Plato del día: liebre x Gato

Información General 27 de enero de 2021 Por Redacción
Desde el fondo de los tiempos llegan historias cercanas que tienen más forma de cuentos que de hechos reales. Pero sucedieron y, lo más increíble, se amalgaman al presente.
Gato

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Por Edgardo Peretti

Existe un oscuro espacio ciudadano que contiene un hilo invisible que conduce a miles de historias extrañas en mi pueblo. Algunas contienen estrechos vínculos con la realidad y otras se convierten en chismes sin sustento que se pierden en la inmensidad de la noche.
La leyenda urbana menciona un bar-comedor que servía platos extraños. Cada jueves, cajetillas, comerciantes, músicos, chicos bien, vagos, escritores, fiolos y ciudadanos de toda laya solían darse cita para degustar un único y exquisito plato: guiso de liebre.
El sitio de marras se ubicaba –dicen- por allá, al final de la prolongación de la calle General Paz, hacia el norte, casi contra las vías que acechaban la cancha de Quilmes. Sus asistentes, pacatos ellos, solían referirlo como “El seno azucarado”, excelso recurso lingüístico para disimular su real mención: “La teta dulce”, de cuyo origen (del nombre) hablaremos en otra ocasión.
El caso es que el éxito del producto se debía a que las pretendidas liebres habían sido reemplazadas por gatos, mañoso bicho doméstico cuyas ausencias hizo sospechar a los vecinos que abrían interrogantes por la desaparición de sus mascotas. Todo se decía pero nada se probaba.
Esto fue así hasta que el Comisario de la 13, cuando la sede policial estaba en calle Ramón y Cajal, aún, se percató de la ausencia de su fiel ladero (y alcahuete, hay que decirlo) conocido como “Bigote” quien no reportaba desde hacía varios días por la taquería. El dato lo aportó “Minino”, otro felino que hacía inteligencia en el barrio y que se asentaba en la puerta del bar del “Chito” Capella. Este le confirmó la peor noticia. Muchas cosas desaparecían sin dejar rastros por esa época. Literalmente.
Así parece que comenzó el final del restaurante temático más notorio de una época, aunque no son pocos los nostálgicos que memoran la cálida letra sobre la pizarra negra que ostentaba el esperado anuncio: “Hoy: guiso de liebre”.

Visitas de madrugada
Al tipo lo despertó el timbre en plena madrugada. Acudió a su puerta y por la pequeña ventanilla advirtió a dos gatos que eran quienes habían llamado. Uno lucía una chomba de marca, jeans y portaba un anotador; el otro, más formal, camisa a rayas, y un cigarrillo en la mano:
¿Señores…? – preguntó con toda su paciencia el dueño de casa-
Buenas noches, o madrugada, distinguido señor – expresó el que parecía tener el mando-. Somos del Sindicato de Gatos Unidos. Yo soy Lorenzo, el secretario General y quien me acompaña es el compañero Saúl, secretario adjunto y a cargo del Area de seguros y anexos. ¿No es así, compañero?
Efectivamente, la verdad que sí. – confirmó el otro felino-.
¿Y ustedes están reconocidos, por ejemplo en la CGT?
Así es. Allí tenemos a nuestro representante: el Gato Alessiato. ¿Lo conoce?
Si. ¿Y a qué debo su visita?
Bueno. Usted tiene un gato que, si no me equivoco, a esta hora debe estar de ronda, o sea, trabajando.
Creo que sí.- contestó el atribulado dueño de casa-. Mi gato está anotado en el Sindicato y con aportes y seguro de salud al día.
Eso lo veremos, estimado señor – contestó el que se hacía llamar Lorenzo- A ver, dígame compañero Saúl, ¿cómo está registrado el gato del señor?
Como gato doméstico, de compañía y eventual capturador/cazador de lauchas.
Eso quiere decir que hay algunos puntos que aclarar -significó Lorenzo-.
A ver… - concedió el dueño de casa, ya con poca paciencia-
Veamos, ¿cuál es la dieta del compañero afiliado?
Desayuno con leche descremada, almuerzo con plato de carne (lomo) del “Pichi” Culasso, segundo plato con alimento especial y disponibilidad permanente de balanceado; más agua mineral sin gasificar.
Ok. Digamos que podría pasar ese rubro. ¿Ud. Sabe que su gato presta servicios de vigilancia en la dependencia del estado provincial que está al lado de su casa?
No. No sabía, pero si es un rebusque…
Pongo en su conocimiento que durante la anterior administración estaba adscripto pero desde el nuevo gobierno, es planta permanente.
¡Mirá vos!
Gato militante, si los hay!
¿…y yo que tengo que ver con eso?
Al ser planta, la comida corre por su cuenta, según la ley 18188, apartado 33 del Convenio 1990/Carlos Saúl – s/Privatización de gatos complejos. ¿Qué pretende? ¿Qué venga el gobernador a darle la comida? ¡Sea responsable con el estado!
La verdad, me está cansando. Dígame cuál es el problema que tengo con el sindicato, porque debo dormir; yo trabajo!
Igual que nosotros. El tema es que gato está anotado como “capturador” de lauchas, ¿no es así compañero Saúl?
Efectivamente. La verdad que sí.
¿Y…?
Que su gato, la semana pasada atrapó a una rata más grande que una comadreja; y eso supone el aporte extra, una multa al titular (o sea, Ud.) y un re-empadronamiento con el costo pertinente.
Qué bárbaro. ¿Y tiene solución?
Bueno, es la ley, pero toda norma tiene letra y espíritu. Todo se puede arreglar.
Así me gusta. ¿Por qué no pasan y lo hablamos más tranquilos?

Acto final
Las nuevas tecnologías invadieron el mundo y llegaron para quedarse. Los gatos andan hoy con GPS, prepaga de salud y hasta tienen convenio de convivencia con sus odiados enemigos: los roedores.
Sin embargo, algunas cosas sólo cambian de forma, pero no el fondo. Suele aparecer en las redes algún anuncio de tono transgresor como uno en días recientes que menciona algún retorno a las fuentes, una memoria activa de servicios de mesa, aunque con pantalla y sin tiza, como ese que reza: “Hoy: guiso de gato sindicalista”.
Se admite sólo con reserva previa.

Ilustró: Alan Pruvost

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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