Infodemia y salud mental

Información General 19 de enero de 2021 Por Redacción
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Por Héctor Sierra*
El término infodemia -que todavía no ha sido incorporado al diccionario de la Real Academia Española-, es recuperado por la OMS en el marco de la pandemia y hace referencia a un aumento excesivo del volumen de información que circula sobre un tema en particular. El mismo tiende a crecer muy rápido en un período corto de tiempo y a la par, aparecen la desinformación, los rumores y la manipulación informativa muchas veces mal intencionada
Hace 30 años Manuel Castells definió nuestra época como “la era de la información” cuya característica más relevante es que la información crece y se expande tan rápido como un virus impulsada por la extensión mundial de las redes sociales. En síntesis, la producción de información ha crecido tanto que terminó creando una epidemia de información.Durante la mayor parte de la historia de la humanidad el problema fue la falta de información. Las pocas noticias circulantes llegaban tan tarde que muchas veces carecían de valor. Los conocimientos científicos avanzaban lentamente y la ciencia demoraba siglos hasta hacer conocer sus logros. Hoy vivimos el problema inverso: es tanta la información que recibimos que no sabemos qué hacer con ella.
A la cuestión del exceso hay que agregarle una dimensión tal vez más grave: la desinformación. La información falsa, tergiversada o deliberadamente incorrecta afecta negativamente a millones de personas y contribuye al desarrollo de trastornos mentales.
 Las consecuencias de la infodemia se pueden observar  en la pandemia COVID-19. La directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa Etienne, sostiene que la pandemia ha provocado una crisis de salud mental en nuestra región a una escala nunca vista. Entre los muchos factores que intervienen, la sobrecarga de información es uno de los más importantes.
Millones de historias falsas se inventan y se difunden, y millones de personas las creen y comparten sin comprobar su calidad o veracidad. Se desarrollan teorías conspirativas, falsos tratamientos, negacionismos sobre el virus, las vacunas y los esfuerzos mundiales para contener la pandemia. La desinformación se difunde y asimila muy rápidamente, y provoca cambios en las conductas de la gente que las conduce a tomar mayores riesgos, abandonar los cuidados imprescindibles, agravando la pandemia, perjudicando a más personas y colapsando los sistemas de salud.
La infodemia afecta en todos los casos el proceso de toma de decisiones. Mucha información de carácter contradictorio paraliza y deja al individuo sin saber qué hacer ni poder discernir cual es el comportamiento correcto.
A nivel individual el exceso de información y especialmente la mala calidad de la misma en una situación grave y compleja como la pandemia de COVID-19, provoca un aumento del estrés y síntomas asociados, como confusión, agotamiento, irritabilidad, desanimo, trastornos del sueño, ansiedad y depresión, entre otros.
La mala información, aunque sea limitada, provoca distorsiones cognitivas que generan ansiedad y angustia con repercusiones físicas que aumentan el riesgo de contraer distintas enfermedades y genera conductas disruptivas, es decir un tipo de comportamiento antisocial que implica una ruptura respecto a los comportamientos y valores generales aceptados.
Sintetizando, de los diversos factores que influyen negativamente para el desarrollo de trastornos y problemas psicológicos como consecuencia de la pandemia COVID-19, los vinculados con la recepción y procesamiento de información excesiva, especialmente si la misma es de baja calidad, ocupan un lugar importante. La buena noticia es que sobre estos factores tenemos una relativa capacidad de control minimizando su efecto sobre nuestra salud mental.
La OMS ha sugerido algunas actitudes que pueden minimizar el impacto de la infodemia: (1) reconozca los datos científicos (2) evite las noticias falsas (3) apoye la ciencia abierta (4) determine si la información realmente tiene sentido aun cuando provenga de una fuente segura y haya sido compartida por otros (5) proteja la privacidad de datos abiertos de calidad (6) si no puede confirmar la fuente de la información o su utilidad es mejor que no la comparta (7) participe en forma responsable en las conversaciones sociales (8) intercambie información con un criterio selectivo, corrobore la fuente, especialmente en los hilos de WhatsApp (9) Si la información no ha sido confirmada no la comparta (10) siga aprendiendo.
Finalmente, modere el uso del teléfono celular. La mayor parte de las fake news, de las noticias falsas, de las manipulaciones, de las operaciones políticas, circulan por las redes sociales. Es imposible no recibirlas, pero podemos evitar su circulación simplemente no pasándoselas a nadie. Le haremos un favor a otros y también a nosotros mismos.
Finalmente, dos. No se intoxique con la televisión. Hace muchos años el gran Federico Fellini decía: “la TV es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”. Tenía razón.

* Director Licenciatura en Psicología
Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES)










Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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