SENSACIONES Y SENTIMIENTOS

Sociales 30 de marzo de 2021 Por Redacción
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LA GLORIA DESPUÉS DE LA PENUMBRA
No se sabe muy bien si lo que abrió es un ojo (uno solo, como en los dibujos animados) o la enorme boca, intentando aspirar todo el aire de la plaza, ese compuesto vital que no había podido recibir en su pequeña, inesperada siesta.
Se puede percibir, intacta y desde el fondo, una luz dentro de la penumbrosa boca. Enérgicas herramientas de albañiles están despertando la gloria que la habita desde sus comienzos; incisivos picos le hacen cosquillas en la lengua y agitan su discreta campanilla para que no vuelvan a dormirse sus sueños.
La Gloria no es una bella durmiente: no necesitó que un príncipe cumpliera con el requisito de un beso de admiración hacia su historia de queridas nostalgias. Sólo precisó que un hada, arquitecta y diseñadora, abriera con elegancia su puerta hacia la vida que circula por su frente, poblado de vehículos, y vecina hacia los dos costados de la histórica y fresca costumbre de los helados.
Hubo sorpresa en su nuevo amanecer. Los caminantes que en su momento se habían detenido por un pequeño movimiento de ojos, al notar el pretencioso y pequeño candado -el que le había cerrado la puerta a la historia- ahora volvieron a mirar, pero con mucha más atención. Intentaban ahora redescubrir en la semioscuridad, dónde habían estado los objetos que durante años no habían llamado la atención, precisamente, por ser parte habitual de su transcurrir.
Aunque, pensándolo a fondo, ¿alguien sabe de qué material está compuesta la gloria?
Hay quienes dirán que es una cinta de envolver, frágil para los momentos íntimos y muy sentidos, y que no están a la vista de los no iniciados en rituales secretos; otros, al hecho fundacional de una comunidad que prefirió el bien común de su patria local. En esa elección están las circunstancias vecinales que generaron felicidades ocasionales y atemporales en el mismo momento.
Alguna vez se identificó a La Gloria, para homenajearla, con la idea cantada en “Café, la humedad”, donde muchos -de chiquilines curiosos- la habrán mirado desde afuera. O con los que, sin pretender la presencia del sol, hacían su pic nic en el simulado césped de las mesas de billar o billa. O, también en el lugar más cerca de la calle, donde anónimos cafés acompañaban la especializada visión del fútbol codificado.
Hay que decir que esa comparación no le hace justicia: hace olvidar los momentos de esplendor cuando concentrados jugadores de ajedrez (los mismos que luego lograron una reconocida sede propia) originaron las bases de un destacado nivel que perdura en sus jugadores de hoy y da eficaces jaques al tiempo. O con la música en vivo, mediante afinados solistas y grupos, incluyendo la simpática y melodiosa presencia de una Orquesta de Señoritas. Los concurrentes de entonces no lo supieron, pero también esos fueron momentos de gloria.
Habrá que convivir ahora con nuevas certezas condimentadas con dudas, anhelos y deseos.
Bien podrá ser un lugar con departamentos, un amplísimo conjunto de locales comerciales o un hotel de importantes pretensiones; pero siempre con la vista abierta de un generoso ángulo.
Por el momento su boca abierta, con amplitud de sonrisa solo esbozada, está absorbiendo todo el aire de los cercanos árboles, participando del esplendoroso ámbito de la naturaleza y la gente.
No son solo milímetros de bienestar pasajero después de las ocasionales penumbras.
En el lugar, donde ahora habita la luz insinuada, los nuevos modos y promesas han instalado un modo de gloria abierto a renacidas formas de transcurrir, aéreamente, la vida diaria.
Y eso no es poca cosa.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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