Aquellos pibes de barrio que habitaban los clubes

Información General 24 de abril de 2021 Por Redacción
La juventud se termina algún día, pero deja una huella indeleble en aquellos que la vivieron ligados a un deporte, a un club o a cualquier grupo de seres que se hicieron hombres en esas instituciones. El adiós a “Ruli” Yossen.
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BEN HUR 1977. El primer campeón del club en la máxima categoría de la ARB: Rubén Yossen, Jorge Chiabotto, Raúl Cagliero, Rubén Ferrario, Raúl Signorini, Jorge Cagliero y Anselmo Levrino (DT); abajo: José Miguel Castagno, Daniel Ré, Juan Bertola, Carlos Ambrossino, Hugo Meinberg

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Por Edgardo Peretti

Hace algunos días falleció Rubén Yossen. “Ruli” para nosotros, para la comunidad y para nuestra humilde memoria. No puedo decir que éramos amigos, aunque practicábamos esa relación que es muy nuestra: el saludo, la broma, el club, el boliche o el cruce en la calle. La amistad suele tener otros aportes, pero estas son formas cercanas. Tenía 61 años.
Como a todos los que el almanaque le esmerila diariamente el DNI, me puse a pensar que los tiempos son irremediables, que se terminan y que no existe mejor disparador para valorarlo que apreciar lo que pasa, y pasó, a nuestro alrededor.
Quizás por eso me acordé del “Ruli”, si hasta me vengo a enterar que su segundo nombre era Eladio, detalle que nuestros tiempos solía estar reemplazado por el uso del apodo.
Y en esta memoria lo tengo como a un chico (sí, voy a utilizar ese término en todo este espacio por unilateral e inapelable decisión propia) de porte físico importante, apasionado del básquet y, además, amigo de mis amigos.
Formó parte, como todos nosotros, de esa camada de chicos y jóvenes rafaelinos que disfrutamos los años setenta a todo deporte, no importa cuál ni la aptitud que teníamos para ello, sino aquellos que nos juntaban y servían para conformar un compromiso en base a una actividad que nos disciplinaba toda esa rebeldía de la época.
Eran tiempos donde los que jugaban al básquet soñaban con las canchas techadas que llegarían con el correr de la década a los clubes locales o con el quimérico parquet que sólo veíamos en las imágenes que alguien conseguía de la NBA. Tiempos de las zapatillas “Flecha” de caña alta, de las “Pampero” (luego Topper) y de las medias Caliga (esas que tenían una banda de color encima de los tobillos). En ese momento, lejos de la locura mediática que hoy nos impone condiciones de vida, el ejemplo a seguir era Carlos “Chocolate” Raffaelli, quien llegaría a los máximos niveles de la época. Eran momentos de pensar en un mundo mejor. Y el deporte era un camino adecuado.
Para ayudar a mi trabajo le pedí ayuda a Daniel Yachelini, quien me mandó datos y es propietario de la fotografía que acá ofrecemos. No le di mayores detalles, simplemente le mencioné que siempre es un buen gesto entregar un mimo, una caricia al alma, a la familia de quien compartió tiempos con nosotros y ya no está.
Por supuesto que en este momento de duelo es difícil generar algo que ayude a mitigar el dolor, pero estoy convencido que es un pequeño aporte para sobrellevar el momento.
La imagen que reportó el diligente “Yaco” (Daniel Yachelini a los fines que hubiere lugar) es todo un símbolo. Es el equipo de la Categoría Infantiles de Ben Hur de 1972 y retrata al elenco ante el tablero que da a la calle Saavedra en la cancha al aire libre de la BH en su tradicional sede. Detrás se advierte la parte alta del Colegio Nacional.
Allí aparece Rubén “Ruli” Yossen, Daniel Yachelini, Alejandro Mognaschi, Sergio “Fiti” Zenklusen y Atilio Pignoni – en la parte superior-, completando los hinchados Juan Berca, Rodolfo Berca (fallecido), Daniel Bima, Carlos Sánchez y José Miguel Castagno.
Por razones que desconocemos, falta el DT, el profesor Anselmo Levrino, uno de los grandes responsables de la historia del básquet en la ciudad y respetado referente de varias generaciones de jugadores.
Más allá de la foto, no me quedan dudas que los vientos se devoraban las ansias, las ganas y la pasión propia de la edad de estos pibes que tenían toda la vida por delante bajo la guía de esa pelota mágica que todos pugnaban por ingresar en el no siempre amigable aro.
Hoy, el devenir de los dolorosos y conflictivos tiempos nos lleva a ejercer otras miradas. Un abrazo grande a la familia del querido “Ruli” y que su paso al otro plano sea con la misma pasión que anduvo por este.
Me lo quiero imaginar llegando a Ben Hur, corriendo por esa cancha exterior que tantas cosas contaría si pudiese, pidiendo una pelota y buscando un compañero, mientras que en un rincón el querido Beto lo mira apoyado en su bicicleta, con su propia “naranja” bajo el brazo, con esa sonrisa sincera que sólo los puros de corazón pueden ofrecer.
Que descanses en paz, “Ruli”. En nombre de la generación, de tus amigos y de todos los que te conocieron.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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