La diplomacia zigzagueante

Editorial 30 de marzo de 2021 Por Redacción
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Por donde se mire la gestión gubernamental en la Argentina asoman vulnerabilidades que alejan los elogios y acercan las críticas por doquier. Y las imperfecciones no son de ahora o del último año sino que pareciera fruto de una política inestable y errática. En definitiva, la situación de crisis generalizada y continua que atraviesa el país, con una miseria espantosa, explica en gran medida cómo se ha gobernado y qué tipo de gobernantes han desfilado por los estamentos del poder. Sería algo así como lo afirma un antiguo refrán, que dice a las pruebas me remito, en este caso para observar con sentido crítico la calidad de funcionarios que se han hecho cargo de los sucesivos gobiernos. Si despojamos el análisis de los relatos apasionados pero a la vez interesados con una gran dosis de manipulación, bien se puede afirmar que en los últimos años no se registraron cambios de fondo para celebrar en materia política y económica -sí hay avances notorios en materia de derechos- 
En lo que respecta a la diplomacia nacional, tampoco escapa a la desprolijidad y falta de coordinación que deja en evidencia una falta de un plan, peor aún, la ausencia de una política de estado. Si asume un presidente todo vira un poco a la izquierda, si gobierna otro signo político todo gira hacia a la derecha. Nadie parece hacerlo bien, no se puede andar por el mundo sin un rumbo firme y con una gestión zigzagueante. El resultado nunca puede ser bueno. 
La semana pasada dos episodios reflejaron con transparencia las incoherencias en materia de política exterior y también expusieron las debilidades del Presidente de la Nación a la hora de construir consensos y acuerdos, todo lo contrario, lo mostraron más dispuesto a destruir lo construido que a continuar sumando. La resta no sirve. 
En esa línea se inscribe la decisión del Gobierno nacional de abandonar el Grupo de Lima, una instancia multilateral que se generó tras la denominada Declaración de Lima en agosto de 2017 en la capital de Perú, donde se reunieron representantes de catorce países con el objetivo de dar seguimiento y acompañar a la oposición venezolana para buscar una salida pacífica a la crisis en Venezuela. 
De todas formas, hay que reconocer que este Grupo de Lima al que se sumó la Argentina desde el primer momento no logró resultados para destacar. En Venezuela las cosas siguen más o menos igual que siempre, es decir muy mal, con millones de ciudadanos exiliados voluntariamente en busca de un futuro en otros países de la región. La Cancillería explicó que la decisión se tomó por diferencias con el trato que ese bloque le dio a la situación de la crisis de Venezuela, que -según entiende el país- "no ha conducido a nada". Por tanto, más allá del enfoque ideológico, si la Argentina integra o no el Grupo de Lima no es tan preocupante.
Lo que sí es alarmante lo que sucedió el viernes pasado en ocasión de celebrar el 30 aniversario de la conformación del Mercado Común del Sur (Mercosur) cuando el Presidente de la Argentina mantuvo un contrapunto con los jefes de Estado de Uruguay, Brasil y Paraguay que participaban del encuentro en formato virtual. En ese contexto, Alberto Fernández enfatizó que la Argentina no quiere ser un "lastre" para otros países y dejó flotando la posibilidad de una ruptura del bloque, ante las críticas recibidas de sus socios. Fue luego de que el presidente del Uruguay, Luis Lacalle Pou, advirtiera que el Mercosur "no debe y no puede ser un lastre", y tras recibir también críticas del brasileño Jair Bolsonaro y el paraguayo Mario Abdo Benítez, en una cumbre muy tensa.
Si bien se conmemoró los 30 años en común, también hubo miradas sobre la actualidad del bloque y en especial cómo debe seguir la historia del mismo. En este sentido, Lacalle Pou dijo que el bloque sudamericano "no puede ser un corset" para nadie y consideró que ya es hora de que el Mercosur se convierta en una "zona de libre comercio". Irascible y desobedeciendo las reglas básicas de la diplomacia que exige pensar bien antes de decir para evitar posiciones de las que no se pueden volver, Fernández rechazó los cuestionamientos de sus pares y señaló que la Argentina no es un lastre para nadie y desafío que "si somos un lastre, tomen otro barco". La respuesta se produjo luego de que el presidente del Uruguay cuestionara una supuesta oposición de la Argentina a realizar acuerdos con otros bloques comerciales.
Por una decisión administrativa acordada en el 2000, ningún país del Mercosur puede firmar acuerdos con terceros Estados sin que lo acepten los otros miembros, lo que lo convierte en uno de los bloques más cerrados del mundo.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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