El reposo del guerrero

Deportes 22 de febrero de 2021 Por Néstor Clivati
Leopoldo Luque, como todos los que alguna vez lucieron los colores albicelestes y que besados por la suerte, además, se subieron al lugar más encumbrado del podio, tuvo su jornada memorable, en este caso atravesada también por la tragedia, una mueca siniestra de la suerte.
FOTO ARCHIVO LEOPOLDO LUQUE. Una vivencia con gloria y drama en el Mundial '78.
FOTO ARCHIVO LEOPOLDO LUQUE. Una vivencia con gloria y drama en el Mundial '78.

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Lo primero que hay que señalar es que nadie se peleará mediáticamente por su herencia y tampoco habrá una ristra de abogados pateando los mostradores de los juzgados reclamando la celeridad en los fallos. Nada de eso.
Su nombre se apagará con el tiempo hasta ocupar el justo espacio que él mismo decidió por su austeridad y un comportamiento desperfilado de esa farándula tan tentadora, como fatal para los que aquellos que acuñaron con sus nombres, momentos imborrables en la memoria colectiva de los argentinos.
La partida de Leopoldo Luque, paradojas del destino, nombres hoy más emparentados con el escándalo del caso Maradona, que con la bizarría de sus conquistas deportivas (un simple ejercicio en el buscador de Google, colocando esa consigna, me ahorra una ampliación, el controvertido médico de los últimos días de Diego, le gana por escándalo en visitas y popularidad), nos deja un margen para la reflexión y para darnos un baño de optimismo, aún partiendo de la triste noticia, que se convertirá en una efeméride importante, cuando se desee recorrer la historia, por ejemplo de la Selección Argentina.
El "Pulpo", como lo apodaron en sus tiempos juveniles por el movimiento de sus brazos para conseguir mejores resultados en el uno contra uno y hacer las diferencias luego por su potencia y velocidad, terminó ligado a la administración pública de Mendoza, más por necesidad que por vocación; así las cosas en la vida de muchos de las grandes figuras de nuestro deporte insignia de la década de los '70 y que aún vinculado desde esos espacios estatales a las disciplinas deportivas, perdió visibilidad en el mundo de fútbol, un deporte tan generoso con muchos oportunistas y tan mezquino con otros que lo enaltecieron.
La muerte de aquellos que han alcanzado la gloria en sus oficios, permite solo por un rato, claro está, que surjan a borbotones las anécdotas y los trazos gruesos de sus virtudes, que sus contemporáneos, vuelcan en los medios masivos, a manera de evocación.
Leopoldo, como todos los que alguna vez lucieron los colores albicelestes y que besados por la suerte, además, se subieron al lugar más encumbrado del podio, tuvo su jornada memorable, en este acaso atravesada también por la tragedia, una mueca siniestra de la suerte.
La noche más gloriosa fue gol y drama. Golazo a los franceses y angustia por lo que vendría… Luque cayó mal tras una infracción y se luxó un codo. Fue anestesiado. El doctor Rubén Oliva le acomodó el codo. Lo vendaron, le metieron un cabestrillo y lo mandaron al vestuario. Pero Luque giró y volvió a la cancha. César Menotti ya había hecho los dos cambios y el equipo estaba con diez.
Además, él quería tranquilizar a su madre. "Si no me veía volver, era capaz de venirse desde Santa Fe". Mamá estaba de todas maneras al día siguiente en la concentración. Viajó para comunicarle que Oscar, otro de sus hijos, había muerto en un accidente de auto en la mañana del partido. Oscar había viajado de noche en el camión de un verdulero amigo para ver si conseguía comprar una entrada temprano en el Monumental.
Leo (la familia no quiso decirle nada antes del partido) dejó la concentración y fue a la morgue a reconocer el cuerpo de su hermano. El capitán Daniel Passarella le dio dinero del fondo común del plantel para pagar la ambulancia y el traslado a Santa Fe. En pleno velatorio, la Argentina perdía contra Italia. "Tenés que volver, ¿no ves que sin vos pierden?", le dijo su padre. Al día siguiente, Luque regresó a la concentración.

"LE LIMPIABA
LOS BOTINES"

Así lo recuerda Víctor Bottaniz, amigo y compañero de andanzas de aquel equipo de Unión de mediados de los '70, que supo ser animador de los torneos y que llegara a piropearse con un título que terminó ganando River por el canto de la uña.
Justamente, el "Millonario", pagó por el pase de Luque después de esa temporada, seis veces más que lo abonado por Rosario Central, un año antes, a Instituto de Córdoba por los servicios de un tal, Mario Kempes; de esa ingeniería económica para concretar la transferencia, participó "Lito" Bottaniz como parte pago de la misma.
Pero volvamos a esa vivencia en pleno vestuario de la Selección Argentina antes del Mundial '78. "Fue un partido jugado bajo el agua, una cancha anegada, cuando los titulares fueron al vestuario en el entretiempo, yo que estaba entre los suplentes, me acerqué a Leopoldo y le dije que me diera los botines para limpiárselos, no fuera cuestión que se perdiera un gol por tener los tapones embarrados, esa era la química entre los dos, aquello fue un gesto de admiración que en muchas oportunidades tuvo su retorno".
Leopoldo Jacinto Luque murió hace unos días, víctima de Covid-19, a los 71 años, alejado activamente de un deporte que lo vio brillar, cuando las premisas eran otras y las bolsas de dinero no opacaban la gloria; acaso por ello y otras razones que no cuentan en este resumen, sus ingresos económicos fueron infinitamente inferiores a su prestigio como atleta de elite y como hombre comprometido con esta sociedad.
En 2008, año del trigésimo aniversario del Mundial, Luque fue uno de los pocos jugadores que aceptaron participar en un acto que intentó superar desencuentros y unió a la ESMA con el Monumental. "Yo", dijo Leo, "perdí a un hermano en el Mundial, pero pude enterrarlo. Ellas (por las Madres de Plaza de Mayo) no sabían dónde estaban sus hijos".
Salud Crack!!!

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