Amor de barra

Deportes 26 de enero de 2021 Por Marcelo Borio
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En esta ocasión les quiero contar un episodio ocurrido en esta semana, donde los matices son un claro ejemplo de errores y displicencias del usuario de un gimnasio en torno a la utilidad de las herramientas que tenemos para entrenar y, en definitiva, para formar o conseguir lo que apuntamos para estar dentro del mundo pesas. Este relato, espero, lo sepan discernir y así cambiar la óptica en que miran una simple barra y su lastre, los discos.

Relato: Todos los lunes, miércoles y viernes me voy a “Territorio ENDO” gimnasio del club ciclista de Rafaela para dar clases y unas que otras coordenadas, por decirlo de alguna manera y, dejo ENDO GYM a cargo de dos profes. Esto sucede el lunes. El martes, cuando abro ENDO GYM a las 8 de la mañana, luego de mi ceremonia matutina, me preparo para entrenar, dispongo de una barra que necesito y, percibo que fue golpeada producto de sacar los discos de un solo lado, por ende, la barra golpeó fuertemente en el piso. Al advertirlo pregunto, a quien se le cayó. Entonces, genero la intriga. Y me preguntan: ¿Cómo haces para darte cuenta? No se los dije, simplemente les mencioné que es tanto mi amor hacia las pesas que las acaricio. A la barra le hablo. Le digo que no se ponga pesada, que me permita levantarla, y…, casi siempre me hace caso.

Este caso, como claro ejemplo, puede dispararse por diferentes puntos de vista. Para mí, el más importante es cuidar y preservar las herramientas, porque son las que tenemos que usar para lograr nuestros objetivos, y si estos están rotos o dañados no van a funcionar a la perfección como necesita un pesista. Si la barra esta doblada, tras la nuca, es difícil equilibrarla, peor si la volamos y queda sujeta entre nuestra asida de puño y la cabeza, pendiendo en el aire como la espada de Damocles. Un error hace al fracaso, o peor, lesionarnos. En este aspecto solo les sugiero querer las barras, amar los discos. No los rompan. ¡Es tan simple doblar una barra como cuidarla para que no suceda! Es fácil elegir entre ambas opciones.

Los pesistas a diferencia del culturismo (les habla alguien que es culturista y pesista) trabajamos para tener fuerza, adquirirla mediante la práctica. El culturista, más si esta entrado en años, usa ejercicios controlados y funcionales en el tipo de fuerza, y muchos aparatos. El pesista, en cambio, es casi cero aparatos, y, cuando está a solas con la barra, necesita de un clima, una concentración, y que la barra sea perfecta. Si gritamos, roncamos o ronroneamos como el gato mimoso del hogar, ¡es! …, ¿para?

Poder levantar ese tonelaje. Y acá se dispara el segundo matiz, ¿saben quien es el que tiene mas fuerza? Ustedes creen que es el ruidoso, el gritón. El que tira las pesas de fundición y suenan como campanadas, el que tira la barra al piso sin precisar la caída y contemplarla, ¿sin poner nada absorbente debajo? No me digan que creen que, el que mas fuerza tiene es el que no guarda las cosas en su lugar. ¡No! No, ¡y mil veces no!, estas no son. El mas forzudo es el que más peso mueve, el que más levanta. Por lo general es…, el más disciplinado, no ensuciamos, no gritamos salvo en una o dos repeticiones, guardamos y no hacemos ruido mas que segundos y sobre todo, amamos las pesas. Por eso la cuidamos.

Fin del relato: me di cuenta porque cuando uso una barra aprieto los extremos y ahí percibí el golpe. Así de simple. Recomendación: quieran y cuiden las barras y mancuernas, sean compañeros, guarden y, si pueden castellanicen los deportes, es una tarea entre todos. El futbol pudo. Porque no, nosotros. Abrazo fuerte para todos.

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