Pulgarcita y Atesorarte: el aplicado Arte de Restaurar y Preservar

Información General 28 de marzo de 2021 Por Redacción
Dos proyectos en los que sus creadoras se centran en resguardar y cuidar para evitar que se pierdan recuerdos, elementos culturales y objetos de colección.
FOTO S. CERVELLINI ANTES Y DESPUES. Los trabajos de Pulgarcita, el emprendimiento de Sandra Cervellini.  RESTAURADORA. Sandra Cervellini, de Pulgarcita.  FOTO ATESORARTE SOCIAS. Laura Barbero y Evangelina Schmit, creadoras de AtesorArte. SOBRE LA MESA. Un conjunto de productos de AtesorArte.
FOTO S. CERVELLINI ANTES Y DESPUES. Los trabajos de Pulgarcita, el emprendimiento de Sandra Cervellini. RESTAURADORA. Sandra Cervellini, de Pulgarcita. FOTO ATESORARTE SOCIAS. Laura Barbero y Evangelina Schmit, creadoras de AtesorArte. SOBRE LA MESA. Un conjunto de productos de AtesorArte.

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La Real Academia Española brinda una única definición para la palabra “preservar”, y dice así: “Proteger, resguardar anticipadamente a alguien o algo, de algún daño o peligro”. Esta palabra tiene mucho que ver con los dos emprendimientos rafaelinos que presentaremos hoy: Pulgarcita y Atesorarte. En ambos sus creadoras se centran en resguardar y cuidar para evitar que se pierdan recuerdos, elementos culturales, entre otros.
Pulgarcita es de Sandra Cervellini, quien es parte del equipo de trabajo de Diario LA OPINION. A Sandra la había cruzado muchas veces, siempre es cordial y amable en su trato. La primera vez que realmente conversamos me contó sobre su emprendimiento, o mejor dicho sobre su pasión, los libros. Ella preserva libros, los restaura y conserva y, además, los colecciona. He visto trabajos de ella, los antes y después, y son increíbles. Sin dudas que hay objetos merecedores de segundas oportunidades en las manos indicadas. Su trabajo dedicado la ha acercado a nuevos desafíos, nuevos objetos para restaurar como abanicos antiguos, y archivos de diferentes instituciones de los cuales ella se ocupa, como es el caso del archivo de nuestro querido diario.
Atesorarte es de Laura Barbero y Evangelina Schmit, ellas preservan recuerdos, crean libros e historias alrededor de los dibujos de los más pequeños de las familias. ¿Cuántos dibujos tienes en tu hogar, desparramados en armarios? Tal vez los miras y no te convence ese destino, y quisieras darles valor ya que, esos dibujos marcan las diferentes etapas de ese pequeño o pequeña. Pero la novedad es que hoy en nuestra ciudad puedes encontrar la solución, y una totalmente personalizada.
Estas mujeres tienen mucho para compartir, sus inicios, nuevos desafíos, y mucho más sobre lo que aman hacer. Es por ello, que les hemos brindado este espacio para que nos relaten ellas mismas sobre sus emprendimientos.

