Sensaciones y sentimientos

Sociales 23 de febrero de 2021 Por Hugo Borgna
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POESÍA COMPLETA DE CAMPANAS
“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo (…) Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti."
Muchas veces los años pasados se nos parecen a las bolillas con que se sorteaba la ansiada Lotería Nacional de Navidad. Saltaban como pájaros desinhibidos, totalmente desprejuiciados, llevándonos a ése período en que habitó una querida vivencia.
Así nos surge el tiempo de las entonces cotidianas bibliotecas (¿quién puede olvidar la Agustín Alvarez, ubicada entonces donde ahora hay un almacén?); allí conocedoras bibliotecarias nos aseguraban que tenían reservado para nosotros ese libro tan buscado, que bien podría haber sido en ese momento “Las sandalias del pescador”, de Morris West.
No importa establecer el año preciso, aunque sí la necesaria década, en que tuvimos esa vivencia: es más importante el nombre y el recuerdo vivo de cuando leímos, entre tantos libros “buenos” y densos, “Por quién doblan las campanas”, de Ernest Hemingway, que estaba encabezado por el trozo de poesía que se luce al principio de esta nota.
Así supimos de la existencia del poeta John Donne y, con esa misma emoción, se nos grabó tanto la historia contada en el libro, como la reflexión del autor de la consagrada poesía, mucho más larga y conceptual que la parte que tomó Hemingway para prologar su obra.
El mensaje parece ser de estos días por su belleza formal y profundidad de contenido, pero John Donne, nacido en Londres en enero de 1572, transcurrió hasta el último día de marzo de 1631. Fue el más importante poeta metafísico inglés de la época de Isabel I. El contenido es equivalente a la poesía del Siglo de Oro español, y su estilo realista y filosófico recuerda al de las “Coplas a la muerte de su padre”, de Jorge Manrique, también de vigencia permanente.
A esta altura de los elementos relacionados, aparece uno bien vivo en el cual se ha apoyado Hemingway, Nobel de Literatura 1954 (autor de “El viejo y el mar”, “Adiós a las armas”, y la ya mencionada “Por quién doblan las campanas”): la guerra civil española.
Eran las décadas 60 y 70 un tiempo dorado para la lectura y la conversación. Los libros, de una presentación formal y seria, fueron elementos obligados de participación en la vida social.
Se decía simplemente “libros”. Con eso estaba su importancia debidamente reconocida. La gente común (nosotros) se recomendaba esas novelas de mucho cuerpo argumental, apoyadas en situaciones del momento que daban motivo a debate. Algunos ejemplos de autores favoritos son, además de los ya dichos, A.J. Cronin, René Barjavel o Guy des Cars, entre otros no menos sólidos.
Le habíamos prometido, lector, la poesía completa de “Por quien doblan las campanas”.
Es el momento de cumplir.
“¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? / ¿Quién no quita sus ojos del cometa cuando estalla? / ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe? / ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo? / Ningún hombre es una isla entera en sí mismo / Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. / Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia, / Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”

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