Sensaciones y sentimientos

Sociales 06 de abril de 2021 Por Redacción
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¿QUIÉN LE TEME A
LOS MÁS VENDIDOS?
En el amplio y apasionante ámbito del libro, hay dos palabras que tienen el mismo efecto persuasivo que el infalible “sésamo, ábrete”.
Esas palabras son “best seller”.
Acompañando al nombre de cualquier obra en forma de libro, lo colocan en un casi mítico estatus superior (si es que existe, claro, un nivel más alto que el que representa el vocablo “estatus”). El best seller impone respeto con sólo ser nombrado y aún sin que se conozca el nombre del libro o el autor. Es como conseguir estacionar en playas abarrotadas las 24 horas.
Será interesante compararlos con las obras de autores locales y definir –si es posible- las diferencias en técnica de narrativa con las novelas, ya que por lo general ese es el género que habitan los más vendidos. Tomaremos en este texto la relación y alcance de los best sellers con la obra de los mucho menos promocionados autores “locales”.
Todo lo que ellos produzcan en forma de libro -novela, cuento, poesía, material de tesis, como ejemplos- tiene natural convivencia con las publicaciones de los “donosos de las grandes editoriales”, como definiría Athahualpa Yupanqui (“Muchos han de alabar a las donosas de la ciudad”, de “Criollita Santiagueña”).
Hay que dejar en claro que, en cuanto a contenido y presentación, los textos de “nuestros” autores tienen la misma obligación artística que los libros de todos los tiempos y compiten, no solo con los otros de aquí, sino con todos los demás de otras latitudes y longitudes.
Algo hay que dejar aclarado: cada obra es la representación más cabal de la personalidad de cada autor. Para eso ha investigado y relacionado los datos de la realidad con la ficción creada, y ha buscado asimismo la manera de que su texto atrape amablemente a los lectores mediante la técnica, la palabra precisa y el verbo que lo diga bien.
Es en este punto en que la obra individual -que no lleva el sello “best seller” y carece de la gran promoción nacional- alcanza un nivel muy destacable: el autor, mediante la entrega sin concesiones a su producido, ha logrado un libro que es por sí mismo un material único, diferente conceptualmente a todo lo publicado hasta ese momento.
Con ese detalle ha cumplido, desde una exigente base, con la tarea de producir un hecho artístico: originó una obra personal, literariamente digna de compartir el ámbito “importante” del muy amplio menú existente. Ha percibido la gran idea hecha propuesta en forma de libro, y se ha ocupado de vestir páginas en blanco con ideas y palabras emocionadamente propias. No ha percibido la consecuente “competencia”; se ha expresado desde el fondo de su individualidad mostrando una actitud auténtica que –eso sí- lo deja satisfecho.
Los escritores tienen una fundamental idea básica de pertenencia a lo universal; así de grandes y al mismo tiempo así de pequeños. Saben también que si muestran las características de su lugar de residencia serán comprendidos por cualquier lector del mundo. Y legítimamente podrán tener la ambición de ser parte del “exclusivo” ámbito de la escritura. Por lo demás, la mayor o menor difusión -esa barrera que parece separar a los lugareños de los de venta masiva asegurada-, no es definitiva ni puede ser condicionante.
Todas las obras van a la misma vidriera de librería local. Y la tecnología por su parte genera una difusión tan eficaz como la surgida de la mejor de las voceras de barrio.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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