PULGARCITA
El emprendimiento sin darme cuenta comienza de forma innata en mi niñez, ya que, durante este período hasta mi adolescencia, principalmente en la secundaria, confeccioné todas mis carpetas escolares y mis blocks de apuntes. La verdad no sabía porque lo hacía, pero me fascinaba hacerlo. Buscaba los cartones duros en los comercios y ahí empezaba a realizar mis propias creaciones. Eran caseras pero bellas y hechas por mis manos. Hasta elaboraba mis billeteras que eran, claro está, personalizadas.
Pasó el tiempo y ya incursionando dentro del ámbito laboral y yéndome para mi casa un día de lluvia encuentro en la calle tirado un libro infantil de lectura del año 1953 con sus dibujos tan bellos, coloridos y tan llenos de inocencia. Lo alcé, lo coloqué sobre mi pecho para secarlo y lloré por el poco valor que le habían dado las personas que lo arrojaron a la basura. Entonces ahí comprendí con un clic en mi cabeza que ese sentimiento quería decirme algo, que era una señal y que no la podía dejar pasar inadvertida. Comprendí en ese clic mi amor de niña por confeccionar mis utensilios escolares con mis manos y comprendí mis lágrimas por ese libro.
A partir de ese momento comienza mi búsqueda en adquirir conocimientos en la reparación y restauración de libros. Me sumerjo de lleno con mucho entusiasmo a explorar ese talento dormido que había en mí y que gracias a ciertos acontecimientos había descubierto.
Otros desafíos se presentaban ante mí, aprender el arte maravilloso de este oficio y coordinarlo a su vez con mis actividades laborales y familiares. No bajé los brazos nunca. Así me fui formando en la profesión a través de cursos y mucha lectura sobre el tema. Me contacté con personas del exterior que me apoyaron y me alentaron para que siguiera con este maravilloso arte. Hice muchos amigos a la distancia y mantenemos un contacto muy ameno.
La actividad en sí se denomina Bibliofilia que significa “Amor por los libros”. La Bibliofilia tiene varias aristas, pero solo voy a mencionar algunas para hacer más compresible su definición: Pasión por la lectura de libros, Pasión por la conservación y restauración de libros y Pasión por el coleccionismo de libros raros o antiguos.
En mi caso personal, esas tres características me identifican ya que en mi taller que se llama Pulgarcita abundan libros para la lectura, libros para repararlos y libros de mi propia colección personal. Con orgullo puedo decir que poseo libros de principios del siglo XX como así también publicaciones de todo tipo y libros raros que son las estrellas de mi biblioteca.
La profesión en sí es atrapante, solitaria y muy silenciosa. Un libro cuando llega a mis manos necesita el diagnóstico para que lo pueda recuperar. En mi Hospital de libros como lo llamo cariñosamente volverlos a la vida es un deleite. Hay que desarmarlos, mirarlos y ver con minuciosidad todas sus partes a recuperar. Pueden ser las tapas, el lomo, las costuras, las hojas interiores, etcétera.
Actualmente somos dos personas en el taller, es muy difícil encontrar ayudantes con extrema paciencia, pues, es una actividad meticulosa en donde no se puede romper nada. Hasta el último papelito milimétrico se guarda porque tiene valor para la restauración o conservación.
Además de todo mi emprendimiento, me siento muy contenta de poder aplicar mis conocimientos en mi actividad laboral ya que estoy recuperando la joya valiosa del Diario que es su magnífico y apasionante archivo. La tarea de acomodarlo y limpiarlo me hace muy feliz. Como es una tarea en donde tengo que utilizar escalera alta mi ayudante Bryan me colabora con una valiosa generosidad. No es una tarea sencilla, requiere de mucho tiempo, pero ese tiempo nos llena el corazón porque es una actividad que amamos. Para este tipo de intervenciones de mayor envergadura utilizamos ropa adecuada y accesorios de protección como guantes, barbijos, protectores para los oídos y los ojos. Cuando trabajamos con archivos de una antigüedad considerable debemos protegernos porque ellos desarrollan bacterias que pueden ser muy perjudiciales para la salud humana. Todo se manipula con mucho cuidado y es tratado con extremo cariño porque ellos son los abuelitos en las estanterías del Diario. Protegerlos, cuidarlos y amarlos es mi función.
Para finalizar, quiero dejar un mensaje, y es que existen señales en la vida que nos marcan cual es el talento oculto que tenemos, solo hay que estar atentos, y sepan que con constancia todo se puede.

CONTACTO:
Instagram: @sandra_cervellini
Facebook: Sandra Cervellini
WhatsApp: 03492-15562356

