DETRÁS DE LOS COLORES

SUPLEMENTO RURAL 29 de abril de 2021 Por Redacción
Para algunos, especialmente por el cambio de tonalidades del follaje, el otoño es la estación más romántica. Detrás de lo visible, los colores de los árboles son la expresión de un cúmulo de estrategias de supervivencia no menos maravillosa que el paisaje.

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La mayoría de las hojas son de color verde por la presencia de clorofila, un pigmento que participa en el proceso de fotosíntesis.
Gracias a la clorofila, las hojas convierten la luz solar, el dióxido de carbono y el agua en azúcares que viajan por el interior de las ramas y las raíces para alimentar el árbol. La clorofila desaparece, los pigmentos naranjas y amarillos se dejan ver. Para que haya producción de clorofila hacen falta temperaturas cálidas y luz solar.
Por esta razón, es durante la primavera y el verano que la clorofila se descompone y se vuelve a formar.
Pero cuando los días se van acortando y las noches haciendo más largas, la producción de clorofila se va deteniendo hasta que la planta ya no la produce más, y eventualmente se queda sin clorofila.
Antes no los veíamos porque estaban "enmascarados" por la clorofila.
Según explica Mark Fischetti, editor de la revista Scientific American, los colores rojizos tienen otra explicación: a medida que se cierran las venas de las hojas con el comienzo del otoño, los azúcares quedan atrapados dentro de las hojas.
Cuando estos reaccionan con otras sustancias químicas en el interior de la planta, se forman los pigmentos rojos.
El momento en que cada planta empieza a mudar de color, cambia según la especie, pero la intensidad de los colores -hay años en que los colores parecen más vibrantes que otros- está vinculada al clima, sobre todo a la temperatura y la humedad.
Días cálidos y soleados con noches frías pero no heladas producen una gama de colores brillantes, porque más azúcares se quedan atrapados en la hoja.
Al cambio de coloración le sigue la caída de las hojas.
Magia del otoño está precisamente en el cambio de tonalidades de los árboles.
A medida que se van acumulando células en la base de cada hoja se van cerrando las venas que llevan los nutrientes desde y hacia las hojas, hasta que estas eventualmente se caen.
Así el árbol se deshace de sus hojas que de otra manera seguirían consumiendo el agua que la planta necesita para mantener sus raíces vivas durante el invierno.
Dicho esto, no todas las hojas de los árboles cambian de coloración y se caen.
El proceso complejo llamado “senescencia de las hojas” se dispara fundamentalmente por el alargamiento y la disminución de las temperaturas de las noches, factores que producen cambios metabólicos comandados por las hormonas vegetales.
Así comienza a formarse en la base del peciolo de las hojas, cambios celulares que conducen a la formación de una barrera que obstruirá la conexión con la rama. Luego, por la acción del viento o del propio peso la hoja cae en algún momento.
Entre el antes y el después se producen importantes transformaciones para aprovechar al máximo los nutrientes y sustancias que hay en la hoja y que migran hacia la parte leñosa del árbol, donde se almacena como reserva para el renacer de la primavera. Es un momento crítico, por eso es un lapso en que el árbol no debe podarse.
La clorofila de las hojas, ya no tiene recambio y poco a poco va desapareciendo el color verde. Entonces, aparece a la vista el color de un grupo de pigmentos que siempre están, pero la clorofila enmascara: los carotenoides.
Las hojas de color rojo se originan por la presencia de antocianinas, sustancias que actúan como antioxidantes y protegen a los tejidos de los rayos ultravioletas.
Las hojas de colores ocres deben su tono a los contenidos de taninos, sustancias remanentes del metabolismo, también enmascaradas por la clorofila.
Finalmente cae el follaje y así se completa el proceso de recuperación de nutrientes por la naturaleza, que también beneficiara indirectamente al árbol. Ocurre cuando una miríada de organismos emprende la tarea que termina con la formación de humus que enriquece al suelo.

A SABER.
Los colores otoñales están determinados fundamentalmente por la genética. A veces como los acer palmatun pueden presentar individuos que se tornan amarillos y otros rojos.
El factor ambiental es de gran importancia, otoños de días tibios y luminosos, de noches frescas y con adecuada agua en el suelo son los más brillantes.
Otoños ventosos y con suelos extremadamente secos reducen al mínimo el color otoñal, ya que en pocos días las hojas caen sin llegar a tomar un colorido notorio.
La insolación es muy importante para la formación de los rojos, otoños nublados lo producen con menor intensidad. Enrojecen mejor y más rápido las hojas expuestas al sol en el exterior de la copa, suelen aparecer copas de varios colores, amarillos en el centro, rojo en la periferia.
Las hojas se comienzan a colorear desde los márgenes hacia la base.
Hay que tener en cuenta que los rojos son más intensos en los individuos jóvenes.
Existen casos que las hojas ya secas y marrones permanecen largo tiempo sin caer.

Espero les haya interesado el artículo y ahora a dar unas vueltas y observar los colores de los árboles que ya comenzaron su senescencia. Hasta el próximo.

Ing. Agr. María Paula.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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