Melody siempre vive en el corazón

Información General 17 de abril de 2021 Por Redacción
De todas las cosas que suceden en nuestras vidas, muchas se van al olvido, pero otras -las más valiosas-, se quedan para siempre. Puede ser en lo material, dicen, pero estoy convencido que es en los sueños o en el balcón que da a la plaza.
FOTO ARCHIVO// TODA UNA POSTAL. Daniel y Melody bajo cualquier lluvia, en el mejor de los mundos.
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Por Edgardo Peretti

Se hace larga la cola en el banco. Estos bichos codiciosos la hacen fácil solo para un único lado. El tiempo se aburre, los ojos se cansan y el cálculo de lo que nos vamos a llevar ya lo hicimos mil veces. Mejor no repetirlo. Festival de quejas, cuerpos gastados y un millón de ojos que se zambullen en las pantallas titilantes de los celulares que ofrecen magia barata. Debe ser la famosa soledad de la multitud y sus consecuencias. ¿Cuándo me tocará a mí?, me pregunto. Nadie está exento. Miro hacia la plaza. Poca gente y algunos que corren tras el calendario en busca de los cuerpos perdidos; otros, lo hacen por salud. Vaya uno a saber. Pasa “Cosito” y me dice que el sábado el partido en el Parque Balneario se adelanta para las dos y media porque hay una doma, que ataja el “Galfo” y que el Negro va conmigo en la defensa, que decidamos nosotros quien cubre la cueva. Estos cambios no me gustan porque últimamente no puedo correr ni a mi vieja en chancletas. El “Galfo” labura en el banco, así que cuando lo vea le digo, o le pido al “Yaco” que le avise. Me quedo mirando hacia la plaza y los veo. Una parejita, no más de doce o trece años cada uno; corren juntos, tratando de escaparle a la lluvia. El tiene un saco de escuela y corbata floja; ella, con el uniforme oscuro y los cabellos que hace tiempo abandonaron las colitas para caerse en cataratas sobre el rostro de nena. El pibe la cubre con el portafolio (¿o será una cartera grande?) y los dos se ríen y siguen el hilo de una canción que se escucha en volumen diverso. La conozco, me resulta conocido pero no tengo oído para el inglés. Tengo que darle la razón a Mrs. Prósperi que me decía que mejor me dedique a escribir en castellano cuando nos escuchaba destripar “California Dreamin” en idioma original; se ve que sabía dónde me ganaría el mango en el futuro. La profesora de Literatura pensaba diferente, aunque el Quique Corredera me decía que insista que todo llega. No sé si refería a las letras o al balance que nunca terminaba. Gran tipo. Cuando vuelvo de mi viaje del país de lo imaginable, miro hacia la plaza y los chicos ya no están, aunque me queda la duda en pensar cómo miércoles llovía en la plaza y acá el sol nos come los sesos. Escucha que la señora que estaba adelante le pregunta a otra “¿La pasan en el Colón o en el Avenida?”. Deduzco que se refiere a la película esa cuya música yo no entendía. El calor aumenta. Pasa el “Tomate” y me pregunta si puede conseguir algo de Vox Dei en Lord Jim. Le digo que vaya de Colombo que Tita ofrece “Cuero caliente” en LP. El mediodía de la pampa gringa se lleva las ganas y el entusiasmo, pero la rigurosidad del sistema bancario obliga a no ser guapos. La que está atrás mía habla de lo mismo y le dice a una chica que pasa “¿Tenés entradas para la tertulia del domingo?” “¿Dónde –pregunta la otra- en Aranjuez o en Melody?” La chica le contesta una frase que no entiendo, aunque hay algo que no me cierra: Aranjuez es en invierno y Melody en verano, aunque puede ser en el patio, porque arriba es medio chico. ¡Melody! Ahí me saltó la térmica. Claro, los pibes son los dos protagonistas de la película inglesa esa que tiene locas a todas las chicas de la escuela; alguien que la vio contó que se trata de una historia de amor entre jóvenes muy jóvenes que se terminan casando. “¿Mirá si se van a casar a esa edad?”, dijo el “Rulo”, que siempre le busca el pelo al huevo, y algo de razón debe tener, porque el “Rulo”, donde mete la duda, mete la bala. Le voy a preguntar el sábado, antes del partido. Hoy estoy de turno. Se me acercan dos pibas con guardapolvo. Estas se hicieron la “chupina” (SIC), o a esta hora no pueden fuera de clase. “¿Cuánto cuesta la entrada de este año al baile de la primavera?”, me tiran a boca de jarro. Yo, ni idea; las mando que le pregunten al “Cabezón” que debe estar en “La Gloria” jugando al hongo con alguno de la Técnica, pero creo que el “Lito” (que es el profesor coordinador) tiene que resolverlo cuando se junte con la cooperadora. Igual, nosotros tenemos compromiso con los del Liceo para las primeras entradas, pero no estamos en condiciones de pelear con nadie; la última vez cobramos más que perro abajo la mesa. Yo le dije a los chicos: “miren que son más que nosotros”, pero nadie me dio bolilla. Perdimos por goleada, pero tuvimos revancha a los dos días cuando el profe Juan nos llevó a jugar un amistoso al básquet. Los vagos tienen un equipo de primera y están a nivel nacional; nosotros juntamos apenas cuatro que saben jugar y el resto relleno voluntarioso. Decí que el “Pequeño” anduvo inspirado, pero el ambiente estaba para repartir piñas, actitud que supo manejar a tiempo el profe cuando nos recordó las últimas peleas: todas perdidas por escándalo. ¡Qué manera de caerse almanaques! Vuelvo a mirar la plaza y ya no llueve, pero elevo la vista a los cielos y allí están los dos pibes en el balcón de “Melody”, a plena dulzura, con toda la inocencia del amor puro. Allí arriba es de noche y llueve, pero hay estrellas. Suena “Melody Fair” y el aire se llena de cosas raras que parecen mariposas. Ella tiene un frasquito que contiene un pescadito color naranja, pero no lo mira, solo tiene ojos para su joven galán. Abajo, en la vereda, pasan jóvenes de cabellos largos y camisas coloridas, las pibas con polleras cortas, caras ilusionadas y peinados con “toca” de domingo. Denis abre la puerta, los Quiroga sirven café como si nada. La única lluvia está en el balcón. Igual que el amor. Que la hermosa vida que se viene. Que lo pan con queso, me toca el turno para el cajero. Ahora todo se cubre con una fina llovizna clara que reparte la música de los Bee Gees Hermoso tema. ¡Que me devuelvan el tiempo, please!
“El futuro no es verificable ni falsificable” (K. Adam)

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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