ATESORARTE
Somos Laura Barbero, Licenciada en Diseño Gráfico, y Evangelina Schmit, Licenciada en Comunicación Social. Nos conocimos caminando los pasillos de la escuela, la amistad de nuestros hijos nos hizo compartir charlas y así fuimos tejiendo y destejiendo gustos y placeres como el arte, la literatura, el diseño. Un día nos preguntamos por qué no reunir todo eso en un solo objeto, por qué no animarse e ir por más. Como todas las mamás, coleccionamos momentos compartidos con nuestros niños, fotos, juguetes, ropa de cuando son bebés, dibujos, recuerdos. Es así como surge la idea: atesorar eso que tanto queremos y que con tanto amor conservamos. Atesorar en un libro los dibujos de hijos, nietos, sobrinos. Un libro que reúna sus creaciones y forme parte de su biblioteca. La idea es atesorar su arte y que el recorrido de las páginas del libro sea el boleto de un viaje que mañana ellos recorrerán para mostrarle orgullosos a sus hijos.
Uno de los mayores desafíos es equilibrar nuestra profesión, con tiempo de calidad para nuestros hijos y la dedicación a este proyecto que nos encanta llevar adelante y que tanto queremos.
Atesorarte nace en época de pandemia, de pausa, de nuevos desafíos. En una época que nos enseñó a poner en valor otras cosas, y que las emociones también pueden regalarse. Nuestro principal reto fue ofrecer un producto que hasta ese momento no existía en el mercado, al menos en el local, y que sea de excelente calidad. Un producto artesanal, con mucho contenido y que transmita magia, amor y emoción.
Para empezar a atesorar lo primero que hay que hacer es una selección de los dibujos que queremos incluir en el libro, del resto nos encargamos nosotras. Todos los libros son personalizados, no existen dos iguales. Las personas que nos contactan pueden elegir la opción de libro con dibujos o un libro con los dibujos y un cuento escrito especialmente para el niño que lo recibirá. Muchas mamás optan por hacer un libro para cada hijo y otras compartido entre varios hermanos. Nuestros libros están cocidos a mano y todo se confecciona de manera artesanal.
Así empezamos y, como siempre, fueron acercándose clientes que nos propusieron nuevos desafíos, como por ejemplo confeccionamos obras para abuelas que pintaron dibujos durante la cuarentena, para un señor que cumplió 70 años y sus hijos le regalaron un libro con su historia de vida por escrito e ilustrada con dibujos y fotos; una mamá que atesoraba los dibujos de su hijo cuando era pequeño y le regaló ese tesoro para su cumpleaños número 14; abuelos que recibieron libros con las creaciones de sus nietos; sobrinos que viven en otras ciudades y sus tías les mandaron de sorpresa un libro con sus fotos y dibujos; familias que sorprenden a sus hijas que cumplen 15 años con su historia desde que nació hasta ese momento tan especial, también con dibujos, fotos y elementos que fueron guardando a lo largo de su vida.

SUMAR PRODUCTOS
Atesorarte nació como un proyecto que atesora los dibujos de los pequeños artistas en libros. Después nos sentamos, miramos el corto camino recorrido y colmadas de expectativas notamos que en tan poco tiempo generamos más que libros, sumamos amor, multiplicamos energías y eso nos dio el impulso para pensar más productos. Siempre con la misma esencia: productos que atesoren, que abracen momentos de felicidad, que arranquen una sonrisa, que regalen una enseñanza, un pensamiento, que sorprendan, que hagan cosquillas en la panza… Productos únicos que intentan resguardar esos momentos que recordamos con pasión y un brillo en nuestras miradas.
Así nacen las cajas de arte para niños, donde a través del juego aprenden sobre diferentes movimientos artísticos como el Impresionismo, Expresionismo o el Arte Abstracto; los pequeños tesoros con diferentes motivos, personalizados para cada persona que recibirá esta cajita que es más que un regalo, es una señal de gratitud. Los frascos con las 30 cuotas de felicidad hacen que la persona que lo abra empiece sus días de una manera diferente. Agendas personalizadas con fotos y frases que le gusten a los destinatarios, cuadernos de nota con la temática elegida para disfrutar de un anotador totalmente personalizado. Y en unas semanas el Ratón Pérez visitará nuestro taller para sumarse a este proyecto que intenta generar productos diferentes colmados de magia.
El hecho de sumar productos y seguir generando ideas fue, en parte, gracias a la buena recepción que recibimos por parte de la gente. Es un proceso que lleva tiempo y todavía estamos en la etapa de que se conozca nuestro trabajo, pero de a poco son cada vez más las personas que se animan a regalar algo diferente y a atesorar sus recuerdos más preciados.
Te invitamos que visites nuestras redes y nos conozcas. ¿Te animas a sumarte a esta idea de atesorar recuerdos para toda la vida?

CONTACTO
Instagram: @atesorarte.ar
Facebook: Atesorarte Mail: [email protected]
WhatsApp: 3492-52248

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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