De renovación y cambios

Deportes 15 de febrero de 2021 Por Néstor Clivati
Leer mas ...
FOTO ARCHIVO NA UNA BUENA APARICION. Nicolás González tuvo buenos rendimientos con la selección argentina.
FOTO ARCHIVO NA UNA BUENA APARICION. Nicolás González tuvo buenos rendimientos con la selección argentina.

Banner-Web---La-Opinion----SIGAMOS-CUIDANDONOS

(Especial para LA OPINION). - Mientras se acercan los primeros compromisos previstos para finales de marzo, un derrotero que demandará casi un año calendario de partidos y torneos en diferentes niveles de competencias internacionales, Lionel Scaloni por un lado y los sobrevivientes de lo que se conoce como, la generación dorada, por el otro, pergeñan las estrategias mas sostenibles que le agreguen valor competitivo a esa base que el nuevo entrenador, viene proponiendo desde el comienzo de un ciclo, que como ya hemos analizado en otros pasajes, ha conseguido tantas adhesiones como desconfianzas, al tratarse de un bisoño en esto de liderar grupos de elite.
Un dilema que enfrenta Scaloni, de cuyo resultado seguramente dependerá el signo de su gestión, es el nivel de juego y la gravitación en la definición de los partidos de Lionel Messi.
No se trata de comparar proyectos, sería ridículo. Sino de rescatar el protagonismo del rosarino con actuaciones determinantes bajo cualquier ciclo y entrenador. Siempre brilló, con mayor o menor fulgor, en el carrusel de entrenadores que la desalineada AFA le ha propuesto. Fueron muchos partidos con Sabella y pocos con Maradona, por ejemplo, los extremos de su productividad, pero el archivo encuentra actuaciones fabulosas con todos. No, con todos no: con Lionel Scaloni todavía no ofreció ninguna tarea deslumbrante.
¿Y esto es bueno o malo? Es extraño. Una sensación desconocida en el reino albiceleste de, por lo menos, la última década. Es que hasta Messi se ha contagiado del espíritu batallador de esta Argentina: es el capitán de una manada de lobos hambrientos dispuestos al esfuerzo hasta la inmolación. No resplandece como antes, titila su jerarquía, desequilibra menos. Pero en ningún momento se frustra. Aunque es menos determinante, nunca desaparece de la cancha. Se implica tanto en el esfuerzo que atiende obligaciones colectivas y hasta comete infracciones como nunca antes.
¿Desenfocó las prioridades y por eso se luce menos? No. Brilla menos porque va para los 34 años. Porque el timing y la aceleración ya no son las mismas. Su vínculo con el gol empieza a ser más espaciado, y puede corroborarse tanto en la selección como en Barcelona. Especialmente, esta temporada. Pero creció su astucia a la hora de leer el juego, de descubrir los caminos y, desde ya, algunos fogonazos de su sello le recuerdan al mundo que es diferente al resto. Y lo seguirá siendo por un tiempo más. Por un momento propongo hacer un ejercicio de memoria y transportarnos, al último grato recuerdo de un partido en el cual el rosarino, haya completado todos los casilleros con los que se auditan los trabajos de los deportistas franquicia, puedo asegurar que no será una tarea sencilla ya que al menos en los últimos dos años, no será posible detectarlo.
Ese desafío me llevó a la noche del 10 de octubre de 2017, allí en Quito frotó la lámpara y nos sacó de los pelos de ese laberinto, en el que había quedado atrapado ese ciclo que terminó de conducir Jorge Sampaoli, evitando que se consumara el papelón de quedarnos en las puertas del mundial de Rusia; parece cuento pero no encontré luego otro aporte de tal influencia y no fueron pocos los partidos que se disputaron hasta nuestro días después de esa emotiva referencia, que nos tuvo en el estadio Atahualpa, emocionados hasta las lágrimas.
Es otro Messi. Ya no es colosal, pero sí imprescindible para la Argentina. El comienzo de las eliminatorias, cuatro fechas apretadas en seis semanas, lo demostraron. En ninguno de esos cuatro partidos fue la figura de la selección. LA calificación mediática promedió un 6 ante Ecuador; con un 7 frente a Bolivia; recibió otro 6 contra Paraguay, y un 6 más con Perú. ¿Quiénes resultaron los más destacados partidos a partido? Primero, Lucas Ocampos; luego, Exequiel Palacios, y en las dos últimas fechas, la revelación, Nicolás González. De los seis goles que marcó la selección, al rosarino apenas le corresponde uno: de penal, en el estreno, contra Ecuador. Hay que retroceder a los tiempos de José Pekerman, con un Messi casi adolescente, para encontrar a un goleador de la selección que no sea Messi, como sucede ahora. El goleador del ciclo Scaloni es Lautaro Martínez.
Este dato no habla mal de Messi, simplemente confirma que es otro Messi. Y la Argentina lo necesita incluso así, aunque ya no sea capaz de fascinar en cada movimiento. Lo saludable es que la selección ha podido resolver los primeros encuentros rumbo a Qatar 2022 pese a este Messi. Y ahí aparece el mérito del 'ala renovadora', de la nueva generación: no cuenta con el talento de Sergio Agüero, Ángel Di María, Javier Mascherano, Gonzalo Higuaín o Banega, no, pero les sobra carácter. Asumieron la responsabilidad del traspaso. Del equipo para Messi a este equipo con Messi.
Esta descripción no es semántica, se apoya en lo antes analizado y en el hecho objetivo de las estadísticas, las mismas que siguen asombrando al mundo del fútbol cada vez que se encarga derribarlas, pero que en el marco de la “nueva normalidad”, lo aparta de proyecciones optimistas. No es menor el reto para Lionel Scaloni, o para cualquiera que aspire a renovar una estructura con semejante condicionamiento.

Te puede interesar