Dueño de vivero, su madre y un empleado rociados con alcohol para robarle

Policiales 27 de enero de 2021 Por Redacción
Varios delincuentes ingresaron con la cara cubierta y armados con revólver, un cuchillo y un destornillador, y los amenazaron con cortarles los dedos si no entregaban el dinero. Ocurrió a la vera de la ruta 34.
FOTO INTERNET TRABAJO POLICIAL. Se inició a poco de conocerse detalles del asalto.
FOTO INTERNET TRABAJO POLICIAL. Se inició a poco de conocerse detalles del asalto.

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Dramático y brutal asalto sufrió el dueño de un vivero -ubicado a la vera de la ruta nacional 34-cuando tres delincuentes armados ingresaron a la casa, con la cara cubierta con pasamontañas, redujeron a su madre, a su empleado y los amenazaron con prenderles fuego vivos.

LO OCURRIDO
Juan (44) se encontraba próximo a dormir -en su casa de la ciudad de Beltrán, departamento Robles, provincia de Santiago del Estero- cuando de repente escuchó a su madre gritar desesperada pidiendo ayuda.
Inmediatamente saltó de la cama, salió al pasillo y encontró a la mujer empujando la puerta que da a la galería -ubicada en la cocina, que se usa con mayor frecuencia, puesto que la principal se encuentra cerrada con seguridad-para evitar que desconocidos ingresaran al inmueble.
Y de acuerdo a lo informado por El Liberal, cuando se arrimó hacia su progenitora observó cómo del otro lado empujaron con gran fuerza la puerta. La mujer cayó al suelo y sobre ella ingresaron tres sujetos armados (con el rostro cubierto por pasamontañas), quienes les ordenaban que se quedasen quietos.

REDUCIDOS Y
UNA AGRESION
Juan explicó que uno tenía un arma de fuego, el otro un cuchillo carnicero y un tercero los amenazaba con un destornillador.
El comerciante, cuando advirtió que uno de los maleantes le apuntaba con el arma en la cabeza, le dio un golpe de puño y lo tiró al suelo.
Allí un cómplice salió en su defensa y lo atacó a patadas, derribándolo al suelo.
En el piso, Juan fue salvajemente agredido, mientras que el tercer maleante tomó del cabello a su madre y la arrastró por el piso llevándola hasta otro sector de la casa donde funcionaba un comedor.
En este último lugar, encontraron al empleado, quien también fue agredido.
Según contó Juan, él y su madre fueron maniatados con cables y pedazos de trapos, mientras que al ayudante del vivero lo pusieron cinta de embalar en las manos, boca y pies.

ENTREGA DEL DINERO
Controlada la situación, los delincuentes le exigían al Juan que entregara el dinero. Allí éste sacó 500 pesos que tenía en su bolsillo y les entregó, diciéndoles que no tenía más.
Los delincuentes -quienes por sus dichos en apariencia estaban seguros de que en la casa había un cuantioso monto- tomaron un cuchillo y comenzaron a hacerle cortes a la mujer para amedrentar a su hijo, quien les decía que en el lugar no había tanto dinero.

TORTURA Y ROCIADO
CON ALCOHOL
Juan allí les confesó que en una de las piezas había plata.
Los delincuentes se apoderaron de 60.000 pesos -hallados en dos lugares diferentes de la casa-, pero para ellos la cantidad era poca, por lo que tomaron una botella con alcohol y los rociaron a los tres.
Mientras uno de los asaltantes les decía que los iba a quemar vivos, los otros revolvieron cada rincón de la propiedad.
Al ver que no había plata comenzaron a sacar objetos. Tras varios minutos salieron de la casa, ya que fuera de la propiedad los esperaban sus cómplices.

UN REGRESO
Se presume que serían otros tres más, los cuales andaban en distintas motocicletas. Según el relato de Juan, los atacantes se retiraron de la casa por algunos minutos, pero regresaron sobre sus pasos.
Otra vez comenzaron a exigirles dinero.
Para persuadirlos, uno de ellos tomó una tijera de podar, mientras le preguntaba dónde tenía la plata, gritándole "vos vendes plantas, tienes que tener más", amagaba con lesionarlos.
El comerciante contó que uno de los delincuentes les decía que les iba a cortar uno a uno los dedos a los tres hasta que dijeran dónde estaba el resto de la plata.
En medio de una crisis de llanto la mujer les manifestó que eso era todo lo que tenían. Los delincuentes nuevamente requisaron el lugar - de forma más minuciosa- pero al ver que no había nada se fueron.

AVISO A LA POLICIA
Juan, su madre y su empleado permanecieron atados hasta las siete de la mañana, ya que los maleantes los encerraron con llave.
Una vez que estuvieron los tres a salvo dieron aviso a la Policía.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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