mundo del trabajo se ve profundamente afectado por la pandemia mundial del virus. Además de ser una amenaza para la salud pública, las perturbaciones a nivel económico y social ponen en peligro los medios de vida a largo plazo y el bienestar de millones de personas según advirtió la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 
En este nuevo escenario, para el cual nadie estaba preparado, gobiernos, trabajadores y empleadores tienen un papel decisivo en la lucha contra el brote, pues han de velar por la seguridad de las personas y la sostenibilidad de las empresas y los puestos de trabajo. Y para ello se han adoptado protocolos cuyo cumplimiento no está bajo negociación. 
Así, a la espera del rescate por parte de la ciencia y la tecnología a través de una vacuna, hubo que apelar a técnicas y recursos de otras épocas. El barbijo social y el alcohol en gel o diluido 70/30 con agua se transformaron en símbolos de estos tiempos de excepción. El control de la temperatura corporal, el lavado de manos y la distancia social completan el kit de cuidados que encontramos en un olvidado botiquín sanitario para luchar contra enfermedades de rápida propagación.
Y el trabajo a distancia, hasta el año pasado de incipiente implementación en países desarrollados y de mínima aplicación en la Argentina, se convirtió de la noche a la mañana en una solución para reducir la circulación sin necesidad de paralizar la actividad económica. 
El especialista Juan Carlos Ayala (Licenciado en Administración, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires; Doctorando en Ciencias Económicas, Orientación Administración; ex Gerente de Recursos Humanos de CABAL; Jefe de la Cátedra de Administración de Personal en la Facultad de CCEE de la UBA) planteó que una vez más la pandemia puso en evidencia lo que estaba sucediendo y en el caso del empleo, aceleró el proceso de cambio que ya estaba sucediendo. Sin embargo, la velocidad del cambio no ha permitido avanzar de forma adecuada hacia una modalidad que de todas maneras iba a instrumentarse.
"El teletrabajo no se trata sólo de hacer en casa lo que hacíamos en forma presencial. Contempla una diversidad de elementos tanto en la formación y capacidades de las personas como en la infraestructura y procesos necesarios para llevarlo a cabo", define en un artículo en el que "propone reflexionar sobre lo sucedido y los desafíos que tienen las organizaciones para adaptarse, transformarse y consolidar un cambio que ya estaba en proceso y aceleró su implementación.
Desde la consultora porteña GEO Estudio y Opinión, Ayala consideró que el home office es "un proceso acelerado por la pandemia que pone a prueba la capacidad adaptación y aprendizaje organizacional y personal". "La irrupción de la tecnología en el mundo del trabajo con sus efectos y consecuencias no es un tema novedoso y original. Lo singular es su ocurrencia. Se trata de un acontecimiento que sin duda va a dar lugar a profundas transformaciones en las estructuras y en las relaciones tal como ha ocurrido siempre en todas las crisis humanitarias. Podríamos hasta inferir que las mutaciones se producirán sin mediaciones y los comportamientos post pandemia se tornarán idénticos", sostiene. 
Las transformaciones, los cambios, las mutaciones, se producen y se producirán. Es una tendencia y no se pueden desconocer las tendencias. Lo que pasa en la actualidad es que se aceleró lo que era un proceso irreversible y lo hizo de una forma violenta y sin pausa. Y vino para consolidarse y quedarse!, puntualiza Ayala. 
Para el teletrabajo, es importante tener en cuenta cuáles son las competencias que debe poseer el teletrabajador y se pueden señalar como características importantes: la autodisciplina para trabajar sin necesidad de supervisión directa, el buen manejo de las tecnologías de la comunicación e información, la capacidad de manejo del tiempo, la autodisciplina para organizar el trabajo, la capacidad para trabajar por objetivos y la aptitud para trabajar con equipos virtuales. En términos de infraestructura, para llevar eficientemente su tarea el teletrabajador debe contar con una computadora con todas las actualizaciones, una conexión eficiente y segura, un espacio físico propio y adecuado y un espacio familiar vivible.
"Esta forma de empleo redundará en ventajas considerables para el teletrabajador dentro de las que podemos destacar: conciliar el ámbito laboral con el familiar, reducir los gastos de transporte y vestimenta, reducir el stress por puntualidad, mejorar la alimentación y posibilitar dar trabajo a las embarazadas, a los padres con hijos pequeños y a las personas con capacidades diferentes", remarca el especialista. También se afirma que producirá beneficios para los empleadores dado que les permite procurar acciones de responsabilidad social empresaria al posibilitar incluir a personas con capacidades diferentes que no puedan trasladarse a una oficina a diario, incluir a los grupos más vulnerados, reducir los gastos de transporte y vestimenta que paga la empresa, ahorrar los costos fijos que implica mantener una posición en una oficina y adecuarse a las demandas de los “millennials” y “centennials”.
En cuanto a las desventajas para el teletrabajador se advierte sobre el aislamiento, la pérdida del sentido de pertenencia, una probable reducción de oportunidades de crecimiento por tener menos contacto con las personas claves de la organización, la posibilidad de generar una adicción al trabajo y dificultades en la visión.
Ayala concluye que el teletrabajo vino para quedarse, pero sus efectos o consecuencias merecen un tratamiento muy delicado para lograr un equilibrio en las relaciones entre las partes: el empleador y el empleado. Podemos decir entonces que "analizar los cambios a lo lejos puede ser visto como una comedia, pero sufrir los cambios de cerca puede ser visto como una tragedia".




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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